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martes, 31 de julio de 2012

Diabetes tipo 2 y el correcto autocontrol. ¿Es posible acaso? (Parte 3)



Continuando con el tema y con la intención de concluir esta breve serie –que no el tema que tiene mucho de donde cortar-, sigo adelante con esta entrada en la que quisiera ver otros aspectos relacionados con el correcto autocontrol.

Si resumimos las anteriores entradas que versan de manera principal sobre el documento denominado “Autocontrol de la glucemia en la diabetes de tipo 2 sin tratamiento con insulina”, observamos que se trata de una serie de recomendaciones a los profesionales de la salud sobre la forma de obtener datos confiables en base a parámetros estándar en cuanto a frecuencia y horarios en la toma de muestra en un esquema denominado ACG. Esto tiene la doble ventaja que le da al cuerpo médico una medida estandarizada como base para medir la efectividad del tratamiento prescrito, como al paciente una rutina de auto monitoreo que le otorga un marco de referencia y disciplina que le puede aportar a llevar un mejor estilo de vida con mayor apego a las medidas prescritas. 

 Pero además de uno picarse los dedos con mucha dedicación y constancia para obtener ritualmente el valor que el cuerpo médico solicita y, aceptémoslo, nos va dando la precisión del dato para vivir tranquilos o en angustia, según sea el caso, hay mucho más en el menú que el tomarse medición de la glucosa o ir al médico o a los análisis periódicos en laboratorio. En este menú cabe ese listado de acciones, cuidados, conciencia y bien hacer que nos ayuda a “ir tirando” a falta de un metabolismo saludable. 

Si lo dividimos en áreas para poder ir desmenuzándolo, aunque sepamos que al final se trata de acciones que van, como en la sopa de pollo, que aunque hagamos la lista de ingredientes, nunca tendremos una buena sopa de pollo si los ingredientes no van mezclados en la proporción y sazón adecuados. 

Así pues, comenzamos, precisamente, con la alimentación. Este tema ya me ha obligado a escribir un montón de veces con diferentes enfoques y siempre, siempre, habrá algo nuevo que agregar. Por ejemplo, el concepto de dieta y para mejorarle, el de dieta de diabético. Interesante, ¿no? Pero sencillamente complicado o para aclararlo más, complicadamente sencillo. Primero que nada y pregonando nuevamente el concepto, dieta tiene hoy en día el concepto más equivocado posible puesto que se ha convertido –erróneamente- en sinónimo de privación, hambre y alimentarse de cosas que no tienen sabor o, peor aún, saben a rayos. Por extensión, dieta de diabético es lo mismo, pero peor puesto que se cree que a un diabético se le debe prohibir que coma cualquier cosa que tenga más sustancia que una hoja de lechuga y sin sal ya que sufrimos de la presión. 

 Nada más equivocado que esos pensamientos. Una dieta es simple y sencillamente lo que en un día come una persona, cualquier persona, sin estar limitado el concepto ni a la calidad ni la cantidad. Es decir, si soy atleta de alto rendimiento y como una dieta abundante en proteínas y carbohidratos, esa es mi dieta; si soy diabético y como una dieta balanceada con restricciones en cantidad y contenido energético de lo que entra en mi plato, esa es mi dieta. Es decir, la dieta se define a partir de lo que como en el día a día y no al revés. Por eso, a veces es un poco difícil aceptar el concepto y hay quien para quitarse de encima el peso de la palabreja, le llaman plan de alimentación. Como quiera que se llame, lo importante es que mi dieta sea sana, suficiente, atractiva y sabrosa. Si cuento con la asesoría de personas expertas en nutrición, me orientarán sobre qué es recomendable y qué no para mi dieta. 

Por otro lado, se ha demostrado en evidencias arqueo antropológicas que los humanos requerimos de hacer mucho ejercicio para evitar que el llamado “gen ahorrador” nos lleve a ganar peso acumulando grasa y por sedentarismo adquirir o empeorar la condición de diabéticos. Por ello, moverse en grado de ejercicio aporta también una enorme contribución a nuestro bienestar. El sueño es otro factor que aunque poco considerado, comienza a demostrar su importancia en los desórdenes de tipo metabólico, la diabetes como el más importante y el dormir bien o mal está siendo cada vez más observado ya que en una serie de estudios de campo se ha encontrado que la falta de sueño, el insomnio o el realizar trabajos nocturnos eleva el contenido de glucosa en sangre, además de que favorece la aparición de obesidad o su incremento si ya estaba presente cuando la condición de falta de sueño se presenta. Entonces, dormir bien se convierte en parte de la receta para un auto cuidado exitoso. 

Medicamentos es el siguiente ingrediente a considerar. Ya fuimos al médico, nos dieron nuestro plan de autocontrol de la glucemia (ACG), nuestro plan de alimentación (dieta, para los que no temen pronunciar su nombre), nos recomendaron una rutina de ejercicio y nos recetaron algún medicamento o combinación a tomar en períodos específicos del día. Lo que sigue, es apegarse con mucha precisión a todo el tratamiento y seguir al pie de la letra la receta recibida. 

Para el día de hoy, solo me queda un ingrediente para añadir a la receta. Aprendizaje y mucho, el más que se pueda. Entre más sepamos de nuestra enfermedad, menos trabajo nos costará cuidarnos y será más fácil apegarnos a nuestro tratamiento integral. Recordemos que el conocimiento es poder y en el caso de la diabetes, me da el poder sobre el control de la enfermedad de acuerdo con una consulta informada, donde me queda claro que es lo correcto por hacer, me permite eliminar mitos infundados y quizás lo más importante, mantenerme alejado de los charlatanes, los remedios cuestionables y los peores de todos, los productos milagro. Así pues sin dar un curso de cocina, ya tenemos nuestra “sopa de pollo” para el auto cuidado de la diabetes. Ahora lo que queda es incorporarla diario a nuestro estilo de vida.

En fin, he llegado al final de esta serie, que no del tema y como siempre, quedo abierto a comentarios, opiniones y cualquier información que ayude a arrojar buena luz sobre el tema.

jueves, 19 de julio de 2012

Diabetes tipo 2 y el correcto autocontrol. ¿Es posible acaso? (Parte 2)



Siguiendo con la idea del Autocontrol de la Glucemia (ACG), me encuentro que el criterio que se busca establecer es precisamente que los pacientes con diabetes tipo 2 (DM2) no insulinodependientes (NID) podamos contar con un parámetro confiable de reporte al equipo médico que nos esté tratando, para que se pueda establecer un valor objetivo de cómo se comporta nuestro organismo de manera cotidiana y si hay alguna fluctuación importante a lo largo del día, la semana o el mes. De igual manera podemos ir generando un reporte numérico que pueda arrojar luz sobre si existen ciclos de variación de los niveles de glucosa o cómo vamos reaccionando al tratamiento prescrito para controlar la glucosa.

A veces los DM2 nos volvemos reacios o flojos o poco disciplinados para realizar el ritual del vampírico piquete tan necesario para medirnos la glucosa en sangre. El argumento más escuchado es el de ¿y para qué lo hago tan seguido si no uso insulina? O aquel de ¿y qué caso tiene picarme si cuando tengo el azúcar alta no puedo hacer nada para bajarla rápido? Esta última recientemente escuchada en un grupo de apoyo para diabéticos. O también la muy socorrida ¿si ya me sacan la Hemoglobina Glucosilada, para que me pico doble? En fin, ingenio y argumentos sobran, lo que realmente falta es tomar al toro por los cuernos y medirse de manera constante, disciplinada y efectiva los niveles de glucosa en sangre. La segunda parte de este sacrificado esfuerzo consiste en llevar un registro sin fallar y la última fase es cargar con nuestro registro y mostrárselo a nuestro equipo de especialistas médicos para que puedan darle el mejor uso posible a nuestro favor.

El punto más importante que no hay que perder de vista es que como DM2 NID tenemos que conocer nuestros niveles cotidianos de glucemias. Conocerlos de manera externa, es decir, con apoyo de un glucómetro pues sabemos que ya no podemos manejar glucemias normales en automático y sabemos de cierto y sin espacio para adivinanzas, que hay una curva pronunciada que se eleva entre la hora y media y dos horas después de los alimentos y decae paulatinamente –y en algunos casos súbitamente-, antes de los alimentos. Sabemos también que los ayunos prolongados no nos son benéficos y que lo ideal, dependiendo de cada caso, es que no dejemos pasar más de tres a cuatro horas sin tomar algún alimento o una colación que nos ayude a evitar que la “curva” de la glucosa fluctúe de manera brusca.

