miércoles, 7 de febrero de 2007

¿Cuestion de ganas?


El martes tuve consulta de nutrición. He tardado dos días dándole vuelta al resultado de la cita y aunque estoy plenamente seguro de lo que hago con mi plan de alimentación y que no me queda duda de cómo debo manejarla, lo que dije, me dijeron y lo que la báscula –esa malvada chismosa que no deja engañar a nadie-, reveló, causaron la polémica y el conflicto interior que traigo paseando a medio camino entre el lóbulo izquierdo y la corteza cerebral.

Por un lado, confieso que de manera inconsciente sigo comiendo por debajo de mi plan de alimentación. Por instrucciones de mi nutrióloga, estoy llevando una bitácora diaria de lo que como, a qué hora lo como y cuánto es lo que como y, entre las chismosas de la bitácora y la báscula, se empeñan en “balconearme”, mostrando con mucho detalle y precisión las reales desviaciones entre lo que “debo” y lo que estoy comiendo.

Lo que semejante par de chismosas descubren al mundanal conocimiento público, es que en vez de ingerir 2200 kilocalorías al día, mis números siguen bajos y que precariamente estoy comiendo 1800 kilocalorías. ¿Es eso bueno?, no, pues estoy por debajo de la meta. Entonces, concluyo, ¿ello es malo, por simple contraposición lógica? Buena pregunta, pues la respuesta es tampoco. Veamos, antes cuando la dieta era de 1800, estaba comiendo 1500 cuando mucho y estaba perdiendo peso. Ahora, por comparación se me asignó una dieta de 2200 y estoy consumiendo 1800, lo que implica que aunque sigo comiendo de menos, ya estoy alcanzando mi primera meta, que es cumplir las 1800. Es decir, aumenté 300 Kilocalorías y estoy a solo 400 kilocalorías de la meta. La realidad es que al momento de la ceremonia de pesaje, bajé 200 gramos entre el peso de la ultima vez con respecto al actual.

Así que aquí viene la controversia: la nutrióloga que me revisó me felicitó por el logro y me trató de motivar para que complete el espacio faltante hasta alcanzar –y mantener-, la meta calórica. sin embargo la jefe del departamento cuando llegó y se enteró del resultado, me regañó (hay de estilos a estilos), y me dijo algo así como “si quiere morirse, allá usted, siga sin comer lo que debe”. No le quito la razón, pues la tiene, pero me surge la duda, en el caso que el deseo sea la muerte, ¿no sería mucho mejor tomar la voz del poeta y recitar al aire “cuando tengas ganas de morirte no alborotes tanto: muérete y ya”?, cuánta razón tendría Sabines.

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