
Los cuidados que, además de los indispensables medicamentos, nos mantendrán alejados por más tiempo de las complicaciones crónicas de la diabetes, son básicamente dos, que si bien no son los únicos, si los más importantes en cuanto al impacto general sobre nuestro estado de salud. Me refiero a una dieta sana, saludable, equilibrada y suficiente, en conjunto con un programa diario, continuo y adecuado de ejercicio diario. Si, una correcta alimentación –que no DIETA, que conste-, en conjunto con una actividad física aeróbica desarrollada al menos por veinte a treinta minutos continuos diariamente, son la mejor forma de obtener un organismo saludable –dentro del parámetro que significa tener diabetes y ser saludable, concepto que lejos de ser paradójico debe ser el que persista-, tanto para quienes padecen –padecemos-, DM1, DM2, DMG o cualquier otro tipo de diabetes.
Si traducimos los conceptos anteriores a las burradas que he venido escribiendo, vemos que el moderno equivalente de una vida de esfuerzo y privación para mantener una sana relación entre lo que se come y se consume, y que llevó al Australopithecus a transformarse en el guapísimo Homo Sapiens, se le llama hoy en día con los pomposos términos de “dieta” y “deporte”. Conceptos que, al desaparecer el estimulante natural proporcionado por un medio ambiente, si no hostil, al menos razonablemente adverso, nos han llevado a los modernos homo sapiens a desarrollar tales sustitutos, que han probado ser razonablemente efectivos.
Por eso, cuando se descubrió –accidentalmente, por cierto-, que había una relación entre la vida sedentaria y la sobreingesta de comida con una rápida aparición de complicaciones tanto agudas como crónicas en todo tipo de enfermos de diabetes mellitus (DM) y, que por el contrario, quienes llevaban una vida más activa y comían menos calorías retrasaban la aparición de complicaciones, especialmente en el caso de la DM2, es que se empezó a incorporar la recomendación de comer mejor y hacer ejercicio como parte de la terapéutica de la DM. La buena noticia, sí funciona y hoy en día es tan esencial hacer dieta y ejercicio, como una correcta medicación.
Después de una larga serie de burradas tirando al trigo, llegamos al punto en que habiendo entendido el por qué el sádico de mi médico y el equipo de salud que trabaja coludido (nutriólogas, educadores en diabetes, psicólogoas, etc), me pone a dieta y me pide –desconsideradamente-, que abandone el cómodo sofá frente a la TV para hacer ejercicio -que ni ganas, eh?-, hallo que el sacrificio que me parecía no solo enorme, sino irracional y exagerado, no es mas que un pequeño precio a pagar para mantenerme íntegro, bien cuidado y libre de complicaciones por un período mayor, además de saber que por un tiempo más largo no seré una carga para mi familia derivado de las penurias –sí, el término suena fuerte, pero la condición da y provoca pena-, de padecer complicaciones crónicas de la DM y el deterioro que ello implica.
Bueno, eso es cuando ya razoné qué es lo que me conviene desde el punto de vista de la salud y, ahora sí, siendo conciente, sé lo que realmente me conviene y cómo debo de vivir para mantenerme en las mejores condiciones y sin complicaciones, casi como final de cuento de hadas a punto de declarar: “… y vivieron felices para siempre.”. Sin embargo, la realidad es bien diferente. ¿Por qué a pesar de estar correcta y oportunamente informados de los riesgos y beneficios al decidir hacer o dejar de hacer tal o cual cosa, los diabéticos tenemos tantas dificultades para mantener nuestro plan de dieta y el régimen de ejercicio que tanto nos beneficia?, ¿por qué esa tendencia de alejarnos de ese concepto que los médicos denominan “apego al tratamiento terapéutico”?.
Pregunta al aire que trataré de contestar en próxima intervención.
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