Bueno, como ya vimos, si además de los cuidados con los tiempos entre alimentos, la elección de un plan de alimentación sano, equilibrado, completo, variado y que nos deje satisfechos, adicionamos el ACG, podremos estar seguros de que nuestro control será razonablemente adecuado y, casualmente, ese éxito se verá reflejado en los resultados de las glucemias medidas.

Pero ya que hablamos de medir las glucemias y regresando un poco al documento “Autocontrol de la glucemia en la diabetes de tipo 2 sin tratamiento con insulina” que analizaba en la entrada anterior, encuentro que ahí se le sugiere a la comunidad médica una serie de “tomas de muestra” con diferentes esquemas y que tienen como objetivo ir dando parámetros de información de cómo reaccionamos a los tratamientos y como nos comportamos los azucarados pacientes.  

Antes de entrar en materia de los diferentes esquemas sugeridos, junto con una breve explicación de la información que los resultados aportarían a nuestro médicos, quiero hacer la distinción entre este monitoreo con glucómetro y los análisis periódicos a los que nos tenemos que someter. Primero que nada, siempre los análisis realizados en un laboratorio clínico serán de mayor exactitud que los hechos en casa con un aparato portátil, además de que para el caso de la Diabetes, se mide también la Hemoglobina Glucosilada (la famosa HbA1c) la que nos cuenta la historia del contenido de glucosa -en promedio- en un lapso de tres meses. Por otro lado, aunque menos precisa que la medida de laboratorio, la que hacemos con lanceta y glucómetro es una “instantánea” y la colección de instantáneas funciona para armar una película cuando ponemos los resultados en secuencia, entre más larga la secuencia, mejor. ¿La ventaja a pesar de su menor precisión? Mayor número de datos en el tiempo y la precisión del glucómetro es constante, por lo que las lecturas son confiables en el largo plazo.

Para dar mayor claridad al esquema de pruebas que se recomiendan, lo primero es exponer los valores de referencia que debemos alcanzar para considerarnos en control. Valores fuera de la siguiente tabla pudieran indicar un descontrol de la DM2 y requieren la interpretación de un especialista médico.



                                                           IDF (FID) AACE (AAEC) ADA (AAD)
HbA1c (%)                                                <6.5                <=6.5                 <7.0
Glucosa en ayunas (prepandrial) 
[mmol/L; mg/dL]                                       <6.0;<110       <6.0;<110         3.9-7.2; 70-130
Glucosa 2 horas después de las comidas
[mmol/L; mg/dL]                                        <7.8; <140 <7.8; <140 <10; <180*



*La ADA (AAD) recomienda que la medición de glucosa prepandrial se efectúe 1-2 horas después de iniciar la comida.
Abreviaturas: IDF (FID) Federación Internacional de Diabetes
AACE (AAEC) Asociación Americana de Endocrinólogos Clínicos
ADA (AAD) Asociación Americana de Diabetes.

Ya teniendo los parámetros de referencia, las preguntas son ¿cada cuándo me pico los dedos?, ¿a qué hora los hago? ¿Siempre es igual? Bueno, las respuestas, a continuación:

 Primero que nada, hay que ver que nuestro equipo médico conozca este documento, lo hayan estudiado y lo consideren adecuado para un correcto control. Luego, lo más seguro es que se nos pida seguir uno o varios de los esquemas siguientes:

Los llamados protocolos “focalizados o intensivos” que pretenden detectar patrones de glucosa en diferentes momentos del día y pueden ir desde 5 hasta siete tomas de muestra por día y realizarse por un período acotado de hasta tres días seguidos o bien, realizar un muestreo escalonado en los momentos pre y post padréales. Estos estudios -se le sugiere al médico-, se le solicitan al paciente cuando inicia su tratamiento de control o cuando el paciente comienza a desviar sus resultados de control contra un objetivo de máximos y mínimos proyectados.

Los otros protocolos, denominados de baja intensidad, se recomiendan para dar un seguimiento constante a los niveles cuando ya se ha establecido una educación del ACG y se tiende hacia los valores normales. Ayuda a identificar la hipoglucemia postpandreal y orienta los ajustes terapéuticos. Los esquemas de monitoreo incluyen las opciones de monitoreo tres veces al día, realizado dos veces por semana, uno a la mitad y el otro el fin de semana. Se hace en ayunas y antes y después de una comida importante –usualmente la cena-, durante algunas semanas. Este monitoreo se sugiere combinarlo con un esquema de muestreo antes y después de la comida principal y después de algunas semanas, cambiar la alimentación y el ejercicio para optimizar el resultado. Finalmente, repetir el proceso de control en otra comida principal.

Esto del control es parecido a cuando vamos manejando en carretera,  aunque no podemos sentir la velocidad sino solo la sensación de que nos movemos, el velocímetro nos indica si vamos en la correcta aceleración o qué tanto nos desviamos del límite permitido; así nos funciona la rutina del ACG. No importa si me marca que estoy en rangos normales todo el tiempo, necesito tener ese dato validado y es la mejor forma de comprobar objetivamente que estoy haciendo lo correcto. Recordemos que ni las hiperglucemias ni las hipoglucemias –particularmente las primeras-, nos dan aviso a menos que ocurran en grado severo. No juguemos a la ruleta rusa con nuestra salud.

domingo, 15 de julio de 2012

Diabetes tipo 2 y el correcto autocontrol. ¿Es posible acaso? (Parte 1)


Después de dejar pasar un buen rato desde la pasada entrada, retomo la escritura en este sitio con un tema que he tocado de manera parcial en varias de las entradas anteriores y  que hace tiempo tengo la inquietud de tratarlo como tema central. Se trata del relacionado con el autocontrol en la diabetes. En esta ocasión me apoyo en un muy interesante documento que me encontré curioseando en el sitio web de la Federación Mexicana de Diabetes, quienes cuentan con excelente material de consulta y por supuesto comparto algunos puntos que considero especialmente relevantes. 

El documento en cuestión se titula “Autocontrol de la glucemia en la diabetes de tipo 2 sin tratamiento con insulina” basado en un documento de la Federación Internacional de Diabetes (IDF) Así pues que aunque en algunos puntos hay que adoptar un tono un tanto técnico, entremos en materia.

Lo primero que tenemos que traer a la conciencia activa es el por qué de un autocontrol en la diabetes. La respuesta aunque sencilla desde el punto de vista médico y fisiológico, en el aspecto emocional cae como un balde de agua helada y nos abre la puerta del desánimo. Autocontrol puesto que ya nuestro organismo no regula sus funciones metabólicas de forma automática, nuestro páncreas ya no produce suficiente insulina y lo más seguro es que la que hay disponible es de calidad deficiente. Las células por tanto, ya no pueden recibir la tan necesaria aportación de glucosa requerida para realizar el ciclo metabólico y, para colmo, el mecanismo de transformación de lípidos (grasas) se ve sumamente alterado también ya que se disparan las cifras de triglicéridos, del malvado colesterol malo (LDL-Colesterol) y se inhibe la producción del angelical colesterol bueno (HDL-Colesterol). Así, nuestra sangre y tejidos se ven invadidos de glucosa que no se puede metabolizar y malvadas grasas que se depositan en células que nos ponen gordos (adipocitos) y en las paredes de los vasos sanguíneos. En resumen, nuestro cuerpo ya no trabaja en automático y en adelante es nuestra tarea hacer ese control por nuestra cuenta (autocontrol) o aceptar la alternativa, el descontrol que implica complicaciones graves.

Pero, ya que es tan importante el autocontrol, lo menos que podemos hacer es estar conscientes de por qué es tan importante ya que implica que una vez que tengo diabetes y en adelante, no puedo dejar de hacerlo ni un solo día. Eso realmente pesa en el ánimo, pero hay que respirar hondo, asimilarlo y aplicarnos a realizarlo. La pregunta es, ¿cuál es la mejor manera de llevar un autocontrol? Y la pregunta surge pues, aun dentro de la comunidad médica existen diferencias de criterios de lo que debe hacer un paciente con diabetes tipo 2 para llevar un autocontrol. No solo eso, los mismos pacientes no tenemos mucha idea de cómo sacarle provecho a la información que nos va dando de manera cotidiana dicho autocontrol. 

La idea central del documento que en esta ocasión comento es ir formando una base de criterio sobre el autocontrol que si bien es necesario que se desarrolle una estrategia individual a cada paciente, debe existir un criterio generalizado sobre la cantidad y calidad del autocontrol y del uso de la información obtenida por el paciente en cada monitoreo, como base para el tratamiento continuo y los mejores resultados de largo plazo.

De acuerdo a lo leído, en el seminario (2008) del que deriva el documento estudiado, hubo tres objetivos que fueron:

Revisar los hallazgos de estudios donde se describe la influencia clínica y metabólica, así como las implicaciones económicas del autocontrol de la glucosa.

