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jueves, 15 de noviembre de 2012

Numeralia diabética.






Tengo que reconocer que noviembre no ha sido muy bueno para mi estado de ánimo con respecto a la diabetes o al menos así parece reflejarlo el tono un tanto oscuro de mis dos últimas entradas. Sin embargo quisiera poner en claro que no estoy para nada ni triste o desanimado y tampoco enojado con la enfermedad ni con la idea de tener diabetes. Después de todo, tener diabetes es mi realidad y tengo que aceptarla y si bien no la puedo cambiar, puedo hacer todo aquello en la esfera de mi alcance, para mantenerme en control y no permitir que el deterioro esperado sea una realidad en mi caso. Llevo trece años intentándolo y parece ser que hasta ahora es un éxito.

Quienes leyeron la última entrada saben que me tomaron muestras de laboratorio el mero Día Mundial de la Diabetes y tendré mis resultados para el próximo miércoles 21. Mi expctativa es que las cifras que revelan mi estado de salud, declaren que no solo digo sino que en efecto, hago aquello que predico: ejerzo disciplina y me cuido.

El miedo a las consecuencias de no cuidarme me tiene motivado para mantener la disciplina, ya que saber a qué me puedo enfrentar en un no deseado hipotético futuro, es suficiente para que no lo tome a la ligera. Eso y la certeza de que si me cuido, mi condición física me permitirá hacer cosas a mi edad que aún para gente sana de mi edad, no son sencillas.

Así que cuidandome me salgo un poco o quizás un mucho de las estadísticas asociadas a la diabetes, cuestión que me llena de satisfacción ya que me refleja de manera positiva el esfuerzo diario, ese despertar todas las mañanas y declarar antes que otra cosa, "solo por hoy".

Así pues, este preámbulo lo he escrito con la intención de darle paso a una serie de datos que tienen que ver con las estadísticas de la diabetes y las enfermedades asociadas, además de los números que nos ubican acerca del impacto de esta enfermedad sobre los sistemas de salud de los países y en última instancia en la economía.

Tomo la información de lo que el períodioco Publimetro publicó, precisamente, el día 14. y si bien no transcribiré todas las cifras, ennumeraré las que considero de relevancia particular.

México ocupa el décimo lugar mundial en diabetes, pero se estima que para el 2030 ascienda al séptimo.

En las dos últimas décadas se han incrementado los casos de diabetes, representando en la actualidad el 90% de los casos totales la diabetes tipo 2.

La diabetes tipo 2 se puede prevenir con sencillos cambios en el estilo de vida al abandonar el sedentarismo y modificando positivamente los hábitos alimenticios.

Las complicaciones asociadas a la diabetes que se presentan con mayor frecuencia son ceguera, pérdida de la dentadura, accidente vascular cerebral, poblemas cardiovasculares, daños a los riñones y pié de diabético.

Por cierto, una de cada tres personas con pié de diabético, terminará en amputación.

La diabetes está asociada al sobrepeso u obesidad, lo que ocurre en cada dos de cada tres mexicanos.

En el grupo de edades de los 40 a los 59 años, las complicaciones de la diabetes son la causa de uno en cada cuatro decesos.

De cada 100 personas con diabetes, catorce presentan nefropatía, diez desarrollan neuropatía (daño al sistema nervioso), diez sufren de pié de diabético y cinco habrán perdido la vista.

Como se puede apreciar, no es sencillo mantener la cordura y hacer un análisis objetivo cuando se está de este lado de la enfermedad. Por ello hoy lo escribo así, no se trata de negar lo que estoy sintiendo en ciertos momentos, sino que hay ocasiones en que el discurso "políticamente correcto" no cabe y hay que tomar al toro por los cuernos, dejar de lado los eufemismos y las conductas de evasión de la realidad y darnos cuenta que, sin arruinarle la fiesta a nadie, se puede vestir con el festivo "azul diabetes" pero manteniendo la cabeza fria y no olvidando que quien tiene información y conoce de su padecimiento, por dolorosa que ésta sea, tiene mejores armas para mantener el control. Así que ahora que ya pasó la fecha, que ya los globos se desinflaron y las serpentinas fueron barridas, sigo en control, sin perder la perspectiva, sabiendo que mi sistema endocrino no sabe de fechas ni celebraciones y tiene que recibir esa diaria ayuda para seguir operativo, por que la diabetes es la mejor muestra de que nuestra fisiología ya no trabaja en automático. Así pues, como dijera el buen Alastor "ojoloco" Moody, hay que estar en "alerta permanente"-



miércoles, 14 de noviembre de 2012

Día Mundial de la Diabetes 2012



Este 14 de noviembre pienso en dos noticias para un poco probable futuro que estoy seguro no lo serán. Que se acaba el mundo el próximo 21 de diciembre y que ya hay una cura para la diabetes. Aunque el aforismo reza que “no tener noticias son buenas noticias”, no siempre el ignorar algo implica que no exista o que no nos pueda afectar.  

Hoy por todo el mundo se lanzan felicitaciones por el día, por la diabetes, por lo que sea, pero no sé por qué, pero nunca he podido celebrar ni aceptar ser felicitado por tener diabetes. Si por el contrario, en vez de contraer diabetes me hubiera sacado la lotería, estaría recibiendo felicitaciones, invitaciones a comer y cenar (por mi pagadas, claro) y estaría estrenando parientes que ni sabía que tenía. Pero no, tengo diabetes y es una enfermedad que me va deteriorando lenta pero progresivamente y no me puedo sentir feliz por ello ni creo que quepa una felicitación al respecto.

Por otro lado, el término conmemorar, hacer memoria, me parece mejor ya que no es sinónimo de simple alegría, de festejar por festejar aunque no venga tanto al caso, sino de recordar. Recordar el que perdimos la impecable salud, que tenemos que esforzarnos mucho más, elegir y contar lo que comemos, y dejar de lado aquellos años de placeres culinarios irrestrictos. Hay que estar monitoreando la glucosa en sangre y toda esa larga lista de  cuidados que implica vivir con diabetes. Cuidados que van desde la insulina, hipoglucemiantes, medicamentos para la presión, el colesterol, los dolores neuropáticos y una larga lista que pasa por análisis periódicos, tratamientos, terapias y el penoso paso por los deterioros de salud que se van instalando para, no sólo quedarse, sino para irnos quitando capacidad, movilidad calidad de vida. Por eso no celebro ni felicito a nadie por tener diabetes. 

Aprovecho esta entrada de las no felicitaciones y las no noticias para tocar un tema que pocas veces se dice con la fuerza suficiente, pero si es que nuestro sistema de salud cumple con sus compromisos internacionales, tendrá que convertirse en un tema relevante y ser tratado con la seriedad que se merece. Me refiero a la prevención de  la diabetes, en particular la tipo 2, que ya se sabe tiene factores desencadenantes que se pueden evitar y mantener bajo control.  

Hoy la viñeta que uso se la tomo prestada del World Diabetes Atlas de la International Diabetes Federation y es una ilustración dramática de la cantidad de casos estimados de personas que en el mundo viven con diabetes y no tienen un diagnóstico. Las cifras son de espanto pues no hay nada peor que la desinformación y más en el caso de una enfermedad que requiere ser atendida antes de causar daños irreparables que pudieron ser evitados con un diagnóstico oportuno. 

En este México que tanto amo, nuestra población cuenta con las características genéticas que nos hacen propensos a padecer diabetes con mucha más frecuencia que otras poblaciones de diferente composición genética. Ello convierte al problema en uno de importancia especialmente relevante y doy mi argumento: A diferencia de otras naciones, contamos con sistemas de salud –con carencias y deficiencias pero que son de alcance popular y sumamente accesibles cuando los hay-, cosa que no ocurre en otras naciones, incluso en las llamadas desarrolladas. Ello implica que los costos directos relacionados con la atención médica no se perciban tanto en la población en general como un gasto oneroso y recurrente, aunque si bien en muchos casos la elección sea por la medicina privada muchísimo menos accesible para un bolsillo estándar. De ahí que las complicaciones graves se perciben en la pérdida de la salud y no tanto en el costo catastrófico que conllevan una amputación de extremidad inferior, una hemodiálisis, un bypass coronario y otros muchísimos procedimientos que requieren hospitalización y uso de equipo caro y personal altamente calificado. 

Sin embargo, sí se perciben en la pérdida de la capacidad de producir un ingreso digno, de la autonomía personal y se va convirtiendo uno en una muy pesada carga para la familia. Por ello cuidarse y prevenir es primordial. Ahí están los números y como dije al principio, en el caso de la diabetes no diagnosticada, las no noticias, no significan buenas noticias.

Conmemoremos este día.

domingo, 23 de septiembre de 2012

La Diabetes y el envejecimiento.



Conforme la medicina y los estándares de vida van mejorando para la población en lo general, una consecuencia no prevista pero muy bienvenida es el alargamiento de la expectativa de vida en lo general. 

Consultando datos demográficos y la estimación del lapso de vida promedio en la humanidad desde las primeras eras en que nuestra humana especie asienta sus reales sobre la superficie del planeta, esta medida de la esperanza de vida ha venido marcando un aumento, excepto por ciertos períodos históricos en que por razones de guerra o epidemias, como fue el caso de la Peste Negra en la Europa medieval, en que esta esperanza se redujo notoriamente. Así, mientras que los individuos del Neolítico podían esperar vivir unos veinte años en promedio, en las edades de bronce y de hierro, ésta se incrementó por dos años en promedio. Tanto en la Grecia y Roma clásicas esta cantidad asciende a los 28 años y en la Norteamérica precolombina la tasa promedio varía de 25-30 años. 

