
Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos, que son dos hormigueros solitarios...
Miguel Hernández (fragmento)
Una vez que he dejado atrás los estados de ánimo que se pueden describir con la frase “ando volando bajo…” y retomo altura emocional, me siento listo nuevamente para reiniciar con la línea de los cuidados y los descuidados en la vida con diabetes mellitus y comenzaré con analizar las complicaciones crónicas con mucha serenidad, tranquilidad y con la certeza de que ya sabemos que nuestra prioridad es conservar un buen estado de salud, a pesar, muy a pesar de vivir con diabetes. Si bien no quiero tomar un orden específico para tratar éstas, tomaré algunas, las de mayor impacto y frecuencia de ocurrencia, para ir ilustrando de forma breve pero lo más completamente posible, cuáles son y cómo nos afectan estas complicaciones.
Así que como ya adivinamos por el fragmento del verso a la entrada, el tema hoy son los desórdenes que la diabetes causa al sentido de a la vista.
Hay varios trastornos en los ojos relacionados con la diabetes que pueden causar desde una disminución de la visión, hasta la ceguera total si no se detectan a tiempo y se tratan adecuadamente. Estos son la visión borrosa por hiperglucemia, cataratas, glaucoma y la famosa y temida retinopatía diabética.

La visión borrosa es provocada cuando aumenta el contenido de glucosa en la sangre y tiende a normalizarse cuando bajan los niveles de glucosa a rangos normales. Si bien es una molestia menor, es un buen indicador de un descontrol en nuestros cuidados y puede servir como mecanismo de alarma, aunque es mucho más preferible que no ocurra ya que eso implica un control saludable; además, con el tiempo y el descontrol se van dando las condiciones para precipitar otras complicaciones en los ojos y otros órganos y sistemas.
Las cataratas (degeneración macular), pueden darnos a cualquier persona con o sin diabetes ya que conforme envejecemos se empieza a enturbiar el cristalino y se produce una visión borrosa que se corrige fácilmente con una cirugía menor. En el caso de la diabetes, esta condición se presenta mucho más temprano que en las personas normales. Si bien el principal factor de riesgo es el tiempo de padecer diabetes, hay diferencias entre la gente joven y mayor con respecto a riesgos adicionales. Mientras en la gente joven se añaden los factores de envejecimiento, historial pasado o terapia láser, proteinuria, hemoglobina glucosilada elevada o terapia de aspirina diaria para el riesgo de cirugía de catarata, en la gente mayor, aparte de una edad avanzada, la terapia con insulina se asocia con el riesgo de cirugía.
El glaucoma es otra enfermedad del ojo que se presenta con mayor frecuencia en personas con diabetes y ocurre cuando se incrementa la presión ocular, dañando el nervio óptico lo que se provoca reducción de la visión periférica o lateral y afectación de la cornea. Aunque rara vez se mencionan, existen varios tipos de glaucoma según la forma que afectan la visión, tal como el glaucoma de ángulo abierto, de ángulo cerrado, rubeótico y otros de tipo primario y secundario. Para tratar el glaucoma es necesario tratarlo con medicamento, gotas (colirios), hipotensoras o cirugía láser.
La retinopatía diabética es la más común y más grave de las afecciones de los ojos causadas por la diabetes. Aunque los pacientes bajo régimen de insulina son más propensos a desarrollarla, cualquier persona con diabetes puede padecerla. Hay dos tipos de retinopatía, la no proliferativa y la proliferativa, siendo esta última una evolución de la primera. Por causa de la diabetes, los vasos sanguíneos se debilitan y dado que los vasos en los ojos son pequeños tienden a producir sangrado, a reventarse o a taparse. A este debilitamiento de los vasos en los ojos es lo que se denomina retinopatía diabética y provoca una inflamación en la retina produciendo pérdida de la visión. Por otro lado, cuando lo que ocurre es un taponamiento, partes de la retina comienzan a morir (infarto) por falta de oxígeno y nutrientes aportados por la sangre produciendo pérdida de la visión en la zona afectada. Sin embargo como el organismo trata de compensar la pérdida de irrigación, desarrolla nuevos vasos para librar el vaso tapado, a veces saturando la retina y como son vasos muy débiles, se rompen a continuación sangrando dentro de la retina. A esta formación masiva de nuevos vasos se le denomina “proliferación” de vasos sanguíneos y al sangrar daña definitivamente la retina y si se extiende puede alcanzar al cuerpo vítreo dificultando así el paso de la luz a la retina.
El mejor tratamiento es la prevención aunque en algunos casos cuando ya está instalada la retinopatía hay la opción de cirugía láser para cauterizar los vasos y controlar la proliferación y derrames, pero en dicha etapa el riesgo de ceguera es enorme.
El glaucoma es otra enfermedad del ojo que se presenta con mayor frecuencia en personas con diabetes y ocurre cuando se incrementa la presión ocular, dañando el nervio óptico lo que se provoca reducción de la visión periférica o lateral y afectación de la cornea. Aunque rara vez se mencionan, existen varios tipos de glaucoma según la forma que afectan la visión, tal como el glaucoma de ángulo abierto, de ángulo cerrado, rubeótico y otros de tipo primario y secundario. Para tratar el glaucoma es necesario tratarlo con medicamento, gotas (colirios), hipotensoras o cirugía láser.
La retinopatía diabética es la más común y más grave de las afecciones de los ojos causadas por la diabetes. Aunque los pacientes bajo régimen de insulina son más propensos a desarrollarla, cualquier persona con diabetes puede padecerla. Hay dos tipos de retinopatía, la no proliferativa y la proliferativa, siendo esta última una evolución de la primera. Por causa de la diabetes, los vasos sanguíneos se debilitan y dado que los vasos en los ojos son pequeños tienden a producir sangrado, a reventarse o a taparse. A este debilitamiento de los vasos en los ojos es lo que se denomina retinopatía diabética y provoca una inflamación en la retina produciendo pérdida de la visión. Por otro lado, cuando lo que ocurre es un taponamiento, partes de la retina comienzan a morir (infarto) por falta de oxígeno y nutrientes aportados por la sangre produciendo pérdida de la visión en la zona afectada. Sin embargo como el organismo trata de compensar la pérdida de irrigación, desarrolla nuevos vasos para librar el vaso tapado, a veces saturando la retina y como son vasos muy débiles, se rompen a continuación sangrando dentro de la retina. A esta formación masiva de nuevos vasos se le denomina “proliferación” de vasos sanguíneos y al sangrar daña definitivamente la retina y si se extiende puede alcanzar al cuerpo vítreo dificultando así el paso de la luz a la retina.
El mejor tratamiento es la prevención aunque en algunos casos cuando ya está instalada la retinopatía hay la opción de cirugía láser para cauterizar los vasos y controlar la proliferación y derrames, pero en dicha etapa el riesgo de ceguera es enorme.
Nuevamente, no hay como el cuidado constante como la mejor línea de defensa antes de que las complicaciones se conviertan en problemas de salud que nos puedan causar una incapacidad permanente.
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