Identificar estudios que definan mejor la función del autocontrol de la glucosa para personas con diabetes tipo 2 sin tratamiento con insulina y diseñar estudios adicionales para tener mejor información.

Proponer recomendaciones para el uso del Autocontrol de la glucosa para personas con Diabetes tipo 2 sin tratamiento con insulina.

Así pues, el documento hace una serie de recomendaciones, que en resumen serían: “Los hallazgos de los estudios del ACG (Autocontrol de la Glucosa) utilizado en la DMT2 (Diabetes Mellitus Tipo 2), sin tratamiento con insulina han sido incoherentes debido a las diferencias en los diseños de estudio, la población y las intervenciones empleadas”, es decir es difícil establecer una base coherente y confiable sobre la utilidad generalizada del ACG. 

Continúa el texto “Sin embargo, los datos disponibles [de los ensayos] indican que el ACG puede ser una herramienta de autotratamiento eficaz, solo si el personal sanitario o las personas con diabetes examinan los resultados y actúan en consecuencia, a fin de modificar activamente la conducta o ajustar el tratamiento.

Si bien es necesario realizar más estudios para conseguir una mejor evaluación de los beneficios, del uso óptimo y de la rentabilidad del ACG, se han propuesto las siguientes recomendaciones para guiar a las personas con diabetes sin tratamiento con insulina y al personal sanitario en el uso del ACG.

Hay en el reporte del seminario un grupo de seis recomendaciones sobre el tema del ACG, todas ellas realizadas en un tono que va del grupo de expertos médicos, hacia los médicos tratantes que lean el documento y norman la idea de cómo ir canalizando al paciente hacia una conciencia de la importancia del ACG así como el uso de esta herramienta como el inicio y estímulo para que los pacientes nos vayamos educando de forma continua con respecto a nuestra diabetes. La lista de las seis recomendaciones es la siguiente:

1. El ACG solo debe emplearse cuando las personas con diabetes (o sus cuidadores) o el personal sanitario posean el conocimiento, las habilidades y la predisposición para incorporar el control del ACG y el ajuste del tratamiento en su plan de cuidados de la diabetes con el fin de alcanzar los objetivos del tratamiento acordados.

2. El ACG debe considerarse en el momento del diagnóstico para mejorar el conocimiento de la diabetes como parte de la educación de los pacientes y, así, facilitar de manera oportuna el inicio del tratamiento y la optimización del ajuste.

3. El ACG debe considerarse como parte de la educación continua sobre el autotratamiento de la diabetes para ayudar a las personas con diabetes a conocer mejor su enfermedad y proporcionar los medios para que participen de forma activa y eficaz en su control y tratamiento, a través de la modificación de las intervenciones conductuales y farmacológicas, según sea necesario, y con la aprobación del personal sanitario.

4. Los protocolos del ACG (intensidad y frecuencia) deben individualizarse para tratar los requisitos educativos/conductuales/clínicos específicos de cada paciente (a fin de identificar/prevenir/tratar la hiperglucemia y la hipoglucemia agudas) y los requisitos del personal sanitario para obtener datos sobre los patrones glucémicos y para controlar el efecto de la toma de decisiones terapéuticas.

5. Los objetivos de realizar un ACG y utilizar datos del ACG debe acordarse entre la persona con diabetes y el personal sanitario. Estos objetivos acordados y la revisión real de los datos del ACG deben documentarse.

6. El uso del ACG requiere un procedimiento sencillo para que el paciente controle periódicamente el rendimiento y la exactitud de su medidor de glucosa.

Cada una de las recomendaciones anteriores es por demás interesante y requieren, digo yo, de un comentario un poco más detallado, lo que ocurrirá en al menos una futura entrada en serie con la presente. Por lo pronto seguiré investigando al respecto y espero, como siempre, comentarios, experiencias y sugerencias.


miércoles, 13 de junio de 2012

Diabetes Tipo 2 en niños y adolescentes.



Al estar repasando mis notas para decidir el tema que habría de tratar en este día, le pedí consejo a la hermosa mujer que comparte su vida con la mía y le proporciona esa mágica vivencia que produce su sola presencia y, entre otras muchas cualidades, la tan necesaria dosis de sensatez y amorosa crítica –que no censura-, que como límpida bocanada de aire fresco tanta falta me hace para sobrevivir. Ella me sugirió que ya que esta cerca, muy cerca el periodo vacacional en las escuelas, hablara de los problemas de la obesidad infantil, dado que los niños se encuentran en un ambiente más cercano a la familia y con posibilidad de realizar nuevas actividades o intentar cambios en el estilo de vida.

Lo medité durante un buen rato y llegue a la conclusión de que el mejor enfoque sería uno radical que hablara no solamente del riesgo en que se encuentra la infancia y juventud temprana ante la prevalencia de la obesidad, sino ir directamente al punto de no retorno, cuando el no deseado diagnóstico de Diabetes tipo 2 (DM2), entra a la vida diaria habiéndose colado casi imperceptiblemente por la puerta trasera de las calorías en exceso y la vida sedentaria.

Quiero aclarar para una relativa tranquilidad de los adultos –padres o tutores de niños o adolescentes obesos- que no todos los casos de obesidad desencadenan en diabetes tipo 2, al igual que pasa en adultos, pero que en ciertos estratos de población es más frecuente encontrar causas de tipo genético que los hacen altamente susceptibles a desarrollarla. Dije relativa tranquilidad pues aunque no desarrollen diabetes los niños y adolescentes obesos, esa obesidad por sí sola es un riesgo a la salud. 

Pero regresando al tema de las edades prematuras de desarrollo de diabetes -en esta ocasión omitiré los casos de diabetes tipo 1 y las denominadas atípicas que afectan a niños y gente joven- la característica que más frecuentemente define esta condición en niños y adolescentes es la obesidad. Sin embargo al momento de pasar por el tamiz del criterio científico el origen de tan marcado incremento en casos de obesidad infantil por un lado y el igualmente alarmante incremento de casos de diabetes tipo 2 en dicha población, lo primero que hay que hacer es determinar la o las causas de tal fenómeno y a partir de ahí, tomar medidas correctivas y preventivas. Correctivas para poner en control y dar un tratamiento adecuado a este estrato poblacional, procurando darles una mejor expectativa de vida que las catastróficas consecuencias de una diabetes no atendida adecuadamente y, la parte preventiva para tratar de evitar o al menos disminuir de forma sustancial el número de nuevos casos diagnosticados cada año.

La diabetes sabemos, es el resultado de un desorden metabólico que tiene que ver con una forma inadecuada o insuficiente de metabolizar la glucosa y los lípidos (grasas como el colesterol y los triglicéridos), en el organismo y, consecuentemente, con una serie de complicaciones crónicas que van apareciendo en el tiempo derivadas de tales desequilibrios. Como dije en el párrafo anterior, arriba del 98% de los casos de DM2 infantil y juvenil tienen como factor común un cuadro de obesidad que puede ir desde leve hasta la denominada obesidad mórbida. Es difícil establecer un criterio Universal del tipo de obesidad dado que en las edades en que se presenta esta nueva clase de DM2 y si bien es fácil hacer una apreciación subjetiva del sobrepeso u obesidad en su caso, dar un parámetro numérico es más complicado, dependiendo de la edad y grado de desarrollo de los infantes.

Mientras investigaba sobre el tema, encontré unas diapositivas muy interesantes de la presentación de un curso sobre el tema de obesidad infantil y su relación con la prevalencia de la DM2, realizadas por la Dra. Ma. Isabel Hodgson B., la cual se puede consultar completa en la liga: http://www.nutritotal.com.br/icnso/aulas/?acao=bu&categoria=58 

Lo interesante de este estudio realizado en Chile, es que al hablar de las causas de la obesidad infantil identifica con claridad los siguientes factores:

Desbalance entre la ingesta y el gasto calórico, es decir, se come más, mucho más de lo que el organismo requiere para la actividad diaria.

El cambio de hábitos alimentarios, aparte de comer en exceso, se privilegia el consumo de golosinas y productos de alta densidad energética (comida chatarra), se consumen como líquido prioritario jugos y bebidas azucaradas, se disminuye o de plano se elimina el consumo de frutas y verduras.

El sedentarismo, expresado en horas de ver la TV, frente a un computador (ordenador) o consolas de videojuegos además de la falta de tiempo dedicado a la práctica deportiva.

Factores genéticos, que ayudan a que las causas anteriores tengan mucho mayor impacto en determinados grupos genéticos. 