Si bien estas cifras nos muestran un sostenido crecimiento de años por vivir en las sociedades conforme los beneficios derivados de la civilización se reflejan en mayor bienestar, mejor atención médica y métodos de prevención de enfermedades, también nos marcan efectos negativos de este nuevo tiempo ganado a la naturaleza. Los efectos de los que estamos conscientes en mayor grado son el incremento de la población que presiona sobre el medio ambiente y los recursos naturales y la aparición y proliferación de enfermedades antes desconocidas o muy raras.

Una buena manera de verlo podría ser la de considerar que mientras que los humanos del Neolítico habían ya vivido una vida completa a los 20 años en promedio y ya incluso habrían transmitido todos sus conocimientos a la siguiente generación joven, preparándose al fin de su ciclo de vida, en este siglo XXI, tal ha sido el incremento de la esperanza de vida –casi se ha cuadruplicado-, que las sociedades buscan mandar a sus jóvenes apenas llegados a la edad adulta a estudiar a una Universidad o su equivalente, para comenzar a prepararlos en la obtención de los conocimientos y habilidades que deberán adquirir para desarrollarse en el medio social humano los siguientes 40-50 años por vivir. De meditar profundamente.

Todo el anterior repaso sobre datos de carácter demográfico pretenden ubicarnos en el tema que deriva de un correo recibido de mi buen amigo Santiago, quien compañero en esto de envejecer siempre encuentra cosas interesantes para compartir y en esta ocasión me mandó un artículo (aunque no vienen referencias de la fuente), pero que luego de una exhaustiva investigación encuentro que se basa en un artículo intitulado “Midlife Fitness and the Development of Chronic Conditions in Later Life”, que traducido libremente significa algo así como “Acondicionamiento físico en la edad madura y el desarrollo de condiciones crónicas en la ancianidad” y que fue publicado en el numero de agosto del 2012 de la revista Archives of Internal Medicine y del que aprovecho para tomar algunas citas, cifras y comentarios, para tratar el tema de hoy.

En el artículo, la mención sobre la edad hace hincapié en que vivir más no implica vivir mejor y que aunque en algunas naciones del primer mundo la esperanza de vida roza los 80 años, el deterioro asociado a la edad avanzada no hace este tiempo extra un sitio feliz para vivir. Entre otras muchas enfermedades, la diabetes y las de tipo cardiaco afligen de forma particular a la población que va envejeciendo, aun cuando en muchos casos no hayan llegado a la categoría de “ancianos”, generando una condición denominada “prolongación de la morbilidad”. Es decir, el tiempo que se vive sufriendo una enfermedad, lo que nos lleva al concepto de ¿Vivir más vale la pena si se va a vivir sufriendo? ¿Es el sufrimiento prolongado una condena -Karma dirían en el oriente-, un futuro ineludible para quienes sobrevivimos otro día más? Bueno, de acuerdo con el artículo, depende mucho de nuestros hábitos de ejercicio y la condición física con que lleguemos a una edad avanzada.

Resulta que el equipo que reporta sus hallazgos, los investigadores del University of Texas Southwestern Medical Center and the Cooper Institute in Dallas, hicieron un estudio con 18,670 mujeres y hombres de mediana edad que desde 1970 habían visitado al Cooper Institute para un chequeo médico. La edad promedio del grupo fue de 49 años y todos eran sanos y sin enfermedades crónicas en su primer chequeo en que hicieron la prueba de esfuerzo para determinar su condición aeróbica. Con base en estos resultados se dividió al grupo en cinco diferentes categorías, donde la mayoría quedó -como sucede en la vida urbana moderna-, en la sección de menor condición.

Posteriormente, en una comparación de datos hecha por vez primera para este tipo de estudios, se revisaron los siniestros médicos (Medicare) desde 1999 hasta el 2009, tiempo en que la mayoría de los participantes habían alcanzados la séptima u octava década de vida. Los investigadores encontraron que aquellos que habían sido los de menor condición al momento del chequeo inicial, también fueron los más propensos a desarrollar una variedad de padecimientos crónicos tales como Cardiopatías, Diabetes, Alzheimer y cáncer de colon o de pulmón.

Por otro lado, los adultos con mejor condición en sus 40´s y 50´s aunque también desarrollaron frecuentemente muchas de las condiciones arriba anotadas, estas aparecieron de manera notable mucho más tardíamente que en los primeros. De forma típica, aquellos con mejor condición aeróbica vivieron con enfermedades crónicas en sus finales cinco años de vida, mientras que los que tuvieron menos condición aeróbica vivieron sus últimos 10, 15 o incluso 20 años con éstas.

Como suele suceder en estos estudios, si bien al publicarlos sus autores aceptan que aún hay mucho que investigar y que no son concluyentes, se observa una tendencia clara y una innegable correlación entre un buen estado de salud física y una rutina sana de ejercicio, preferentemente del tipo aeróbico. Esto es, mantener un estilo de vida activo coadyuva a una mejor calidad de vida en el largo plazo.

Sé que un solo caso no hace ciencia y cuando mucho puede citarse como una confirmación o una posible excepción a la regla. Sin embargo muchos diabéticos tipo 2 (DM2) estamos más que ciertos que nuestra condición aparte de ser una consecuencia de genes propicios para desarrollar nuestra condición, mucho contribuyó a nuestra mala fortuna un estilo de vida con poca actividad física y un exceso en la ingesta de calorías. En mi caso, la cuenta me llegó a la tierna edad de 49 años –edad en que los sujetos del estudio apenas comenzaban su período de seguimiento- como un balde de agua helada y me ha dado hasta ahora doce años de convivencia con la DM2 y todo lo que ello implica con el paso del tiempo. Sin embargo, a pesar de los pronósticos pesimistas de médicos, amigos, familiares y un largo etcétera, he logrado y hasta ahora mantenido lo que parece ser la meta más difícil en alguien con diabetes; mantenerme en control de mis niveles de glucosa, lípidos y tensión arterial. Casi todas las mañanas alrededor de las seis hago presencia en el gimnasio donde uso los aparatos de ejercicio aeróbico, los de fuerza y tono muscular (músculo devorado por los picos de glucosa) y la alberca semi-olímpica en la cual suelo nadar un mínimo de 750 m por vez.

No se trata de hacer alarde de mi capacidad atlética, o buscar el aplauso por ser “aplicado” sino reforzar la idea de que el ejercicio es una pieza clave en el “bienestar” ese bien estar con uno mismo, pues me permite seguir activo, mantener a raya las complicaciones crónicas de la DM2 y pensar que existe un futuro pleno a pesar de los achaques de la edad y las obligadas limitaciones que nos impone una vida con enfermedades crónicas que no solo llegan a fastidiarnos la existencia y además evolucionan hacia peor cada día. De nuestra actitud y esfuerzo depende que para salirse con la suya se tomen más tiempo, mucho más que si no hacemos nada. Así que mi recomendación final es, no lo dejen para mañana; hoy es la fecha para hacer del futuro un lugar donde valga la pena vivir.


domingo, 9 de septiembre de 2012

LADA (Latent Autoinmune Diabetes in Adults) o Diabetes Autoinmune Latente del Adulto





Desde hace algún tiempo traigo atravesada la idea de escribir acerca de una relativamente nueva denominación para las ya varias clases de la muy conocida diabetes y por eso hoy, después de un buen rato de pesquisas y estudio comparto mis hallazgos al respecto. 

Primero que nada y de acuerdo al conocimiento común compartido por cuerpo médico y pacientes, existen a saber cuatro tipos conocidos de diabetes mellitus: Diabetes tipo 1 (DM1), Diabetes tipo 2 (DM2), Diabetes gestacional (DG) y la derivada de causas externas como enfermedades o tratamientos con algunos tipos de medicamentos. Aunque muchos médicos están de acuerdo en dichas clasificaciones, también se han encontrado casos que no corresponden a ninguno de los criterios para ser clasificados dentro de cualquiera de estas categorías y conforme avanzan los estudios y la información estadística se va compartiendo a mayor número de centros de salud, se nota una tendencia al incremento en estos casos “extraños”. 

Y no sólo se trata de encontrar coincidencias para definir el origen, el tratamiento y el pronóstico de la enfermedad, sino de entender las –a veces muy sutiles-, diferencias entre cada tipo de diabetes. Como ejemplo podemos tomar la DG y la DM2 que su comportamiento es casi idéntico, excepto que en muchos casos -la mayoría de hecho-, la condición de diabetes gestacional (DG) se retira casi de inmediato después del parto y en pocos casos prevalece como diabetes tipo 2 formalmente instalada. Sin embargo el pronóstico más común en estos casos de DG sea el de la aparición eventual de la diabetes tipo 2 algún tiempo después,  si no se toman medidas de control con el equilibrio calórico (alimentación sana, ejercicio y control de peso). Aun así, no son iguales la DG y la DM2 aunque se les reconoce un origen metabólico muy parecido.

Como todo lo que ocurre en la investigación, conforme se va desarrollando más el conocimiento médico y se van recabando mejores datos para análisis, se van reconociendo formas nuevas de enfermedades o padecimientos que obviamente antes pasaban inadvertidas, ya sea por falta de un diagnóstico acertado o por haber sido confundidas con algo más, a falta de mayor capacidad para hacerlo de forma correcta.

