miércoles, 14 de febrero de 2007

Otra vez la burra al trigo… (I)

Esta muy mexicana expresión empleada para denotar una actitud necia de alguien quién, aun advertido de su errónea conducta, sigue y sigue, como conejo de comercial de baterías, hoy me la autoaplico, pues vuelvo a insistir sobre un tema que aunque lo he tratado ya varias veces, no tiene manera de agotarse y es el que versa alrededor de los cuidados que debemos llevar cotidianamente los diabéticos.

Esta entrada, que de acuerdo con todo lo que quiero tratar de manera continua, por su extensión me llevará a fraccionarla en varias partes en las que escribiré sobre el qué, el por qué y para qué sirve el concepto de los cuidados en un diabético.

La inspiración para esta necedad parte de varias fuentes a quienes agradezco que de una manera u otra me hayan permitido conocer sus respectivas inquietudes sobre el tema, ya fuera alrededor de la comida, la dieta y su efecto emocional, el dolor de la muerte en un familiar cercano por no haber seguido una disciplina de cuidados adecuada, la prematura discapacidad por pérdida de función de órganos vitales o extremidades, derivados o por descuido o por ignorar las consecuencias de la vida en la diabetes sin llevar un control.

Agradezco especialmente a mi hija Daniela, quien aparte de ser asidua a este blog, me ha pedido tocar el tema de las dietas desde el punto de vista emocional y a ceci, también porrista constante quien me aporta ánimo para seguir adelante y me hace comentarios súper valiosos y quien en su ultima entrada me sugirió la necesidad casi urgente de retomar el tema de la importancia del cuidado con renovado brío. Vaya pues por ellas y aquellas otras personas que se asoman y aunque no dejen testimonio de su visita, agradezco su curiosidad.

Así pues comienzo haciendo una revisión de qué es y cómo nos enfermamos de diabetes mellitus (DM).

Lo que seguro ya sabemos la mayoría con respecto a la DM, es que como los helados, viene en diferentes tipos: la DM1 o diabetes mellitus tipo 1, conocida también como diabetes juvenil, o también llamada insulinodependiente, la DM2 o diabetes mellitus tipo 2 conocida también como diabetes adulta o no insulinodependiente, la diabetes Gestacional DMG que aparece durante el embarazo, desapareciendo generalmente posterior al parto y que como característica particular, produce bebés con tallas y peso por arriba de lo normal. Finalmente existe una condición llamada diabetes mellitus no específica y se produce por fármacos u otras condiciones relacionadas con disfunciones del sistema endocrino o tumores.

Las realmente más importantes desde el punto de vista epidemiológico por su tasa de crecimiento a nivel mundial, son las tres primeras, siendo la DMG una condición que puede desaparecer permanentemente o, como sucede en la mayoría de los casos, deriva finalmente en DM2, dejando el problema de salud muy enfocado en las dos primeras, la DM1 y la DM2.

Muchas veces me han preguntado que cuál de las dos es más grave y aunque siempre he respondido que si bien las complicaciones agudas suelen ser más graves en la DM1 que en la DM2, cuando se trata del largo plazo, las complicaciones crónicas vienen a ser prácticamente las mismas y el daño suele ser equiparable. Sin embargo hay diferencias sutiles –o no tan sutiles si uno es quien las padece-, entre una y otra que marcan diferencias en la calidad de vida de unos y otros.

Por ejemplo, si vemos la calidad de la vida diaria, una persona con DM1 tiene más libertad para comer que un DM2 pues si controla su insulina y contenido de glucosa sanguínea, podrá probar más cantidad y variedad que una persona con DM2. por otro lado, las personas con DM2 se pueden –más bien se deben, debemos-, hacer ejercicio por periodos más prolongados que quienes tienen DM1, con menores consecuencias del tipo hipoglucemia. En fin la lista tiene sus altas y bajas y mejor aquí le paro. Sin embargo, desde mi punto de vista como diabético tipo 2 (DM2), el tiempo de padecerla cuenta enormemente en la conciencia o inconciencia al momento de cuidarnos. No me cabe la menor duda que es mucho mayor la carga emocional en un niño o un joven quienes empiezan a vivir y saben que no han hecho nada para merecer su condición, que para un adulto formado, que vivió libre de restricciones y que si se cuida, puede retrasar la aparición de la DM o incluso, si no es muy longevo, evitarla; y si ya la padece, cuidarse.

Hasta aquí por hoy y ya mañana seguiré con esta disertación múltiple.

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