Sin embargo, en las notas de la presentación afirma que en su parecer, el consumo de fast-food y los hábitos de ingestión diaria de alimentos son los responsables por la obesidad de los niños.

Habiendo llegado a este punto donde la combinación obesidad y DM2 ya están presentes en alguien menor a los 20 años de edad, la pregunta central de esta entrada es, ¿qué futuro tienen? Hacer un pronóstico con la información científica disponible a estas alturas del siglo XXI no es tan complicado y es mucho más probable que el futuro predicho sea mucho más parecido a la realidad que una de las profecías de Nostradamus, epítome de la charlatanería aplicada. Para empezar, como el viejo chiste, hay dos posibilidades; que el niño con DM2 capte la seriedad de su enfermedad y poniéndose las pilas haga el esfuerzo para ponerse en control o bien, que no haya esa posibilidad y termine muriendo en condiciones de deterioro grave a una edad mucho más temprana que sus padres. 

En este espacio he ponderado muchísimo el concepto de que la responsabilidad de la propia salud es de quienes tenemos diabetes mellitus, sin importar si es del tipo 1, 2 o cualquiera otro y tampoco sin importar la edad de la persona. Sin embargo hay varios factores que me surgen cuando medito en el tema y es que hablando de diabetes en niños y adolescentes, en el pasado casi el 100% de los casos eran DM1 que obliga a la administración de insulina y a un muy estrecho monitoreo del nivel de glucosa en la sangre y como la propia vida depende de ello y en caso de no haber control este se hace evidente por la pérdida acelerada de peso, obliga a la familia y a los propios "padecientes" a tomar cartas en el asunto y resolver a marchas forzadas los obligados cambios en el estilo de vida que impone la enfermedad, so pena de morir prematuramente en un coma (cetoacedosis) por hiperglucemia.

Sin embargo, cuando la obesidad infantil está presente, normalmente existen otros factores adicionales a los arriba anotados como causas de dicho sobrepeso y tienen que ver con conductas de familia, formas de educar (el comer bien también es parte del proceso educativo) y de percibir la comida. Hace algún tiempo escribí una serie de entradas también versando sobre este tema y comentaba que es difícil aunque no imposible, encontrar niños obesos en ambientes familiares donde hay buenas prácticas de alimentación sana, estímulo al deporte y otras actividades lúdicas además de una supervisión sobre lo que los niños y adolescentes encuentran disponible para la comida cotidiana.

Por ello el panorama se complica, pues si hay obesidad, generalmente esta es familiar y si como sucede en el caso de DM2 en adultos, la familia raras veces está dispuesta a verse en el espejo del diabético y cambiar los hábitos de comida y ejercicio por un esquema más sano, la profecía más probable es que adicional al estigma de la obesidad adicionada con DM2 exista una clara reticencia a desarrollar un cambio radical del estilo de vida que en primer lugar los hizo llegar a un cuadro de obesidad y de ahí a la marca de la DM2. Lo digo porque al haber transcurrido una infancia donde no se aprendió el control del apetito, la disciplina y el ejercicio del buen juicio de elección del alimento correcto; donde además no se ha madurado lo suficiente como para percibir el peligro potencial de las complicaciones de la diabetes, que no conocen de edad sino de que tan buen o mal control se tenga; donde la hiperglucemia no da síntomas, condición que incluso a los adultos nos genera problemas por no sentir la “necesidad” de estar en control puesto que no duele, el futuro puede ser muy doloroso y desesperanzador.

Sé que a muchos padres de familia nos sucede el fenómeno de la ceguera selectiva, que sabemos o intuimos que nuestros retoños tienen un problema, en este caso el sobrepeso o de plano una marcada obesidad, pero no “encontramos” la forma de resolver el problema, de detener la tendencia y nos angustiamos enormemente, pero somos incapaces de encontrarle por nosotros mismos un remedio al problema y, peor aún, de implementarlo por temor a los pleitos y sombrerazos que tendríamos que enfrentar y es mucho más cómodo, voltear un lado y dejar ser, dejar pasar. 

La pregunta en este caso es, ¿a qué precio?.





domingo, 27 de mayo de 2012

Diabetes ¿Qué nos depara el futuro?




Casi a la mitad del doceavo año del siglo XXI, nos encontramos que a nivel mundial existen dos fenómenos directamente relacionados con la diabetes y que se están dando casi al mismo tiempo y aunque no en una relación directamente lineal sino como una reacción a múltiples causas relacionadas.

Esta premisa que así en frio parece confusa, pretende resumir la situación actual con respecto al alarmante incremento de casos de diabetes en todo el mundo. Dado que las causas de los diferentes tipos de diabetes -hoy sabemos-, no son exactamente las mismas y que habiendo inferido que en individuos genéticamente susceptibles se estaban elevando los casos de diabetes tipo 2, derivado de una alimentación rica en grasa saturada y carbohidratos de rápida absorción, en conjunto con un estilo de vida sedentario, pronto el número de casos de diabetes 2 abarcarían la casi totalidad del Universo diabético.

Sin embargo al estudiar de forma sistemática este elevado incremento de casos en lo general, se esperaba que la tradicional proporción de casos de diabetes se modificara de la ya de por si elevada desproporción de 90% de casos del tipo 2 por 10% del tipo 1 a la ya mencionada cifra de “casi todos los diabéticos nuevos son del tipo 2”, la sorpresa fue que la proporción se mantiene, lo que implica que existe una tasa similar de crecimiento en casos del tipo 1 que no se explica con la hipótesis anterior. Además, los casos de DG (Diabetes Gestacional) que como en su mayoría derivan en diabetes tipo2 no alteran la anterior estadística, y adicionalmente se empieza a hablar cada vez mas de nuevas variedades antes inexistentes o por lo menos, desconocidas, como son la diabetes tipo 2 en niños y jóvenes y la recién bautizada LADA (Diabetes Autoinmune Latente del Adulto) por sus siglas en inglés.

Ahora bien, hablaba en el primer párrafo de dos fenómenos paralelos y simultáneos que si bien están íntimamente relacionados, son independientes el uno del otro. El primero es el arriba mencionado del enorme y descontrolado incremento de todos los tipos de diabetes, adicional a la incorporación de variedades nunca antes definidas.

El otro fenómeno paralelo es el que abarca la velocidad con que se está incrementando la cantidad y calidad de investigación médica alrededor de la diabetes, donde casi a diario podemos encontrar publicaciones realizadas en medios especializados de medicina, biotecnología, bioingeniería, bioquímica y un largo etcétera de disciplinas modernas –tecnología de punta es el término de común acuerdo-, que tienen que ver con la salud de los pacientes con diabetes, desde temas como la prevención, tratamientos preventivos, tratamientos a complicaciones crónicas, cuidados paliativos e incluso, manejo psicológico del duelo.

La pregunta que surge aquí es ¿cómo es posible que en el moderno mundo globalizado donde la información fluye a la velocidad de un tweet o más rápido si es posible, haya este divorcio entre los prometedores avances de la medicina en cuanto a mejores terapias y manejo de pacientes con diabetes y la desalentadora tendencia hacia la obesidad, sobrealimentación, sedentarismo y el desarrollo del fenómeno bautizado como “Síndrome Metabólico” asentado como el más claro antecedente de un cuadro de salud que compromete la supervivencia al combinar al menos dos de los siguientes: Diabetes o intolerancia a la glucosa, Hipertensión Arterial (>140/90), Dislipidemia (descontrol en las grasas corporales), Obesidad Central y/o Indice de Masa Corporal (IMC>30 Kg/m2) y Microalbuminuria.

Pero ¿A dónde pretendo llegar con este escalofriante recuento? A la descorazonadora conclusión de que los asuntos de vital importancia se mueven en este planeta de una forma exasperantemente lentas y que en ocasiones el deseo de cambio es tan impaciente que nos hace soñar en soluciones mágicas, en milagros que puedan materializarse para que el efecto devastador de la diabetes pueda verse ampliamente disminuido, que no eliminado ya que sabemos que los milagros toman mucho más tiempo y esfuerzo.

Hace algunas entradas publicaba en este espacio que la diabetes es tan grave, que la estadística mundial nos da el espeluznante promedio de que cada ocho minutos muere un diabético en alguna parte del mundo. No haré en esta ocasión la macabra aritmética, pero sí, es correcto, son más de tres millones al año. Por esta cifra en parte, ya que en el 2007 la tasa de mortandad era uno cada 12 minutos y al parecer el plazo entre muertes se va acortando de forma acelerada, es que nuevamente hago un llamado a poner atención tanto a la parte de una acción decidida y cotidiana al cuidado personal en cuanto a hábitos de vida, como a la prevención cuando vemos claramente que nuestro estilo de vida nos conduce por el carril de alta velocidad hacia un dulce futuro que se ve impulsado por antecedentes genético-familiares que nos pondrán –lo sabemos íntimamente- en el peor escenario posible, el de ser diagnosticados con diabetes, sin duda y sin retorno, sitio nada envidiable desde el cual decanto estas líneas que hoy comparto. Así que la pregunta hoy es, además de la conciencia del saber lo que el presente ya nos otorgó (muy a pesar nuestro) o que el futuro nos obsequiará ¿qué estoy haciendo activa y conscientemente para que mi salud sea en el futuro la mejor que le pueda exigir a esta vida?.