Y ya entrando en materia, la realidad es que de manera cotidiana solamente se suelen tomar en cuenta los dos principales tipos de diabetes, la DM1 y la DM2 y cuando se han encontrado diferencias o discrepancias en la forma de evolucionar de la enfermedad o a la forma de responder al tratamiento, se le ha dado por clasificar estos casos como “subtipos” de diabetes que requieren combinaciones especiales de medicamentos de control o terapias más agresivas, a veces en hospitalización intensiva. La clasificación de los diferentes tipos de diabetes establece rangos. Por ejemplo, a los niños y jóvenes hasta los 30 años se les reconoce la DM1 y a los adultos mayores de treinta la DM2, para la mayoría de los casos. Sin embargo, hoy día sabemos que los niños y adolescentes pueden desarrollar DM2 y algunos adultos mayores de 30, 40 y más años, pueden también presentar la DM1 y de los casos “extraños” que no se apegan a las definiciones tradicionales de DM1 o DM2 el más común ha sido bautizado como LADA (por sus siglas en inglés) y que se refiere a la “Diabetes Autoinmune Latente en Adultos” y según parece a este tipo de diabetes pertenece aproximadamente el diez por ciento de los casos totales de diabetes en el mundo, lo que coloca a la LADA en números muy similares a la DM1 o probablemente más extendida.


Y si ya hace algunos años que se empieza a hablar de este tipo de diabetes ¿Por qué no sabemos más al respecto? Como decía arriba, en muchísimos casos es mal diagnosticada y lo más frecuente es que se le diagnostique como una DM2 que no reacciona adecuadamente a monoterapia con hipoglucemiantes y que responde a combinaciones de éstos con insulina o como una DM1 de evolución lenta. Como quiera que sea, a pesar de que se empezaron a recabar datos del fenómeno LADA desde los años 70 del pasado siglo, a la fecha hay aun mucha incertidumbre sobre cómo definirla adecuadamente, cómo evoluciona y cuán importante sería para los pacientes que la padecen estar informados de ello.

Entonces, el panorama de la diabetes LADA se va definiendo de acuerdo a pistas halladas más bien de forma accidental durante un proyecto de investigación sobre la DM1 y la forma de identificar las proteínas denominadas “anti-anticuerpos” cuya presencia en la sangre constituye una evidencia del ataque que deriva en la destrucción de las células beta del páncreas, desde el propio sistema inmunológico de los pacientes con DM1, eliminando la posibilidad de producir insulina. 

Para validar la prueba, había que demostrar la exclusividad de la presencia de la dichosa proteína en casos de DM1, para lo cual los investigadores también buscaron los mismos anticuerpos en la población en general, incluyendo gente con DM2, la cual no es autoinmune. Pero para sorpresa de los investigadores, si bien en la población en general no apareció dicha proteína –como era de esperarse-, en casi el diez por ciento de la gente con diagnóstico de DM2, sí apareció. Eso implica que aunque los síntomas son prácticamente idénticos a la DM2, hay una diabetes de origen autoinmune y se las considera LADA a esos casos. Si bien aun no se ha establecido de forma precisa esta distinción en la comunidad médica y no existe una denominación universalmente aceptada pues hay médicos que prefieren llamarla DM1.5 o incluso niegan sea diferente a la DM1

Actualmente se busca establecer criterios homogéneos para su diagnóstico entre los cuales se deben de considerar los siguientes:

1. La presencia de auto-anticuerpos en la sangre
2. Edad adulta al presentarse la Diabetes
3. La no necesidad de tratar la diabetes con insulina por los primeros seis meses después del diagnóstico, asumiendo una detección temprana.

Como se puede observar, las diferencias principales entre LADA con la DM1 y DM2 es que en la DM1 se requiere de insulina de inmediato y en la DM2 no hay anti-anticuerpos presentes en la sangre. Esta diferencia abre el debate sobre si los criterios anteriores son lo adecuado para el diagnóstico de la LADA. Todo esto ha despertado una nueva controversia dentro de la comunidad médica. Controversia que va mucho más allá de definir si el nombre es LADA o DM1.5 o cualquiera otro. A lo que lleva, finalmente es a tratar de encontrar y demostrar que los diferentes tipos de diabetes que conocemos tienen o no un origen genético similar. Por lo pronto se sabe que la LADA está más cercana de la DM1 que de la DM2 por el lado de la proteína asociada a los anti-anticuerpos que no aparecen en la mayoría de los casos de DM2, pero también se han encontrado diversos tipos de proteínas asociadas a anti-anticuerpos, que aparecen más abundantemente en pacientes con DM1 que con LADA, lo cual explicaría también la diferencia en la velocidad de deterioro de la función productora de insulina. 

En fin, el dato es interesante pues pudiera ser la luz hacia una metodología mejorada y más acertada para tratar a muchos pacientes diagnosticados como DM2 y cuyos organismos no reaccionan adecuadamente a los tratamientos con hipoglucemiantes, dieta y ejercicio, hasta que son tratados con terapias de insulina. Quede esto en el espacio de la reflexión personal y el auto monitoreo, pues nosotros somos los primeros que percibimos si algo anda mal y nuestro tratamiento comienza a perder efectividad, mucho antes que el equipo médico que nos controla, ya que ellos sólo nos ven de vez en cuando y si a ellos se les pasa, puede ser sumamente perjudicial en el mediano y largo plazo.



domingo, 5 de agosto de 2012

Tomando temas prestados.



El Pasado 16 de julio pocos días hace, falleció Stephen R. Covey, uno de los gurús de negocios más influyentes entre las décadas de los noventas, hasta la actualidad. Aunque este espacio no está dedicado a tomar asuntos de la administración de empresas, el recordar a Mr. Covey tiene una razón muy particular, para lo cual hago un poco de memoria al respecto.

El pilar de su famoso negocio de consultoría se basó en el concepto convertido en éxito editorial denominado “Los 7 hábitos de la Gente Altamente Efectiva” y en ese numerito está la base del tema de hoy. La referencia la anoto, puesto que uno de los efectos que tuvo este enfoque de los 7… que tomó y retomó usándolo para escribir múltiples libros que trataron temas que abarcaron desde la administración del tiempo laboral y personal, hasta el relacionado con la educación de los hijos, pasando por la construcción de un matrimonio exitoso. El común denominador, es que siempre se trataba de 7 principios que él iba elaborando a lo largo de cada uno de sus libros. Como resultado, he visto aparecer cada vez con más frecuencia, grupos de recomendaciones, principios, consejos, etc. que se enumeran en grupos de siete, en vez del tradicional “decálogo” que iniciando con los bíblicos mandamientos, se había convertido en el referente. Este nuevo enfoque de concentrar en siete, ha encantado pues tiene un toque de modernidad y es, sin dudarlo, muy original.

Una vez que estamos en el enfoque de los siete, paso a justificar el título de la entrada y es que navegando por la página de la Federación Mexicana de Diabetes, ejercicio que hago frecuentemente con el ánimo de encontrar novedades -ejercicio que nunca falla-, me encontré una colección de preceptos titulada “7 puntos que nos conducen al camino saludable”. Título que además de contener el cabalístico número siete, suena de lo más Zen.

Pero al revisar los siete puntos publicados, me parecen de una sencillez estupenda y el compartirlos así, tal cual y sin ningun comentario adicional será suficiente en esta ocasión. Mi sugerencia al respecto es el de hacer una lectura pausada, cuidadosa e ir digiriendo cada uno de los consejos o puntos según los nombra el documento y hacer el análisis de cuáles ya incorporamos a nuestra vida diaria y ponernos una palomita de aprobado y los que aun no, ponerles una fecha para alcanzar la meta.
  
1. Comer saludablemente: Llevar un plan de alimentación personalizado y adecuado a las necesidades y gustos de la familia es básico para nutrirnos bien, para mantener o conseguir un peso adecuado y sobre todo para controlar nuestros niveles de glucosa. 
2. Mantenerse activo: Establecer un plan de actividad física constante y de acuerdo a nuestra condición personal ayuda a normalizar los niveles de glucosa y contribuye al control metabólico. Caminar 30 minutos diarios 6 veces a la semana es suficiente para a ver resultados. 
3. Medir constantemente los niveles de glucosa: Llevar un registro diario de estas cifras proporciona una herramienta de gran ayuda para el médico y el educador en diabetes. Permite la modificación del tratamiento con base en la observación de las fluctuaciones de glucosa. 
4. Seguir el tratamiento médico: Los antidiabéticos orales y la insulina apoyan en el control de los niveles de glucosa. 
Es necesario conocer su función y los efectos que producen en el organismo, así como sus horarios. Todo esto deberá relacionarse con los alimentos y la actividad física. 
5. Aprender a enfrentar retos cotidianos: LA EDUCACIÓN es la piedra angular en el control de la diabetes. Un paciente que se conoce y que conoce su condición reduce la posibilidad de presentar complicaciones y, por ende, garantiza una mejor calidad de vida. 
6. Tomar una actitud positiva y adaptarse sanamente al nuevo estilo de vida: Implementar técnicas que ayuden a relajarse y a incorporar la diabetes a la vida para aprender a vivir mejor con ella. 
7. Reducir riesgos: Aprender sobre las complicaciones agudas y crónicas de la diabetes y cómo prevenirlas. Además es importante iniciar una revisión periódica por especialistas (oftalmólogo, odontólogo, etc.) para su detección y control oportuno.

