lunes, 19 de febrero de 2007

Otra vez la burra al trigo… (III)


Cuando se desequilibra el metabolismo de los lípidos y la glucosa, comienzan a generarse los daños que nos afectan por igual a los diabéticos de cualquier tipo. La pregunta obvia es ¿por qué?, la respuesta ya la conoce la medicina y aunque no es tan simple, la explicación tiene que ver con la forma en que interactúan, principalmente, la insulina, la glucosa y los lípidos a nivel celular.

Desde hace muchos años, casi 100, se sabe que es la insulina la responsable del paso de la glucosa del torrente sanguíneo al interior de la célula y que la falta de insulina o una resistencia a su efecto, producen elevación del contenido de la glucosa en la sangre –eso que llamamos diabetes mellitus. Sin embargo, a lo largo de los años se ha observado que las personas con diabetes presentamos simultáneamente una condición denominada dislipidemia y la insulina tiene que ver con este mecanismo también. Esta condición produce que los principales lípidos conocidos como LDL colesterol, HDL colesterol y los triglicéridos, se salen de los niveles saludables y comienzan a dar problemas en vez de hacer su trabajo. De esta forma tenemos una combinación de sustancias que son necesarias, útiles y benéficas en cualquier organismo, pero que al dejar de funcionar la insulina, su desequilibrio comienza a dañar a todo el organismo.
Así que esta doble condición conocida como hiperglucemia y dislipidemia, que caracterizan a la diabetes, producen una serie de efectos en cadena que, con el tiempo van desarrollando las complicaciones crónicas de la diabetes. El problema primero y casi principal que da origen a los demás, es el daño al sistema cardiovascular, tanto en los principales vasos sanguíneos (complicaciones macrovasculares), como en los más pequeños (complicaciones microvasculares) y lejanos en las extremidades, particularmente los pies.
Al acumularse en la sangre un exceso de glucosa, de colesterol malo (LDL colesterol), y los triglicéridos, al tiempo que disminuye dramáticamente el buen colesterol (HDL colesterol), a los vasos sanguíneos comienzan a pasarle dos cosas que los dañan. La glucosa comienza a depositarse en las paredes de los vasos sanguíneos y produce pérdida de elasticidad, entorpeciendo los movimientos de contracción expansión que facilitan el transporte de la sangre impulsadas por los latidos del corazón; simultáneamente, las grasas, el famoso efecto del colesterol, van tapando las vías sanguíneas, lo que produce varios efectos: Los vasos más pequeños de van taponando dejando sin oxígeno y sin alimento a los tejidos que alimentan, tejidos en todos los órganos, produciendo muerte celular. Por otro lado, produce en los vasos mayores reducción de flujo que provoca hipertensión, que combinado con el fenómeno de endurecimiento y taponamiento de los vasos sanguíneos (aterosclerosis es el nombre médico), van forzando al músculo cardiaco provocando distensión de los tejidos y fatiga acelerada, condición conocida como cardiomiopatía diabética.
Es en este punto en que podemos deducir, cual buenos detectives médicos, qué sigue y hasta dónde puede llegar toda esta combinación de factores que al salirse de carril, comienzan a dañarnos donde antes colaboraban para construir y mantener vida. Conforme dejan de ser operativos los ramales más delgados de los vasos sanguíneos, las células que pierden nutrientes comienzan a morir. En la mayoría de los casos, el daño progresa lentamente en tanto el organismo trata de reponer las células que se van perdiendo; pasa con casi todas las células, excepto con las neuronas, células exclusivas del sistema nervioso y que las tenemos por todo el cuerpo, formando tanto el sistema nervioso central como el sistema nervioso periférico, siendo este último el más vulnerable al daño por falta de nutrientes. Como comentario al margen, las neuronas son las únicas células del organismo que se alimentan exclusivamente de glucosa y oxígeno y, al faltarles ambos, mueren y es prácticamente imposible reemplazarlas; aquí es donde inicia la neuropatía diabética. Las neuronas están muriendo y definitivamente muertas y perdemos la sensibilidad o padecemos dolores muy difíciles de controlar.
Conforme los vasos capilares siguen cerrándose, el daño se va extendiendo paulatinamente. Aparece la retinopatía, la nefropatía y todas y cada una de las complicaciones crónicas de la diabetes. El panorama es aterrador y más cuando adquirimos conciencia de cómo es que se van dañando los sistemas y, que está en nuestras manos evitar o al menos retrasar los efectos de estas complicaciones.

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