Reflexión harto dura y difícil de realizar, pero invito a cuanto despistado lector quiera compartirnos su punto de vista al respecto, lo haga en la sección de comentarios. Hasta pronto y seguiremos hilando sobre este y otros melosos temas.  





miércoles, 7 de marzo de 2012

¿Qué comer cuando hay diabetes?


No creo que exista sobre la faz de la tierra una  sola persona que, teniendo diabetes, nunca se haya hecho esta pregunta. Es quizás una de las incógnitas más comunes de las que a diario confrontamos quienes por padecimiento endocrino nos denominamos diabéticos. No importa si nuestra diabetes es del tipo 1, 2, gestacional o por origen diverso, el qué comer y cuánto comer se convierte en la gran incógnita que debemos resolver para mantenernos dentro de lo que se puede definir como “una alimentación adecuada” En este espacio he escrito ya mucho sobre la forma correcta de alimentación para quien padece diabetes y, dado que los criterios de cuál es la mejor forma van cambiando constantemente, pero con convergencia hacia un criterio global que resuelva la mayoría de los casos. Este sistema se basa en tres conceptos que se van agrupando en un concepto de “lo correcto” y son, el índice glucémico de los alimentos, el ahora denominado “plato del buen comer” y el tamaño de ración equivalente.

En esta ocasión y para hacer la entrada breve pero no poco entretenida, quiero compartir un hallazgo que hice al explorar la página de la IDF (International Diabetes Federation), y que es una liga interactiva que presenta un par de ruedas móviles tanto del índice glucémico, como del plato del buen comer. El enorme valor que le doy a esta información es que de un vistazo nos permite ver los que es bueno poner en el plato y además, nos da el dato de cuánto impacta en nuestra glucosa (índice glucémico), lo que nos sirve como una muy buena herramienta en el momento de planear la alimentación sana y correcta y ayuda a hacer la tarea del balance con menos esfuerzo.

Dejo la liga para que la sigan y espero que les sea tan útil y divertida como lo está siendo para mí. Una nota final: está en inglés, español y francés y, abarca alimentos fáciles de identificar y casi todos ellos disponibles en una gran diversidad de regiones y países.


domingo, 4 de marzo de 2012

Estableciendo paradigmas con respecto a la diabetes (VI y final).


El último de los objetivos del documento que hemos venido analizando, Plan de Diabetes 2011 - 2021 (Diabetes Plan 2011-2021, en original), de la IDF (Federación Internacional de Diabetes), declara tajante “Detener la discriminación hacia la gente con diabetes”. Pero, antes de desenfundar la flamígera espada de la justicia, veamos qué queremos decir con “discriminar”.

Sin ánimo de entrar en una polémica sobre los derechos humanos ni en un curso intensivo de la lengua castellana y sus orígenes, analizo el verbo discriminar, que originalmente quería decir simplemente “separar, diferenciar una cosa de la otra”y esto en función a características que permitían establecer una separación. Este concepto es ampliamente usado actualmente bajo el título de clasificación, pero bajo el mismo principio; separar por las diferencias percibidas. Sin embargo, según pude rastrear, es a partir del siglo XIX en que el término discriminar se comienza a usar como sinónimo de dar trato de inferioridad a una persona o grupo de personas por motivos de raza, religión, sexo, clase social u otros motivos de tipo ideológico o culturales, es decir, hacer una separación pero en vez de solo por razón de estudio, con la perversa intención de marginar o maltratar. Por lo que sabemos, la diabetes también ha sido para mucha gente una razón suficientemente válida para ser marginada, rechazada, repudiada o por lo menos vista con un dejo de lástima y pena manifiestas. El clásico “hay, pobrecito, tienes diabetes”, ¿quiénes no lo hemos escuchado al menos una vez aplicado a nuestra sensible autoestima?

Sin embargo, apoyándonos en datos duros obtenidos de estudios y encuestas, experiencia y carencias de quien a diario lidia con la diabetes, esta discriminación se manifiesta como la imperiosa necesidad de comenzar a reconocer el derecho de todo diabético por alcanzar un acceso a un cuidado de salud apropiado y económicamente al alcance, así como en educación e información sobre nuestra enfermedad. Como ya lo escribí, no es un privilegio, es un derecho. Es más, quienes padecemos diabetes podemos y debemos jugar un papel central en el cambio de la marea de la diabetes.

Más allá de la actitud que como individuos, sanos o con diabetes tomemos con respecto a la propia diabetes y quienes la padecen, debemos entender que la sociedad organizada debe también usar esa fuerza de conjunto denominada gobierno, para transformar los legítimos derechos y las aspiraciones de los ciudadanos en realidades tangibles. Así pues, el derecho a la salud requiere de las autoridades gubernamentales el establecer políticas y planes de acción que conduzcan hacia la protección contra las enfermedades epidémicas y proporcionar un cuidado a la salud accesible y a la disposición de todos. En sus últimas consecuencias, podemos afirmar con certeza que los derechos a la vida y a la salud de los niños y los adultos con diabetes les son negados cuando no les es detectada la enfermedad o no se les permite el acceso a costo alcanzable a las tecnologías y los medicamentos necesarios para tratarla.

No se puede ni se debe culpar a la gente con diabetes por su enfermedad y mucho menos aceptar como algo normal el ser discriminados en las escuelas o centros de trabajo, en la expedición de pólizas de seguros de gastos médicos, en la protección social o de manera más amplia, en la sociedad en general. Dicha sociedad debe tomar conciencia que hay gente que es susceptible a la diabetes simplemente por tener condiciones genéticas y epigenéticas (del griego epi-encima, sobre de; genos-origen, nacimiento, raza y el sufijo ikos-relativo a), que otros individuos no tienen. Aun así millones de diabéticos enfrentan el estigma y la discriminación, lo que propicia una cultura del secreto con respecto a la diabetes que pudiera crear barreras de acceso a servicios, empleo e incluso a oportunidades de formar vida en pareja. En muchos casos evitar que la gente con diabetes participe activamente en roles sociales. La carga es mayor para la gente que pertenece a ciertos sub grupos de población que sufren per se, otros tipos de discriminación o marginación, tales como niños, grupos indígenas, minorías étnicas y mujeres.


Dado que la diabetes es una enfermedad que hasta ahora es de por vida y además requiere la diaria toma de decisiones complejas además de demandar rutinas y habilidades de auto manejo y monitoreo, es vital que éstos sean exitosos para un cuidado efectivo de la diabetes.  Dar el derecho y la oportunidad de tomar un papel central su cuidado, prevención y protocolos de investigación a la gente con diabetes, sus familias y sus comunidades, es crítico si se quiere revertir la carga de la diabetes y sus complicaciones.

Ahora, la pregunta es, ¿Qué hacer para remediar esta percibida discriminación y sus devastadoras consecuencias? Nuevamente el paradigma a adoptar está aquí a la mano y se resume en tres cursos de acción:

1.   Promover y proteger los derechos de la gente con diabetes. Acción que requiere ser implementada tanto en los niveles nacionales como en el contexto internacional. Y esto a través de:
a.   Habilitar a la gente con diabetes reclamar sus derechos y cumplir con sus responsabilidades, creando esquemas de políticas legales y de apoyo, particularmente en el contexto del empleo, educación y seguros.
b.   Adoptar los principios dentro de la carta internacional de derechos y responsabilidades de la gente con diabetes, emitida por la IDF (International Diabetes Federation)
c.    Promover los derechos de los denominados grupos vulnerables tales como niños, mujeres, población indígena, minorías étnicas y gente con discapacidad.