Hasta la próxima entrada.

martes, 31 de julio de 2012

Diabetes tipo 2 y el correcto autocontrol. ¿Es posible acaso? (Parte 3)



Continuando con el tema y con la intención de concluir esta breve serie –que no el tema que tiene mucho de donde cortar-, sigo adelante con esta entrada en la que quisiera ver otros aspectos relacionados con el correcto autocontrol.

Si resumimos las anteriores entradas que versan de manera principal sobre el documento denominado “Autocontrol de la glucemia en la diabetes de tipo 2 sin tratamiento con insulina”, observamos que se trata de una serie de recomendaciones a los profesionales de la salud sobre la forma de obtener datos confiables en base a parámetros estándar en cuanto a frecuencia y horarios en la toma de muestra en un esquema denominado ACG. Esto tiene la doble ventaja que le da al cuerpo médico una medida estandarizada como base para medir la efectividad del tratamiento prescrito, como al paciente una rutina de auto monitoreo que le otorga un marco de referencia y disciplina que le puede aportar a llevar un mejor estilo de vida con mayor apego a las medidas prescritas. 

 Pero además de uno picarse los dedos con mucha dedicación y constancia para obtener ritualmente el valor que el cuerpo médico solicita y, aceptémoslo, nos va dando la precisión del dato para vivir tranquilos o en angustia, según sea el caso, hay mucho más en el menú que el tomarse medición de la glucosa o ir al médico o a los análisis periódicos en laboratorio. En este menú cabe ese listado de acciones, cuidados, conciencia y bien hacer que nos ayuda a “ir tirando” a falta de un metabolismo saludable. 

Si lo dividimos en áreas para poder ir desmenuzándolo, aunque sepamos que al final se trata de acciones que van, como en la sopa de pollo, que aunque hagamos la lista de ingredientes, nunca tendremos una buena sopa de pollo si los ingredientes no van mezclados en la proporción y sazón adecuados. 

Así pues, comenzamos, precisamente, con la alimentación. Este tema ya me ha obligado a escribir un montón de veces con diferentes enfoques y siempre, siempre, habrá algo nuevo que agregar. Por ejemplo, el concepto de dieta y para mejorarle, el de dieta de diabético. Interesante, ¿no? Pero sencillamente complicado o para aclararlo más, complicadamente sencillo. Primero que nada y pregonando nuevamente el concepto, dieta tiene hoy en día el concepto más equivocado posible puesto que se ha convertido –erróneamente- en sinónimo de privación, hambre y alimentarse de cosas que no tienen sabor o, peor aún, saben a rayos. Por extensión, dieta de diabético es lo mismo, pero peor puesto que se cree que a un diabético se le debe prohibir que coma cualquier cosa que tenga más sustancia que una hoja de lechuga y sin sal ya que sufrimos de la presión. 

 Nada más equivocado que esos pensamientos. Una dieta es simple y sencillamente lo que en un día come una persona, cualquier persona, sin estar limitado el concepto ni a la calidad ni la cantidad. Es decir, si soy atleta de alto rendimiento y como una dieta abundante en proteínas y carbohidratos, esa es mi dieta; si soy diabético y como una dieta balanceada con restricciones en cantidad y contenido energético de lo que entra en mi plato, esa es mi dieta. Es decir, la dieta se define a partir de lo que como en el día a día y no al revés. Por eso, a veces es un poco difícil aceptar el concepto y hay quien para quitarse de encima el peso de la palabreja, le llaman plan de alimentación. Como quiera que se llame, lo importante es que mi dieta sea sana, suficiente, atractiva y sabrosa. Si cuento con la asesoría de personas expertas en nutrición, me orientarán sobre qué es recomendable y qué no para mi dieta. 

Por otro lado, se ha demostrado en evidencias arqueo antropológicas que los humanos requerimos de hacer mucho ejercicio para evitar que el llamado “gen ahorrador” nos lleve a ganar peso acumulando grasa y por sedentarismo adquirir o empeorar la condición de diabéticos. Por ello, moverse en grado de ejercicio aporta también una enorme contribución a nuestro bienestar. El sueño es otro factor que aunque poco considerado, comienza a demostrar su importancia en los desórdenes de tipo metabólico, la diabetes como el más importante y el dormir bien o mal está siendo cada vez más observado ya que en una serie de estudios de campo se ha encontrado que la falta de sueño, el insomnio o el realizar trabajos nocturnos eleva el contenido de glucosa en sangre, además de que favorece la aparición de obesidad o su incremento si ya estaba presente cuando la condición de falta de sueño se presenta. Entonces, dormir bien se convierte en parte de la receta para un auto cuidado exitoso. 

Medicamentos es el siguiente ingrediente a considerar. Ya fuimos al médico, nos dieron nuestro plan de autocontrol de la glucemia (ACG), nuestro plan de alimentación (dieta, para los que no temen pronunciar su nombre), nos recomendaron una rutina de ejercicio y nos recetaron algún medicamento o combinación a tomar en períodos específicos del día. Lo que sigue, es apegarse con mucha precisión a todo el tratamiento y seguir al pie de la letra la receta recibida. 

Para el día de hoy, solo me queda un ingrediente para añadir a la receta. Aprendizaje y mucho, el más que se pueda. Entre más sepamos de nuestra enfermedad, menos trabajo nos costará cuidarnos y será más fácil apegarnos a nuestro tratamiento integral. Recordemos que el conocimiento es poder y en el caso de la diabetes, me da el poder sobre el control de la enfermedad de acuerdo con una consulta informada, donde me queda claro que es lo correcto por hacer, me permite eliminar mitos infundados y quizás lo más importante, mantenerme alejado de los charlatanes, los remedios cuestionables y los peores de todos, los productos milagro. Así pues sin dar un curso de cocina, ya tenemos nuestra “sopa de pollo” para el auto cuidado de la diabetes. Ahora lo que queda es incorporarla diario a nuestro estilo de vida.

En fin, he llegado al final de esta serie, que no del tema y como siempre, quedo abierto a comentarios, opiniones y cualquier información que ayude a arrojar buena luz sobre el tema.

jueves, 19 de julio de 2012

Diabetes tipo 2 y el correcto autocontrol. ¿Es posible acaso? (Parte 2)



Siguiendo con la idea del Autocontrol de la Glucemia (ACG), me encuentro que el criterio que se busca establecer es precisamente que los pacientes con diabetes tipo 2 (DM2) no insulinodependientes (NID) podamos contar con un parámetro confiable de reporte al equipo médico que nos esté tratando, para que se pueda establecer un valor objetivo de cómo se comporta nuestro organismo de manera cotidiana y si hay alguna fluctuación importante a lo largo del día, la semana o el mes. De igual manera podemos ir generando un reporte numérico que pueda arrojar luz sobre si existen ciclos de variación de los niveles de glucosa o cómo vamos reaccionando al tratamiento prescrito para controlar la glucosa.

A veces los DM2 nos volvemos reacios o flojos o poco disciplinados para realizar el ritual del vampírico piquete tan necesario para medirnos la glucosa en sangre. El argumento más escuchado es el de ¿y para qué lo hago tan seguido si no uso insulina? O aquel de ¿y qué caso tiene picarme si cuando tengo el azúcar alta no puedo hacer nada para bajarla rápido? Esta última recientemente escuchada en un grupo de apoyo para diabéticos. O también la muy socorrida ¿si ya me sacan la Hemoglobina Glucosilada, para que me pico doble? En fin, ingenio y argumentos sobran, lo que realmente falta es tomar al toro por los cuernos y medirse de manera constante, disciplinada y efectiva los niveles de glucosa en sangre. La segunda parte de este sacrificado esfuerzo consiste en llevar un registro sin fallar y la última fase es cargar con nuestro registro y mostrárselo a nuestro equipo de especialistas médicos para que puedan darle el mejor uso posible a nuestro favor.

El punto más importante que no hay que perder de vista es que como DM2 NID tenemos que conocer nuestros niveles cotidianos de glucemias. Conocerlos de manera externa, es decir, con apoyo de un glucómetro pues sabemos que ya no podemos manejar glucemias normales en automático y sabemos de cierto y sin espacio para adivinanzas, que hay una curva pronunciada que se eleva entre la hora y media y dos horas después de los alimentos y decae paulatinamente –y en algunos casos súbitamente-, antes de los alimentos. Sabemos también que los ayunos prolongados no nos son benéficos y que lo ideal, dependiendo de cada caso, es que no dejemos pasar más de tres a cuatro horas sin tomar algún alimento o una colación que nos ayude a evitar que la “curva” de la glucosa fluctúe de manera brusca.

Bueno, como ya vimos, si además de los cuidados con los tiempos entre alimentos, la elección de un plan de alimentación sano, equilibrado, completo, variado y que nos deje satisfechos, adicionamos el ACG, podremos estar seguros de que nuestro control será razonablemente adecuado y, casualmente, ese éxito se verá reflejado en los resultados de las glucemias medidas.

Pero ya que hablamos de medir las glucemias y regresando un poco al documento “Autocontrol de la glucemia en la diabetes de tipo 2 sin tratamiento con insulina” que analizaba en la entrada anterior, encuentro que ahí se le sugiere a la comunidad médica una serie de “tomas de muestra” con diferentes esquemas y que tienen como objetivo ir dando parámetros de información de cómo reaccionamos a los tratamientos y como nos comportamos los azucarados pacientes.  

Antes de entrar en materia de los diferentes esquemas sugeridos, junto con una breve explicación de la información que los resultados aportarían a nuestro médicos, quiero hacer la distinción entre este monitoreo con glucómetro y los análisis periódicos a los que nos tenemos que someter. Primero que nada, siempre los análisis realizados en un laboratorio clínico serán de mayor exactitud que los hechos en casa con un aparato portátil, además de que para el caso de la Diabetes, se mide también la Hemoglobina Glucosilada (la famosa HbA1c) la que nos cuenta la historia del contenido de glucosa -en promedio- en un lapso de tres meses. Por otro lado, aunque menos precisa que la medida de laboratorio, la que hacemos con lanceta y glucómetro es una “instantánea” y la colección de instantáneas funciona para armar una película cuando ponemos los resultados en secuencia, entre más larga la secuencia, mejor. ¿La ventaja a pesar de su menor precisión? Mayor número de datos en el tiempo y la precisión del glucómetro es constante, por lo que las lecturas son confiables en el largo plazo.

Para dar mayor claridad al esquema de pruebas que se recomiendan, lo primero es exponer los valores de referencia que debemos alcanzar para considerarnos en control. Valores fuera de la siguiente tabla pudieran indicar un descontrol de la DM2 y requieren la interpretación de un especialista médico.



                                                           IDF (FID) AACE (AAEC) ADA (AAD)
HbA1c (%)                                                <6.5                <=6.5                 <7.0
Glucosa en ayunas (prepandrial) 
[mmol/L; mg/dL]                                       <6.0;<110       <6.0;<110         3.9-7.2; 70-130
Glucosa 2 horas después de las comidas
[mmol/L; mg/dL]                                        <7.8; <140 <7.8; <140 <10; <180*



*La ADA (AAD) recomienda que la medición de glucosa prepandrial se efectúe 1-2 horas después de iniciar la comida.
Abreviaturas: IDF (FID) Federación Internacional de Diabetes
AACE (AAEC) Asociación Americana de Endocrinólogos Clínicos
ADA (AAD) Asociación Americana de Diabetes.

Ya teniendo los parámetros de referencia, las preguntas son ¿cada cuándo me pico los dedos?, ¿a qué hora los hago? ¿Siempre es igual? Bueno, las respuestas, a continuación:

 Primero que nada, hay que ver que nuestro equipo médico conozca este documento, lo hayan estudiado y lo consideren adecuado para un correcto control. Luego, lo más seguro es que se nos pida seguir uno o varios de los esquemas siguientes:

Los llamados protocolos “focalizados o intensivos” que pretenden detectar patrones de glucosa en diferentes momentos del día y pueden ir desde 5 hasta siete tomas de muestra por día y realizarse por un período acotado de hasta tres días seguidos o bien, realizar un muestreo escalonado en los momentos pre y post padréales. Estos estudios -se le sugiere al médico-, se le solicitan al paciente cuando inicia su tratamiento de control o cuando el paciente comienza a desviar sus resultados de control contra un objetivo de máximos y mínimos proyectados.

Los otros protocolos, denominados de baja intensidad, se recomiendan para dar un seguimiento constante a los niveles cuando ya se ha establecido una educación del ACG y se tiende hacia los valores normales. Ayuda a identificar la hipoglucemia postpandreal y orienta los ajustes terapéuticos. Los esquemas de monitoreo incluyen las opciones de monitoreo tres veces al día, realizado dos veces por semana, uno a la mitad y el otro el fin de semana. Se hace en ayunas y antes y después de una comida importante –usualmente la cena-, durante algunas semanas. Este monitoreo se sugiere combinarlo con un esquema de muestreo antes y después de la comida principal y después de algunas semanas, cambiar la alimentación y el ejercicio para optimizar el resultado. Finalmente, repetir el proceso de control en otra comida principal.

Esto del control es parecido a cuando vamos manejando en carretera,  aunque no podemos sentir la velocidad sino solo la sensación de que nos movemos, el velocímetro nos indica si vamos en la correcta aceleración o qué tanto nos desviamos del límite permitido; así nos funciona la rutina del ACG. No importa si me marca que estoy en rangos normales todo el tiempo, necesito tener ese dato validado y es la mejor forma de comprobar objetivamente que estoy haciendo lo correcto. Recordemos que ni las hiperglucemias ni las hipoglucemias –particularmente las primeras-, nos dan aviso a menos que ocurran en grado severo. No juguemos a la ruleta rusa con nuestra salud.

domingo, 15 de julio de 2012

Diabetes tipo 2 y el correcto autocontrol. ¿Es posible acaso? (Parte 1)


Después de dejar pasar un buen rato desde la pasada entrada, retomo la escritura en este sitio con un tema que he tocado de manera parcial en varias de las entradas anteriores y  que hace tiempo tengo la inquietud de tratarlo como tema central. Se trata del relacionado con el autocontrol en la diabetes. En esta ocasión me apoyo en un muy interesante documento que me encontré curioseando en el sitio web de la Federación Mexicana de Diabetes, quienes cuentan con excelente material de consulta y por supuesto comparto algunos puntos que considero especialmente relevantes. 

El documento en cuestión se titula “Autocontrol de la glucemia en la diabetes de tipo 2 sin tratamiento con insulina” basado en un documento de la Federación Internacional de Diabetes (IDF) Así pues que aunque en algunos puntos hay que adoptar un tono un tanto técnico, entremos en materia.

Lo primero que tenemos que traer a la conciencia activa es el por qué de un autocontrol en la diabetes. La respuesta aunque sencilla desde el punto de vista médico y fisiológico, en el aspecto emocional cae como un balde de agua helada y nos abre la puerta del desánimo. Autocontrol puesto que ya nuestro organismo no regula sus funciones metabólicas de forma automática, nuestro páncreas ya no produce suficiente insulina y lo más seguro es que la que hay disponible es de calidad deficiente. Las células por tanto, ya no pueden recibir la tan necesaria aportación de glucosa requerida para realizar el ciclo metabólico y, para colmo, el mecanismo de transformación de lípidos (grasas) se ve sumamente alterado también ya que se disparan las cifras de triglicéridos, del malvado colesterol malo (LDL-Colesterol) y se inhibe la producción del angelical colesterol bueno (HDL-Colesterol). Así, nuestra sangre y tejidos se ven invadidos de glucosa que no se puede metabolizar y malvadas grasas que se depositan en células que nos ponen gordos (adipocitos) y en las paredes de los vasos sanguíneos. En resumen, nuestro cuerpo ya no trabaja en automático y en adelante es nuestra tarea hacer ese control por nuestra cuenta (autocontrol) o aceptar la alternativa, el descontrol que implica complicaciones graves.

Pero, ya que es tan importante el autocontrol, lo menos que podemos hacer es estar conscientes de por qué es tan importante ya que implica que una vez que tengo diabetes y en adelante, no puedo dejar de hacerlo ni un solo día. Eso realmente pesa en el ánimo, pero hay que respirar hondo, asimilarlo y aplicarnos a realizarlo. La pregunta es, ¿cuál es la mejor manera de llevar un autocontrol? Y la pregunta surge pues, aun dentro de la comunidad médica existen diferencias de criterios de lo que debe hacer un paciente con diabetes tipo 2 para llevar un autocontrol. No solo eso, los mismos pacientes no tenemos mucha idea de cómo sacarle provecho a la información que nos va dando de manera cotidiana dicho autocontrol. 

La idea central del documento que en esta ocasión comento es ir formando una base de criterio sobre el autocontrol que si bien es necesario que se desarrolle una estrategia individual a cada paciente, debe existir un criterio generalizado sobre la cantidad y calidad del autocontrol y del uso de la información obtenida por el paciente en cada monitoreo, como base para el tratamiento continuo y los mejores resultados de largo plazo.

De acuerdo a lo leído, en el seminario (2008) del que deriva el documento estudiado, hubo tres objetivos que fueron:

Revisar los hallazgos de estudios donde se describe la influencia clínica y metabólica, así como las implicaciones económicas del autocontrol de la glucosa.

Identificar estudios que definan mejor la función del autocontrol de la glucosa para personas con diabetes tipo 2 sin tratamiento con insulina y diseñar estudios adicionales para tener mejor información.

Proponer recomendaciones para el uso del Autocontrol de la glucosa para personas con Diabetes tipo 2 sin tratamiento con insulina.

Así pues, el documento hace una serie de recomendaciones, que en resumen serían: “Los hallazgos de los estudios del ACG (Autocontrol de la Glucosa) utilizado en la DMT2 (Diabetes Mellitus Tipo 2), sin tratamiento con insulina han sido incoherentes debido a las diferencias en los diseños de estudio, la población y las intervenciones empleadas”, es decir es difícil establecer una base coherente y confiable sobre la utilidad generalizada del ACG. 

Continúa el texto “Sin embargo, los datos disponibles [de los ensayos] indican que el ACG puede ser una herramienta de autotratamiento eficaz, solo si el personal sanitario o las personas con diabetes examinan los resultados y actúan en consecuencia, a fin de modificar activamente la conducta o ajustar el tratamiento.