2.   Hacer tomar parte y dar herramientas (en el texto original dice empower, cuya mala traducción actualmente se ha popularizado con el término empoderar, que no deja de ser un disparate, por lo que me abrogo la libertad de traducirlo a contracorriente), a la gente con diabetes para ponerla en el centro de la respuesta a la diabetes. Ello implica:
a.   Involucrar a la gente con diabetes, sus familias y comunidades en el diálogo y las decisiones sobre las políticas, diseño de programas, implementación y monitoreo de la diabetes.
b.   Apoyar la ceración de organizaciones solidas y redes de pacientes diabéticos.
c.    Proporcionar de forma regular y transparente reportes públicos sobre los procesos y resultados para que la gente con diabetes o afectada por la diabetes, tenga un apoyo para impulsar el cambio.
3.   Retar al estigma social y la discriminación en el contexto de la diabetes. Para ello, las propuestas son:
a.   Animar y dar apoyo para la implementación de campañas para incrementar la conciencia sobre la diabetes y reducir el estigma relacionado con la diabetes.
b.   Identificar y apoyar representantes del cambio con alto perfil y a líderes comunitarios que comuniquen con fuerza las necesidades y derechos de la gente con diabetes.
c.    Confrontar las normas y prácticas sociales que impiden la igualdad en la toma de decisiones y apoyar la eliminación de estigmas y vergüenza relacionada con la diabetes.


El estigma social y la vergüenza derivada puede ser una barrera para el diagnóstico temprano, el auto manejo efectivo y el acceso correcto a cuidados y tratamientos profesionales. El incrementar la conciencia sobre la diabetes y reduciendo el estigma, los conceptos erróneos y los mitos se tienen elementos importantes para el cuidado y la prevención de la diabetes.

Finalmente lo que me resta por comentar para cerrar esta larga cadena de entradas dedicadas a la paradigmática postura del documento en análisis es que concentra de una forma en que ya no podemos diferir un profundo aunque breve análisis de la situación actual de la diabetes en el mundo, deja entrever el futuro catastrófico que podría darse si no hacemos nada y, finalmente proporciona una serie de medidas en tres niveles estratégicos para resolver el problema y, adicionalmente pone un horizonte hasta el 2021.

Ya desde hace algunos años –no muchos, por desgracia-, se ha venido manejando cada vez más abiertamente que el tratamiento del paciente diabético consiste en una combinación de medicamentos, ejercicio, alimentación adecuada y conocimiento sobre la enfermedad. Ahora vemos estos factores corroborados, con la adición de la necesidad de ampliar la participación de la gente con diabetes mas alla de su propio cuerpo y tomar parte activa en la solución del problema e incluso llevarlo al nivel comunitario desde el nucleo familiar, pasando por la propia comunidad y alcanzando un nivel nacional.

El reto ya está. Nuestra acción es la que sigue para encontrar y alcanzar la solución esperada. Si lo logramos, tendremos un mejor futuro para nosotros y las generaciones siguientes. Por mi parte, este es mi grano de arena y seguiré luchando todos los días por mi salud y la de todas aquellas personas a las que pueda motivar a seguir adelante por esta difícil, pero necesaria senda del auto control y la disciplina tan, pero tan necesaria como difícil de lograr. Estoy seguro que el futuro será como lo soñamos.

domingo, 26 de febrero de 2012

Estableciendo paradigmas con respecto a la diabetes (V).




Continuando con el segundo objetivo y sus dimensiones declaradas:

  • Incorporar a la salud en todas las políticas públicas.
  • Poner al alcance de todo mundo una nutrición saludable
  • Promover la actividad física diaria
  • Determinar si un enfoque de prevención de la diabetes tipo dos hacia “el alto riesgo” es adecuado y si así es, implementarlo.
Con espíritu analítico releo y medito sobre el impacto cuando se declara: “Incorporar a la salud en todas las políticas públicas”, el alcance de la dimensión considerada implica caer en cuenta que las políticas gubernamentales aplicadas en un sector, frecuentemente tienen efectos no pensados en otros sectores, a veces con efectos contraproducentes. Por ejemplo, actualmente la mayoría de los gobiernos en las naciones económicamente desarrolladas hacen una evaluación del impacto ambiental de las nuevas políticas, entendido como una necesidad vital más que una moda pasajera. De igual forma, este tipo de enfoque debe aplicarse al concepto de la salud de las sociedades, con atención particularmente en las políticas de desarrollo urbano y de vivienda, del diseño de los sitios y las áreas de trabajo, la producción, almacenaje, distribución, publicidad, precio y prácticas comerciales de los alimentos. Esto incluye también políticas fiscales, económicas y educativas, particularmente aquellas que impactan a los denominados “grupos vulnerables” por razones socioeconómicas.

El documento menciona que precisamente la OMS (OrganizaciónMundial de la Salud), promueve un enfoque de evaluación del impacto en la salud en las políticas sociales, ambientales y económicas. Esto significaría una evaluación sobre el impacto a la salud de todas las nuevas políticas sobre los factores de riesgo para la diabetes tipo 2 y otras enfermedades no contagiosas, previo al momento de realizar inversiones e implementar y engendrar políticas que promuevan en vez de dañar la salud social.

Menuda tarea para los gobiernos, particularmente en países como el nuestro, sumidos en el subdesarrollo –aunque bellamente maquillado en el discurso oficial-, donde los sistemas de partidos luchan ferozmente por los espacios de poder, en particular los puestos del Ejecutivo y Legislativo, en donde las rivalidades entre posturas políticas se orientan más en entorpecer a quien detenta el gobierno, bloqueando o de plano cancelando iniciativas sumamente valiosas y necesarias, sin importarles el costo nacional en salud, que es el caso que nos ocupa, por lo que el panorama a futuro pudiera ser altamente desalentador.

Además de un plan global de diabetes para iniciarlo desde ya, hace falta un cambio de paradigma que abarque otros aspectos vitales que produzcan una modificación sustancial en las sociedades “no desarrolladas”. Aunque hay otras vías que ya iré planteando en las siguientes entradas dedicadas a este tema, es obvio que no podemos ya detener el desarrollo del país y la mejora en políticas de salud pública apoyados en la absurda premisa de que una oposición ciega al partido en el poder por parte de los opositores es la manera de quitarle triunfos a sus adversarios, aunque el costo sea la calidad de vida de generaciones de individuos. Patético panorama si nuestra latina cultura no se modifica y logramos avanzar como una nación civilizada.

De las anteriores dimensiones a implementar, tres han sido declaradas como prioritarias dado que son plausibles y representan un elevado potencial de retorno de la inversión. Es decir, se puede obtener una ganancia tangible en caso de hacerlas realidad. Esta ganancia no solo sería medible en lo relativo a la diabetes tipo 2, sino que beneficiaría a la población en lo general, aun a la no propensa genéticamente a la diabetes tipo 2, pues ayudaría a disminuir cuadros problemáticos de obesidad, hipertensión, cardiopatías, AVC’s (accidentes vasculares cerebrales), ciertos tipos de cáncer y muchas otras condiciones de salud.

La primera sería implementar el enfoque de salud en todas las decisiones públicas, es decir, considerar los riesgos y beneficios de todas las decisiones políticas y adoptar solo aquellas que favorezcan la salud, con atención particular a los factores de riesgo de diabetes y enfermedades no contagiosas y a los determinantes sociales de salud física y mental.

La segunda -por cierto muy controvertida por el poder de “cabildeo” que tienen las industrias relacionadas que buscan proteger sus intereses (léase mantener sus utilidades y dominio de los mercados)-, es hacer reducir la grasa, el azúcar y la sal en la comida y bebidas procesadas, así como eliminar el uso de grasas “trans”, por medios como políticas fiscales y reglamentación que además permitan introducir restricciones de marketing de productos alimenticios “no saludables”, en particular a poblaciones vulnerables como niños y jóvenes.

La tercera y final, es implementar políticas y programas “culturalmente apropiados” para reducir conductas sedentarias, promover la actividad física en espacios específicamente adecuados, incluidas escuelas y áreas de trabajo.

Nuevamente, aparece el concepto paradigma una y otra vez, pues el documento implica un cambio conceptual enorme, pero no imposible. En este punto introduzco una cápsula de opinión personal, agregando que en países como este México que tanto quiero, una de las amenazas más graves a la solución correcta de este problema, es que ya está determinado que nuestra población mestiza (80% o más de nuestra mezcla racial) y la denominada indígena (poco más del 10%), tienen un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 que otros grupos raciales, por lo que nuestro problema nacional es más acuciante que en otros países con mezclas raciales menos proclives.

Sin embargo, uno de los obstáculos más serios que veo para una solución como la aquí propuesta, está en que el profundo analfabetismo científico (es decir, nuestra incapacidad para decodificar adecuadamente la información técnica y científica, separándola de la charlatanería), se ve propiciado por un régimen político corrupto que a través de sabotear criminalmente el sistema educativo con una clase magisterial inepta, corrupta y centrada en obtener privilegios de todo tipo, abandonan a su suerte y en la incompetencia a millones de niños y jóvenes que crecen como analfabetas funcionales y ven entorpecida gravemente su capacidad de análisis de la realidad cotidiana. No es de extrañar puesto que esa ignorancia es la que garantiza el voto “inducido” por la misma clase de propaganda que vende alimentos chatarra. Por ello el cambio de paradigma desincentivaría a los políticos e industriales de dichos productos alimenticios para que hagan un esfuerzo hacia una realidad que les haga perder sus privilegios. Un asunto para meditar profundamente.