Si bien es necesario realizar más estudios para conseguir una mejor evaluación de los beneficios, del uso óptimo y de la rentabilidad del ACG, se han propuesto las siguientes recomendaciones para guiar a las personas con diabetes sin tratamiento con insulina y al personal sanitario en el uso del ACG.

Hay en el reporte del seminario un grupo de seis recomendaciones sobre el tema del ACG, todas ellas realizadas en un tono que va del grupo de expertos médicos, hacia los médicos tratantes que lean el documento y norman la idea de cómo ir canalizando al paciente hacia una conciencia de la importancia del ACG así como el uso de esta herramienta como el inicio y estímulo para que los pacientes nos vayamos educando de forma continua con respecto a nuestra diabetes. La lista de las seis recomendaciones es la siguiente:

1. El ACG solo debe emplearse cuando las personas con diabetes (o sus cuidadores) o el personal sanitario posean el conocimiento, las habilidades y la predisposición para incorporar el control del ACG y el ajuste del tratamiento en su plan de cuidados de la diabetes con el fin de alcanzar los objetivos del tratamiento acordados.

2. El ACG debe considerarse en el momento del diagnóstico para mejorar el conocimiento de la diabetes como parte de la educación de los pacientes y, así, facilitar de manera oportuna el inicio del tratamiento y la optimización del ajuste.

3. El ACG debe considerarse como parte de la educación continua sobre el autotratamiento de la diabetes para ayudar a las personas con diabetes a conocer mejor su enfermedad y proporcionar los medios para que participen de forma activa y eficaz en su control y tratamiento, a través de la modificación de las intervenciones conductuales y farmacológicas, según sea necesario, y con la aprobación del personal sanitario.

4. Los protocolos del ACG (intensidad y frecuencia) deben individualizarse para tratar los requisitos educativos/conductuales/clínicos específicos de cada paciente (a fin de identificar/prevenir/tratar la hiperglucemia y la hipoglucemia agudas) y los requisitos del personal sanitario para obtener datos sobre los patrones glucémicos y para controlar el efecto de la toma de decisiones terapéuticas.

5. Los objetivos de realizar un ACG y utilizar datos del ACG debe acordarse entre la persona con diabetes y el personal sanitario. Estos objetivos acordados y la revisión real de los datos del ACG deben documentarse.

6. El uso del ACG requiere un procedimiento sencillo para que el paciente controle periódicamente el rendimiento y la exactitud de su medidor de glucosa.

Cada una de las recomendaciones anteriores es por demás interesante y requieren, digo yo, de un comentario un poco más detallado, lo que ocurrirá en al menos una futura entrada en serie con la presente. Por lo pronto seguiré investigando al respecto y espero, como siempre, comentarios, experiencias y sugerencias.


miércoles, 13 de junio de 2012

Diabetes Tipo 2 en niños y adolescentes.



Al estar repasando mis notas para decidir el tema que habría de tratar en este día, le pedí consejo a la hermosa mujer que comparte su vida con la mía y le proporciona esa mágica vivencia que produce su sola presencia y, entre otras muchas cualidades, la tan necesaria dosis de sensatez y amorosa crítica –que no censura-, que como límpida bocanada de aire fresco tanta falta me hace para sobrevivir. Ella me sugirió que ya que esta cerca, muy cerca el periodo vacacional en las escuelas, hablara de los problemas de la obesidad infantil, dado que los niños se encuentran en un ambiente más cercano a la familia y con posibilidad de realizar nuevas actividades o intentar cambios en el estilo de vida.

Lo medité durante un buen rato y llegue a la conclusión de que el mejor enfoque sería uno radical que hablara no solamente del riesgo en que se encuentra la infancia y juventud temprana ante la prevalencia de la obesidad, sino ir directamente al punto de no retorno, cuando el no deseado diagnóstico de Diabetes tipo 2 (DM2), entra a la vida diaria habiéndose colado casi imperceptiblemente por la puerta trasera de las calorías en exceso y la vida sedentaria.

Quiero aclarar para una relativa tranquilidad de los adultos –padres o tutores de niños o adolescentes obesos- que no todos los casos de obesidad desencadenan en diabetes tipo 2, al igual que pasa en adultos, pero que en ciertos estratos de población es más frecuente encontrar causas de tipo genético que los hacen altamente susceptibles a desarrollarla. Dije relativa tranquilidad pues aunque no desarrollen diabetes los niños y adolescentes obesos, esa obesidad por sí sola es un riesgo a la salud. 

Pero regresando al tema de las edades prematuras de desarrollo de diabetes -en esta ocasión omitiré los casos de diabetes tipo 1 y las denominadas atípicas que afectan a niños y gente joven- la característica que más frecuentemente define esta condición en niños y adolescentes es la obesidad. Sin embargo al momento de pasar por el tamiz del criterio científico el origen de tan marcado incremento en casos de obesidad infantil por un lado y el igualmente alarmante incremento de casos de diabetes tipo 2 en dicha población, lo primero que hay que hacer es determinar la o las causas de tal fenómeno y a partir de ahí, tomar medidas correctivas y preventivas. Correctivas para poner en control y dar un tratamiento adecuado a este estrato poblacional, procurando darles una mejor expectativa de vida que las catastróficas consecuencias de una diabetes no atendida adecuadamente y, la parte preventiva para tratar de evitar o al menos disminuir de forma sustancial el número de nuevos casos diagnosticados cada año.

La diabetes sabemos, es el resultado de un desorden metabólico que tiene que ver con una forma inadecuada o insuficiente de metabolizar la glucosa y los lípidos (grasas como el colesterol y los triglicéridos), en el organismo y, consecuentemente, con una serie de complicaciones crónicas que van apareciendo en el tiempo derivadas de tales desequilibrios. Como dije en el párrafo anterior, arriba del 98% de los casos de DM2 infantil y juvenil tienen como factor común un cuadro de obesidad que puede ir desde leve hasta la denominada obesidad mórbida. Es difícil establecer un criterio Universal del tipo de obesidad dado que en las edades en que se presenta esta nueva clase de DM2 y si bien es fácil hacer una apreciación subjetiva del sobrepeso u obesidad en su caso, dar un parámetro numérico es más complicado, dependiendo de la edad y grado de desarrollo de los infantes.

Mientras investigaba sobre el tema, encontré unas diapositivas muy interesantes de la presentación de un curso sobre el tema de obesidad infantil y su relación con la prevalencia de la DM2, realizadas por la Dra. Ma. Isabel Hodgson B., la cual se puede consultar completa en la liga: http://www.nutritotal.com.br/icnso/aulas/?acao=bu&categoria=58 

Lo interesante de este estudio realizado en Chile, es que al hablar de las causas de la obesidad infantil identifica con claridad los siguientes factores:

Desbalance entre la ingesta y el gasto calórico, es decir, se come más, mucho más de lo que el organismo requiere para la actividad diaria.

El cambio de hábitos alimentarios, aparte de comer en exceso, se privilegia el consumo de golosinas y productos de alta densidad energética (comida chatarra), se consumen como líquido prioritario jugos y bebidas azucaradas, se disminuye o de plano se elimina el consumo de frutas y verduras.

El sedentarismo, expresado en horas de ver la TV, frente a un computador (ordenador) o consolas de videojuegos además de la falta de tiempo dedicado a la práctica deportiva.

Factores genéticos, que ayudan a que las causas anteriores tengan mucho mayor impacto en determinados grupos genéticos. 

Sin embargo, en las notas de la presentación afirma que en su parecer, el consumo de fast-food y los hábitos de ingestión diaria de alimentos son los responsables por la obesidad de los niños.

Habiendo llegado a este punto donde la combinación obesidad y DM2 ya están presentes en alguien menor a los 20 años de edad, la pregunta central de esta entrada es, ¿qué futuro tienen? Hacer un pronóstico con la información científica disponible a estas alturas del siglo XXI no es tan complicado y es mucho más probable que el futuro predicho sea mucho más parecido a la realidad que una de las profecías de Nostradamus, epítome de la charlatanería aplicada. Para empezar, como el viejo chiste, hay dos posibilidades; que el niño con DM2 capte la seriedad de su enfermedad y poniéndose las pilas haga el esfuerzo para ponerse en control o bien, que no haya esa posibilidad y termine muriendo en condiciones de deterioro grave a una edad mucho más temprana que sus padres. 

En este espacio he ponderado muchísimo el concepto de que la responsabilidad de la propia salud es de quienes tenemos diabetes mellitus, sin importar si es del tipo 1, 2 o cualquiera otro y tampoco sin importar la edad de la persona. Sin embargo hay varios factores que me surgen cuando medito en el tema y es que hablando de diabetes en niños y adolescentes, en el pasado casi el 100% de los casos eran DM1 que obliga a la administración de insulina y a un muy estrecho monitoreo del nivel de glucosa en la sangre y como la propia vida depende de ello y en caso de no haber control este se hace evidente por la pérdida acelerada de peso, obliga a la familia y a los propios "padecientes" a tomar cartas en el asunto y resolver a marchas forzadas los obligados cambios en el estilo de vida que impone la enfermedad, so pena de morir prematuramente en un coma (cetoacedosis) por hiperglucemia.

Sin embargo, cuando la obesidad infantil está presente, normalmente existen otros factores adicionales a los arriba anotados como causas de dicho sobrepeso y tienen que ver con conductas de familia, formas de educar (el comer bien también es parte del proceso educativo) y de percibir la comida. Hace algún tiempo escribí una serie de entradas también versando sobre este tema y comentaba que es difícil aunque no imposible, encontrar niños obesos en ambientes familiares donde hay buenas prácticas de alimentación sana, estímulo al deporte y otras actividades lúdicas además de una supervisión sobre lo que los niños y adolescentes encuentran disponible para la comida cotidiana.

Por ello el panorama se complica, pues si hay obesidad, generalmente esta es familiar y si como sucede en el caso de DM2 en adultos, la familia raras veces está dispuesta a verse en el espejo del diabético y cambiar los hábitos de comida y ejercicio por un esquema más sano, la profecía más probable es que adicional al estigma de la obesidad adicionada con DM2 exista una clara reticencia a desarrollar un cambio radical del estilo de vida que en primer lugar los hizo llegar a un cuadro de obesidad y de ahí a la marca de la DM2. Lo digo porque al haber transcurrido una infancia donde no se aprendió el control del apetito, la disciplina y el ejercicio del buen juicio de elección del alimento correcto; donde además no se ha madurado lo suficiente como para percibir el peligro potencial de las complicaciones de la diabetes, que no conocen de edad sino de que tan buen o mal control se tenga; donde la hiperglucemia no da síntomas, condición que incluso a los adultos nos genera problemas por no sentir la “necesidad” de estar en control puesto que no duele, el futuro puede ser muy doloroso y desesperanzador.

Sé que a muchos padres de familia nos sucede el fenómeno de la ceguera selectiva, que sabemos o intuimos que nuestros retoños tienen un problema, en este caso el sobrepeso o de plano una marcada obesidad, pero no “encontramos” la forma de resolver el problema, de detener la tendencia y nos angustiamos enormemente, pero somos incapaces de encontrarle por nosotros mismos un remedio al problema y, peor aún, de implementarlo por temor a los pleitos y sombrerazos que tendríamos que enfrentar y es mucho más cómodo, voltear un lado y dejar ser, dejar pasar. 

La pregunta en este caso es, ¿a qué precio?.





jueves, 31 de mayo de 2012

Diabetes y tabaquismo





La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde 
me ha arrojado la mar en su ola de salmuera. 
La tierra a la que vine no tiene primavera: 
tiene su noche larga que cual madre me esconde.
Gabriela Mistral (1889-1957)


Hoy 31 de mayo -aparte de otras celebraciones-, se conmemora el día mundial sin humo de tabaco. Sé que para quienes fuman y persisten en su aletargado disfrute de las bellas volutas que se desprenden en cada fumada, aunque estén más que conscientes del daño que se causan así en primera persona y a sus “pasivas” vecindades, hay dos pensamientos que les quedan claros y sin lugar a duda. El primero es que saben que les hace daño, siendo los problemas más conocidos el causado a las vías respiratorias, el cardiovascular y evidentemente el temido Cangrejo; segundo, es que a pesar de todo no tienen la mínima intención de dejar de fumar y seguro hoy, como acto sacrificial propiciatorio, quemaran su buena dosis de gases de efecto invernadero, liberados desde su muy conveniente geometría cilíndrica bicolor. Ni modo, así funciona el libre albedrio y los “fumadores pasivos” seguiremos refugiándonos en las áreas protegidas, cual especies amenazadas.

Al pensar en conceptos como causa-efecto y pronóstico acertado, se que cada vez que entro en contacto con alguna persona que fuma no puedo evitar sentir una cierta desazón similar a la del fragmento del poema de Gabriela Mistral con el que inicio esta entrada. Sin embargo no puedo dejar de insistir por este medio, que es el que me permite expresar algunas ideas estructuradas, el necio llamado al abandono de la adicción a la nicotina inhalada, que por cierto es considerada por muchos expertos en salud la sustancia más persistente de la farmacopea de las adicciones.

Pero sin dejar de lado el llamado al cambio de hábito con respecto a vegetales incinerables, en esta ocasión quisiera comentar la relación que existe entre el tabaquismo y la diabetes. Comentario que por otro lado es fácil de realizar ya que se sabe que la diabetes es una enfermedad que afecta a prácticamente todo el organismo causándole un deterioro gradual e inexorable y que solo requiere de un “empujoncito” para ser extremadamente devastadora. Pues resulta que los efectos –nocivos por supuesto- del tabaco sobre el organismo, pueden ser un empujoncito de consecuencias demoledoras.

Quizás el enfoque más obvio sea el presentar con el efecto más conmovedor y amarillista las diferencias entre el diabético que no fuma, versus el diabético que fuma para hacer más dramática la entrada. Pero no, no hace falta una imaginación tan escueta para que el resultado de la información que incluiré sea un drama inevitable. Más bien tomaré el caso de personas no diabéticas pero con propensión a serlo y de quienes ya estamos en este lado de la enfermedad.

Cuando una persona sana y joven, condiciones que inevitablemente se pierden con el paso del tiempo, decide comenzar a fumar, las influencias, estímulos u oportunidades que tiene para ello son muchas, la mayoría comunes para todos los fumadores, pero siempre habrá algún factor que pese más que otro. El tabaquismo (así se llama la acción de fumar tabaco en grado de adicción) va generando en el individuo ayer sano y joven pequeños cambios en el organismo que son imperceptibles al principio y que con el pasar de las cajetillas se van incrementando gradualmente.

Ante la enorme flojera de hacer una lista interminable de males derivados del acto de fumar cotidianamente ya que no se trata de una investigación enciclopédica, diré que como consecuencias previsibles para cualquier fumador que orgullosamente presuma su hábito y a voz en cuello se queje de la vergonzante discriminación a que son sometidos los fumadores al ser confinados a pequeñísimas, atiborradas e incómodas “secciones de fumar” o verse de plano expulsados a la banqueta más cercana para ejercer su derecho a prender su incendio portátil, generador de un microclima digno de Premio Nobel de Química por la cantidad de tóxicos convocados en el breve espacio.  

Pero entrando al tema de hoy, otro dato obvio que quiero asentar es que al haber diabetes en el panorama, la persona que fuma se expone a un riesgo muchas veces incrementado, ya que es ya ciencia comprobada el conocimiento que tanto la glucosa en exceso, al igual que el desbalance de proteínas grasas y ácidos grasos en la sangre –condición que define, entre otras, la diabetes mellitus-, producen –sin necesidad del cigarro-,un muy elevado riesgo de problemas cardiovasculares que abren otra lista como un rosario de males que tampoco hoy mencionaré. Es decir, una vez que se ha instalado la diabetes en nuestro organismo el panorama es bastante poco optimista como para empeorarlo con la persistente fumada.

Lo que sigue son las malas noticias para los fumadores “sanos” que piensan que nada les puede pasar con el tabaquismo, más allá de, entre otros, los males enlistados arriba. Pues no, la noticia es peor y es que después de correr varios estudios serios para determinar si el fumar podría contribuir al desarrollo de la diabetes, el grupo de estudio que incluyó 275,190 hombres y 434,637 mujeres, encontró evidencia estadísticamente significativa que el fumar aumenta el riesgo de desarrollar diabetes mellitus tipo 2, en una proporción un 45% en hombres y un 74% en mujeres. Para los escépticos sobre las cifras reportadas, he de conceder que no son sentencia absoluta sino el resultado de una investigación realizada con los criterios que el método científico exige para que los datos obtenidos tengan una muy cercana aproximación a la realidad. Por ello y en disculpa anticipada, se puede afirmar sin lugar a dudas que ese pronóstico es muchísimo más acertado que el horóscopo del día e incluso que el del clima local.

La razón de la certeza de los datos radica en los criterios que sirvieron de base al estudio, además de que esta tendencia se ha venido comprobando con estudios posteriores. Estos criterios fueron:

1.   Demostración de una relación de respuesta a la dosis entre fumar y diabetes (es decir, entre más se fuma, mayor riesgo de diabetes)
2.   Evidencia de que dejar de fumar reduce el riesgo de desarrollar diabetes.
3.   Un mecanismo biológicamente plausible que relacione el fumar con la diabetes.
4.   Evidencia de que otras explicaciones posibles han sido excluidas.

Ni modo, no es magia, es ciencia y otra piedra más en el camino para la gente que disfruta ejerciendo frases como “después de un buen taco, un buen tabaco” y un sinnúmero mas en el acervo de frases alusivas a justificar tal adicción.

Por lo pronto, me gustaría imaginar que al menos una persona no fumó el día de hoy (sí es un esfuerzo enorme y merece aplauso) y alguna más, sueño ambicioso, se inspire en estas líneas para considerar el abandonar la humante adicción al tabaco.






domingo, 27 de mayo de 2012

Diabetes ¿Qué nos depara el futuro?




Casi a la mitad del doceavo año del siglo XXI, nos encontramos que a nivel mundial existen dos fenómenos directamente relacionados con la diabetes y que se están dando casi al mismo tiempo y aunque no en una relación directamente lineal sino como una reacción a múltiples causas relacionadas.

Esta premisa que así en frio parece confusa, pretende resumir la situación actual con respecto al alarmante incremento de casos de diabetes en todo el mundo. Dado que las causas de los diferentes tipos de diabetes -hoy sabemos-, no son exactamente las mismas y que habiendo inferido que en individuos genéticamente susceptibles se estaban elevando los casos de diabetes tipo 2, derivado de una alimentación rica en grasa saturada y carbohidratos de rápida absorción, en conjunto con un estilo de vida sedentario, pronto el número de casos de diabetes 2 abarcarían la casi totalidad del Universo diabético.