En la próxima entrada amenazo analizar el tercer objetivo, “Detener la discriminación hacia la gente con diabetes”.

viernes, 23 de diciembre de 2011

La víspera de la Noche Buena.


Hoy estamos a pocas horas de iniciar uno de los acontecimientos sociales más importantes del año, presente en las sociedades llamadas occidentales o, con mayor precisión, sociedades conformadas por una importante presencia de practicantes de las religiones cristianas y sus derivados. Esta fiesta, todos lo sabemos, es la Navidad, fecha que por su importancia obliga a celebrarla desde la víspera, denominada Noche Buena, para amanecer en la plena festividad de la Navidad.

Para los cientos de millones de cristianos que pueblan el planeta, la festividad es obvia, es la celebración del nacimiento del personaje considerado El Mesías y derivado de la importancia que reviste la fecha, las formas de celebrar han evolucionado de maneras diversas a lo largo de cientos de años.

Dependiendo de la región y la época histórica, las variantes han venido cambiando y hay quienes la celebran desde un enfoque de formalismo religioso en una ceremonia de recia austeridad, hasta quienes hacen una fiesta decididamente pagana con baile y una opípara comilona, donde la austeridad y la moderación se han quedado sin invitación al evento.

En este ya no tan nuevo siglo XXI en el hemisferio norte del continente americano, en particular en estas tierras mexicanas, hemos sintetizado una buena cantidad de festividades religiosas y paganas que confluyen en lo que localmente se conoce con el nombre de “Puente Guadalupe-Reyes” y hay quien lo denomina “Puente Guadalupe-Candelaria”. Me explico para quienes desconocen estos términos, el mote se refiera a las festividades que inician con la fiesta de la guadalupana el 12 de diciembre, que continúa con los brindis empresariales y sociales de fin de año, que se inician casi de inmediato, las posadas que arrancan el 16 de diciembre, hasta la cena del 24 y el recalentado del 25. Hay un breve receso desde el 26 hasta el 31, fecha en que se repite la fiesta de manera redoblada para celebrar el fin del año y dar la bienvenida en tremenda algarabía al año que comienza, recalentado incluido al primer día del año nuevo. El siguiente paso es la celebración de los Reyes Magos el 6 de enero. Hasta aquí el puente Guadalupe-Reyes, pero hay quien prolonga la conmemoración hasta el 2 de febrero, en que se conmemora La Candelaria, con tamales y atole o champurrado de chocolate, dándole fin, ahora sí, a este denominado “puente”.

Quizá faltó aclarar cuál es el significado del término “puente”, que en México se refiere a días de asueto no oficiales que se toman cuando algún festivo cae muy cerca de un inicio o fin de semana, prolongando la fiesta al menos un par de días más.

Pero lo realmente relevante de este período es que todas las actividades de fiesta se realizan alrededor de lances llenos de comida y bebida que son el eje de los eventos sociales. El concepto religioso es intercambiado por un impulso meramente festivo y se convierte en una serie de acciones comerciales y de un frenesí de gasto, intercambio de regalos y consumo de alimentos.

En el país que a nivel mundial ostenta los nada presumibles segundo lugar en obesidad, en términos absolutos y el indiscutiblemente vergonzoso primer lugar en obesidad infantil, este período bien se ha comenzado a convertir en un referente de alarma en los sistemas de salud, pues marca un enorme riesgo de agravar precarias saludes sumamente comprometidas por ese mismo sobrepeso.

Ahora bien, dado que este espacio está dedicado a quienes padeciendo diabetes también padecemos de las tentaciones de la temporada, quisiera repasar y compartir algunos consejos que mis muy queridos amigos del grupo Bypass Gástrico México, parte del Centro de Nutrición, Obesidad y Alteraciones Metabólicas del Hospital ABC, me hicieron llegar en la reunión final del año (en la que por cierto NO hubo comida), la “Guía de Supervivencia Para las Fiestas Decembrinas”

·    1. Realice un programa de ejercicio de una hora diaria. El ejercicio ayuda a quemar calorías, disminuye el estrés, calma la ansiedad por consumir alimento, eleva la producción de endorfinas y mejora el estado de ánimo. Algunas opciones son caminar rápido, trotar o bicicleta.
·       2. Evite saltarse comidas. El hambre y los bajos niveles de azúcar en sangre provocan que sea más fácil caer en excesos de comida.
·        3. No evite sus comidas favoritas por completo, solo consúmalas con moderación.
·      4. Evite tener a su alcance tentaciones como botanas y dulces ya que se aumenta la posibilidad de excederse. “No se puede comer lo que no hay”.
·      5. Evite ir a reuniones con hambre. Antes de salir de casa, coma algo ligero y además aumente el consumo de agua los días de fiesta.
·      6. En las reuniones no se siente cerca de la mesa del buffet. Tome la decisión de poner distancia a las “cosas ricas”. Sírvase un poco de botana y disfrute de cada bocado.
·   7. Las bebidas alcohólicas tienen alto contenido de calorías, por lo que si va a consumirlas, hágalo con moderación. Tome la opción de bebidas light o si es con alcohol, combinar con refresco de dieta o agua mineral.
·       8. Si se siente deprimido (a), puede mejorar su estado de ánimo con una caminata, yendo al cine o escuchando música.
·     9. Cuando vaya de compras, coma antes de salir de casa, así no tendrá necesidad de “botanear” mientras compra.
·          10. Para satisfacer su gusto por lo dulce, ponga límites, por ejemplo, permítase 2 postres a la semana.
·         11. Solo por el hecho de que sean fiestas, no significa que se tiene que dar permiso para comer todo lo que se encuentra.
·         
      Finalmente: DISFRUTE LA TEMPORADA, NO SOLAMENTE LA COMIDA!!!!!    

Como podemos observar, es una guía muy sensata que nos hace ver que nos podemos cuidar sin caer en un estado de angustia por si le hacemos caso al angelito o al pequeño demonio que de repente nos dan consejos opuestos y, si le hacemos caso al demonio asesor, no dejar de atender la cautela y nota de prudencia del ángel bien intencionado. Es decir, cuidarnos manteniendo un sano equilibrio entre el cuidado y el disfrute.

Un par de consejos adicionales:

Primero, recordar que nuestro metabolismo ya está dañado, no es capaz de funcionar en automático y además que es incapaz de distinguir si estamos o no de fiesta y las calorías consumidas en exceso serán igual de dañinas y por solo desearlo, no funcionará mejor la insulina.

Si nos moderamos, mantenemos nuestra relación amor-odio con el glucómetro, insulina, hipoglucemiantes, dieta estricta, ejercicio y horas de sueño completas, nuestras posibilidades de transitar airosamente estas fechas serán mucho mayores. Mi caso está en ese límite del “Me quiero soltar el chongo” pero sé que debo cuidarme. Así pues, desde hoy sé que habrá botanas y tiempos de la cena de Nochebuena que NO probaré y otros, que si bien no son sanos para nada, les hincaré el diente con singular entusiasmo en una muy pequeña porción que me permita disfrutarlos sin arriesgar mi propia integridad y, bicicleta y caminata serán mis cómplices en estas fechas.

Mis mejores deseos para que estas fechas les traigan sus más anhelados deseos y que su salud mantenga su integridad, a pesar de los pesares. Un abrazo.

viernes, 28 de octubre de 2011

Diabetes y los vegetales, ¿realmente sabemos comer bien? (IV)



Una de las principales restricciones que se presenta al momento de definir qué sí y qué no incluir en un plan de alimentación para quienes padecemos de diabetes, es el contenido de azúcar en los vegetales que integraran nuestra diaria ingesta y aunque la obvia selección recae en los alimentos dulces, como la fruta, la sorpresa es que no necesariamente están solas del lado de los vegetales que potencialmente nos pueden dañar si no observamos cierta restricción en su cantidad. En la anterior entrada de esta serie definíamos los grupos de vegetales y en esta ocasión dejaré de lado la fruta, de la cual ya sabemos que contiene grandes cantidades de azúcares y veremos en su lugar un poco más de cerca a los cereales, las leguminosas y las  Verduras del grupo II, que sin ser lo que conocemos como comidas dulces, su contenido de azúcares es lo suficientemente elevado como para que por lo menos nos tomemos la molestia de contar lo que de estas variedades escogemos y así evitar picos de glucosa en la sangre, creyendo que estamos comiendo la opción más sana por que no nos es dulce al paladar.