Sin embargo al estudiar de forma sistemática este elevado incremento de casos en lo general, se esperaba que la tradicional proporción de casos de diabetes se modificara de la ya de por si elevada desproporción de 90% de casos del tipo 2 por 10% del tipo 1 a la ya mencionada cifra de “casi todos los diabéticos nuevos son del tipo 2”, la sorpresa fue que la proporción se mantiene, lo que implica que existe una tasa similar de crecimiento en casos del tipo 1 que no se explica con la hipótesis anterior. Además, los casos de DG (Diabetes Gestacional) que como en su mayoría derivan en diabetes tipo2 no alteran la anterior estadística, y adicionalmente se empieza a hablar cada vez mas de nuevas variedades antes inexistentes o por lo menos, desconocidas, como son la diabetes tipo 2 en niños y jóvenes y la recién bautizada LADA (Diabetes Autoinmune Latente del Adulto) por sus siglas en inglés.

Ahora bien, hablaba en el primer párrafo de dos fenómenos paralelos y simultáneos que si bien están íntimamente relacionados, son independientes el uno del otro. El primero es el arriba mencionado del enorme y descontrolado incremento de todos los tipos de diabetes, adicional a la incorporación de variedades nunca antes definidas.

El otro fenómeno paralelo es el que abarca la velocidad con que se está incrementando la cantidad y calidad de investigación médica alrededor de la diabetes, donde casi a diario podemos encontrar publicaciones realizadas en medios especializados de medicina, biotecnología, bioingeniería, bioquímica y un largo etcétera de disciplinas modernas –tecnología de punta es el término de común acuerdo-, que tienen que ver con la salud de los pacientes con diabetes, desde temas como la prevención, tratamientos preventivos, tratamientos a complicaciones crónicas, cuidados paliativos e incluso, manejo psicológico del duelo.

La pregunta que surge aquí es ¿cómo es posible que en el moderno mundo globalizado donde la información fluye a la velocidad de un tweet o más rápido si es posible, haya este divorcio entre los prometedores avances de la medicina en cuanto a mejores terapias y manejo de pacientes con diabetes y la desalentadora tendencia hacia la obesidad, sobrealimentación, sedentarismo y el desarrollo del fenómeno bautizado como “Síndrome Metabólico” asentado como el más claro antecedente de un cuadro de salud que compromete la supervivencia al combinar al menos dos de los siguientes: Diabetes o intolerancia a la glucosa, Hipertensión Arterial (>140/90), Dislipidemia (descontrol en las grasas corporales), Obesidad Central y/o Indice de Masa Corporal (IMC>30 Kg/m2) y Microalbuminuria.

Pero ¿A dónde pretendo llegar con este escalofriante recuento? A la descorazonadora conclusión de que los asuntos de vital importancia se mueven en este planeta de una forma exasperantemente lentas y que en ocasiones el deseo de cambio es tan impaciente que nos hace soñar en soluciones mágicas, en milagros que puedan materializarse para que el efecto devastador de la diabetes pueda verse ampliamente disminuido, que no eliminado ya que sabemos que los milagros toman mucho más tiempo y esfuerzo.

Hace algunas entradas publicaba en este espacio que la diabetes es tan grave, que la estadística mundial nos da el espeluznante promedio de que cada ocho minutos muere un diabético en alguna parte del mundo. No haré en esta ocasión la macabra aritmética, pero sí, es correcto, son más de tres millones al año. Por esta cifra en parte, ya que en el 2007 la tasa de mortandad era uno cada 12 minutos y al parecer el plazo entre muertes se va acortando de forma acelerada, es que nuevamente hago un llamado a poner atención tanto a la parte de una acción decidida y cotidiana al cuidado personal en cuanto a hábitos de vida, como a la prevención cuando vemos claramente que nuestro estilo de vida nos conduce por el carril de alta velocidad hacia un dulce futuro que se ve impulsado por antecedentes genético-familiares que nos pondrán –lo sabemos íntimamente- en el peor escenario posible, el de ser diagnosticados con diabetes, sin duda y sin retorno, sitio nada envidiable desde el cual decanto estas líneas que hoy comparto. Así que la pregunta hoy es, además de la conciencia del saber lo que el presente ya nos otorgó (muy a pesar nuestro) o que el futuro nos obsequiará ¿qué estoy haciendo activa y conscientemente para que mi salud sea en el futuro la mejor que le pueda exigir a esta vida?.

Reflexión harto dura y difícil de realizar, pero invito a cuanto despistado lector quiera compartirnos su punto de vista al respecto, lo haga en la sección de comentarios. Hasta pronto y seguiremos hilando sobre este y otros melosos temas.  





sábado, 12 de mayo de 2012

¿Otra puerta abierta hacia una cura de la diabetes tipo 2?



Otro de esos casos para tomar y leer con pinzas por aquello de la duda que siempre tenemos que poner a trabajar cuando se publica una noticia que al leerla nos pone en guardia pues, otra vez, nos despierta la esperanza sobre la posibilidad de que “ahora sí” hay una luz en el extremo del túnel que conduce hacia la real, la verdadera, la permanente, ¡Cura Para La Diabetes! Bueno, vayamos despejando las dudas.

Pues resulta que apenas el pasado 8 de mayo, en el foro tudiabetes.org, (tomado a su vez de la publicación original en CTV News, Toronto), se publicó un artículo intitulado “New Treatment Might Put Diabetes Type 2 in Remission” (Un Nuevo Tratamiento Podría Hacer Remitir La Diabetes 2, sería su traducción aproximada).

Pero primero lo primero; de acuerdo al diccionario de la Real Academia, remitir es “ceder o perder parte de su identidad”, con lo que lo primero que viene a la mente es que la anhelada cura no estará en este artículo.  Sin embargo el término “remisión” es comúnmente usado en enfermedades como cáncer y artritis, entonces, ¿de qué se trata? ¿Se puede hablar de “remisión” en diabetes, es decir que un paciente con diabetes tipo 2 pueda experimentar periodos de control total de los síntomas? Bueno, pues resulta que un grupo de investigadores en Toronto (Canadá), hallaron en forma experimental un tratamiento que puede hacer remitir de forma temporalla diabetes tipo 2. El tratamiento que como anoté arriba es experimental, implica que pacientes con diabetes tipo 2, no insulinodependientes se inyecten dosis grandes de insulina cuatro veces al día durante un mes.

Ahora bien, cuando publico una noticia de este calibre me gusta escarbar un poco para poder detectar la seriedad de la fuente y evitar caer en la propagación de noticias falsas o con cierto grado de engaño lanzadas a las redes en búsqueda de crédulos incautos. Bien, encontré que el estudio lo dirige el Dr. Bernard Zinman, investigador líder del estudio, quien es a su vez el director del “Leadership Sinai Centre forDiabetes (LSCD), del muy prestigiado Mount Sinai Hospital, lo que me lleva a concluir que la seriedad del documento está al nivel de estudio siguiendo el método científico. Por cierto, buscando más información en el sitio del Hospital en Toronto, me enteré que el procedimiento está aún en fase investigativa por lo que no hay aun un reporte médico formal, sino que lo que se “coló” fue una nota de prensa con varias líneas de investigación que actualmente se están desarrollando y en las que incluso se están aun reclutando voluntarios para su desarrollo, como es el caso que nos ocupa.

Lo que más me llama la atención es lo novedoso del concepto detrás del tratamiento relatado, ya que de acuerdo con el Dr. Zinman, “al recibir el cuerpo dosis masivas de insulina, el páncreas recibe un descanso y la diabetes prácticamente se va, dado que ahora el páncreas puede fabricar suficiente insulina”. Es ampliamente sabido que la diabetes tipo 2 se manifiesta cuando el páncreas ya no produce suficiente insulina o cuando ésta ya no tiene la calidad necesaria para ser correctamente utilizada por las células y que parte del tratamiento de la insulina se basa en medicamentos que incrementan la producción de insulina o estimulan los mecanismos de absorción. Sin embargo, eventualmente se llegará a la necesidad de recurrir a la insulina inyectada en dosis diarias para controlar la glucosa en sangre.

Además de la administración de insulina durante un mes, se está administrando en modelo de prueba doble ciego, una inyección diaria de Liraglútida (GLP-1), un péptido similar al Glucagón, del cual hablaré más ampliamente en otra entrada. Baste decir que se trata de uno de los medicamentos de última generación para el tratamiento de la diabetes tipo 2.

Bueno, pues la idea de este tratamiento con insulina y la posterior administración del medicamento Liraglútida es evaluar que tanto se mantiene la remisión de la diabetes 2 en los pacientes sometidos al tratamiento. Hasta lo que encuentro en los reportes, hay diferencia en cuanto a los periodos de remisión, tanto así, que no existe ningún dato aun sobre la duración de estos.

Por lo que se refiere al rigor científico con que estos estudios deben realizarse antes de arrojar resultados publicables y posteriormente servir de base a un tratamiento médicamente aprobado, pasarán posiblemente varios años, pero al menos hoy tenemos una rendija más a donde asomar nuestra esperanza hacia las posibilidades que la investigación está aportando de manera cada vez más acelerada para que los que vivimos con diabetes o la siguiente generación sufran menores penurias que las que cotidianamente nos ha repartido la lotería genética.