Sabemos claramente que aunque no saben dulce, los cereales y las leguminosas deben comerse en poca cantidad pues nos han dicho que tienen un gran contenido energético, pero ¿realmente conocemos la fuente de tanta energía acumulada? Pues resulta que la respuesta está en que toda la energía que utiliza nuestro organismo corresponde a un solo tipo de materia prima llamada glucosa. Sin embargo, en este punto comienzan a surgir las preguntas en un torrente atropellado como por ejemplo ¿los cereales y leguminosas tienen glucosa?, ¿y la fructosa apá? Y otras muchas que pueden ir surgiendo alrededor del tema. Así que de manera irremediable, esta ocasión haremos un repaso de química orgánica para ampliar el panorama sobre los principales conceptos con respecto a la glucosa y los azúcares en general.

Más que usar el término glucosa o materia prima energética, está muy difundido en el entorno médico y coloquial el término “carbohidratos” el químicamente correcto “glúcidos” o sea, derivados de la glucosa. Que proviene del griego “glicis –glicys-dulce”

Como anécdota de mis años de estudiante, cuento que dentro del rigor Universitario, el profesor del curso de Química Orgánica I, imponía el precio de una reprobada sin pasar por el  “inconveniente” de un examen por el simple desliz de usar los términos “carbohidrato” o “hidratos de carbono” en vez del correcto “glúcidos”. Quizá por eso cada vez que leo, escucho o utilizo tales términos, un cierto escalofrío culpable recorre mi columna, pero eso es solamente una anécdota y usar el término carbohidratos también es generalmente aceptado.

Pero ya que estamos entrados en esto, vale la pena hacer algunas precisiones:

Los glúcidos se dividen en monosacáridos, disacáridos, Oligosacáridos y Polisacáridos, dependiendo de su estructura química y su enorme capacidad para formar cadenas a partir de estructuras simples y su versatilidad para generar productos de diferentes propiedades químicas partiendo de una misma molécula según la unión sea en diferente átomo.

La relevancia (mi justificación para este súper rollo), es que en los alimentos naturales y en los procesados vamos a encontrar la gama completa, siendo unos buenos para el organismo (cuando la insulina hace su trabajo) y otros son pésimos al grado de provocar daños graves por su ingesta cotidiana en grandes cantidades.

Como la idea no es dar un repaso exhaustivo de temas áridos como para muchos suele ser el caso de la química orgánica, sino presentar una referencia sencilla para entender el papel de los azúcares que intervienen en la alimentación, entremos en materia.

Los glúcidos más sencillos son los monosacáridos y a esta clasificación pertenecen la glucosa y la fructuosa (hay muchos más que intervienen en el proceso metabólico, pero no de origen vegetal), ambos presentes en los alimentos ya sea de forma simple o en forma combinada en los disacáridos y polisacáridos. Tanto la glucosa como la fructuosa se encuentran en las frutas (más la fructosa) y debido a que tienen una fórmula similar, el organismo no tiene problema en transformar la fructosa en glucosa para asimilarla.

Por cierto, en algunos alimentos procesados en que se anuncia que no contienen azúcar, no es poco frecuente que citen que contienen fructosa y dextrosa (nombre usual para la glucosa), por lo que están entregando alimentos con mucha azúcar, solo que disfrazándolos al declarar que no contienen azúcar, cuando tanto la fructuosa como la dextrosa son azúcares y por ello hago un llamado a no caer en el engaño. Como dato adicional tanto la fructuosa como la glucosa (dextrosa) tienen valores energéticos similares (4 Kcal/gr).

Los glúcidos que siguen en complejidad son los disacáridos, que como su nombre lo sugiere, se forman por la unión de dos monosacáridos que pueden ser dos glucosas o una glucosa y una fructosa. Así encontramos sustancias que nos son sumamente familiares como por ejemplo la maltosa (se encuentra en los granos de la malta germinada, base en la elaboración de cerveza y productos de panadería) y que está formada por dos moléculas de glucosa unidas por un enlace glucósido.  Otro disacárido famoso es la lactosa que se forma por la unión de una molécula de glucosa y una de galactosa (otro monosacárido) y se encuentra presente en la leche y sus derivados. Como dato cultural, la famosa intolerancia a la lactosa se debe a la incapacidad del organismo de producir una enzima llamada lactasa que es indispensable en la digestión de la lactosa.

Todo un caso es la comercialmente conocida azúcar de mesa, que está formada por la unión de una molécula de fructosa y una molécula de glucosa y proviene de la caña de azúcar y del betabel o remolacha. Es curioso, ninguna de las dos es una fruta; son tallo y raíz, respectivamente. Por ello, regresando al tema de productos anunciados como “sin azúcar” pero que contienen “fructosa” y en algunos casos glucosa renombrada como dextrosa para que suene inocua o maltosa o una combinación, es simplemente recurrir al truco de separar la molécula de sacarosa en sus componentes y declarar que NO contiene azúcar. Que trampa ¿no creen?

Como casos especiales dignos de mención y mucho cuidado tengo dos, uno que aparece de forma natural y otro que es producto de la industrialización de los alimentos. El primero es un oligosacárido y el ultimo un polisacárido. Así que al redoble del tambor, los lanzamos a la pista y los presentamos:

En primer lugar, aparece el “almidón”, sí el que las abuelas usaban para atiesar las camisas, carpetas y manteles para que al momento de planchar quedaran estiradas esas prendas y lucieran muy coquetas, pero si en mi infancia –y ahora-, me hubieran ofrecido algo así como “¿gustas una cucharadita de almidon?” lo más probable es que hubiese puesto “cara de fuchi”, rechazando la oferta. Sin embargo ante la oferta de ¿gustas unas papitas a la francesa?, dudo que haya alguien a quién no se le antojen. Bueno, esa es una primera pista de en donde encontramos a ese tan sabroso ingrediente llamado almidón, el cual se encuentra también en otros vegetales como el maíz, trigo, arroz, el camote (batata o papa dulce) y, por supuesto la ya mencionada papa (patata). Bueno, estos vegetales caen –la experiencia gustativa nos lo confirma-, entre lo levemente dulce y lo francamente insípido. Entonces, ¿de dónde sale tanta caloría?

Bueno, respiramos hondo y sale la química al rescate. Resulta que el almidón es, como ya había escrito arriba, un oligosacárido complejo, esto es, un azúcar que consta de dos moléculas menores que unidas forman la molécula del almidón. Así pues, si tomamos una molécula de amilosa y otra de amilopectina, ya tenemos un almidón. Antes de entrar en pánico, estos nombrecitos se refieren a moléculas formadas exclusivamente de cadenas de glucosa: La amilosa forma cadenas lineales con hasta 2,500 unidades de glucosa, mientras que la amilopectina siendo más pequeña, contiene de 25 a 30 moléculas de glucosa que se unen de forma ramificada con apariencia de un árbol.

El fondo del asunto, es que los almidones no son otra cosa que glucosa, mucha glucosa que hace que todos aquellos vegetales que lo contienen, se agrupen como carbohidratos de elevado valor glucémico y por ello, deben ser tratados con mucho cuidado a la hora de balancear un plan de alimentación.

Para el gran final, dejo los polisacáridos, de los cuales el más digno de mención es el jarabe de alta fructuosa que se encuentra en prácticamente todos los alimentos que son artificialmente procesados, como refrescos de soda, repostería, salsas dulces y caramelizados, entre muchos otros. Es más, su uso está tan extendido, que es realmente difícil encontrar alimentos procesados que no sean endulzados con este polisacárido. El nombre más conocido y que consiste en una gran variedad de productos combinados en diferentes proporciones, es el famoso “jarabe de alta fructosa del maíz” el cual se comenzó a usar industrialmente en la década de los 70’s como una opción más económica que la sacarosa o la propia glucosa (dextrosa) en la preparación de estos productos.

El jarabe de alta fructosa de maíz (JAFM), está típicamente constituido por una mezcla del tipo:

14% fructosa
43% dextrosa
31% disacáridos

12% otros productos (cualquier cosa cabe en esa definición)

Sin embargo, esta barata fuente de sabor dulce resulta que se convierte en la materia prima que nuestro hígado utiliza para producir los famosos triglicéridos, que son la reserva energética del organismo. Es más, su consumo excesivo se señala como origen de la enorme epidemia de obesidad mundial y las complicaciones asociadas a la condición obesa.

En próximas entradas retomaré el tema de la obesidad, sus causas, consecuencias y tratamientos.