
Hace unos días, recordando los comentarios que se reciben a las notas que dejo caer por este espacio, hay uno de ceci –así se firma-, en la que me menciona que en Guadalajara, ya está la posibilidad de realizar transplantes de células como método para curar la diabetes.
Aunque no tengo el dato con precisión, ya hace por lo menos seis años que escuché por vez primera lo que se ha venido divulgado del famoso método de transplante de células -isletas con sus correspondientes células beta, para ser más específico-, para tratar casos severos de diabetes tipo 1 (DM1), donde el tratamiento con insulina no está dando resultado. Este método que restituye la función de las células beta en el organismo, no es algo así como cambiar una pieza de repuesto y ya, el paciente está curado. Lamentablemente, aunque el método quirúrgico es razonablemente sencillo, son la dificultad para conseguir las células beta y los cuidados post transplante los que impiden hacer este método algo así como la cura universal para, al menos, la DM1.
Veamos cómo funciona esta técnica del transplante, compartiendo la información más actualizada que pude conseguir de la famosa Clínica Mayo (Mayo Clinic). Primero que nada, hay que considerar que aunque no es nuevo, este procedimiento aun se le denomina “experimental” pues falta mucho para considerarlo un método seguro y libre de problemas. Lo primero que hay que hacer es inscribirse en un protocolo de investigación médica ya que esta técnica es aun considerada experimental; a continuación hay que conseguir páncreas provenientes de donantes para obtener las células beta activas para ser transplantadas al cuerpo del receptor. Como nota adicional, hay que anotarse en una lista de espera donde tienen prioridad de recibir transplante los pacientes que requieran el órgano completo y si no hay compatibilidad, solamente entonces se asigna a quien requiera solamente el transplante de las isletas.
Ahora ya listos para el transplante, primero se prepara en el laboratorio mediante la extracción y purificación de las células beta provenientes del páncreas donador. Con frecuencia se requieren dos o más páncreas para un solo transplante de células beta. Luego, un especialista realiza el transplante mediante la técnica de hacer una incisión en la vena porta para inyectar al hígado –sí, al hígado y no al páncreas, ya que éste es menos accesible-, donde las células beta se alojan en los pequeños vasos sanguíneos y una vez ahí, comienzan a producir insulina. Sin embargo existen algunos riesgos asociados a este procedimiento, tales como sangrado o generación de trombos.
Una vez realizado el transplante, si éste tiene éxito, las células beta necesitan un tiempo para activarse y comenzar a funcionar correcta y plenamente, por lo que hay que realizar un monitoreo cuidadoso de los niveles de glucosa en sangre y aplicar insulina cuyas dosis irán disminuyendo gradualmente conforme las nuevas células van tomando su nivel normal de operación. Como complemento a este procedimiento, ahora habrá que tomar depresores del sistema inmune ya que recordemos que la DM1 es el resultado de un ataque y destrucción de las células beta del páncreas por un proceso autoimune que, desafortunadamente, no se corrige con el transplante de células beta y el organismo seguirá intentando destruir a las recién llegadas a menos que se mantenga de por vida una terapia de depresión al sistema inmunológico. Ello puede llevar a desarrollar ciertos efectos indeseables como ganancia de peso, acné, aparición o incremento de vello facial, malestares estomacales o diarrea; sin embargo se puede alcanzar un equilibrio de los medicamentos, aunque se trata de un equilibrio muy delicado que además de los medicamentos para el sistema inmune, requiere una dieta muy bien cuidada y un monitoreo preciso y continuo una vez que se da de alta al paciente.
A la pregunta de la tasa de éxito en estos procedimientos, ya el panorama no es tan optimista, puesto que se encontró que de treinta y seis pacientes originalmente transplantados con éxito, después de un año solo el cuarenta por ciento permaneció sin requerir terapia de insulina y al cabo de dos años, solamente un catorce por ciento se mantuvo sin requerir insulina.
Ahora bien, ¿si el transplante falla? Bueno, lo que queda es regresar a la insulina inyectada ya que probablemente haya sido de nuevo el sistema inmunológico quien haya vuelto a hacer de las suyas y en el proceso hubiese tenido éxito al destruir las nuevas células beta. Sin embargo las investigaciones siguen con mucho entusiasmo y no hay que perder la esperanza.
De cualquier manera la intención de esta entrada es la de compartir dos noticias que se publicaron la semana pasada en diferentes medios y que quiero compartirles:
Una es con respecto a que un equipo de investigadores encontró una técnica para realizar transplantes de células beta de forma exitosa sin necesidad de recurrir a la terapia de inmunodepresión, la cual esta funcionando en ratones y se espera completar las pruebas para implementarla en seres humanos. El desarrollo se está llevando a cabo en el Well Cornell Medical College, en la ciudad de New York, USA.
La otra noticia y que va en el mismo tema, pero con una ambición científica de mucho mayor alcance y que pudiera incluso abarcar una cura definitiva no solo para la DM1, sino también para la DM2, por lo mismo, mucho más controvertida, se trata de la investigación sobre las células madre. Sale ayer la noticia que el Dr. Elias A. Zerhoundi Jefe del NIH (Institutos Nacionales de Salud, de USA), compareció ante un panel de senadores para que se cancele la prohibición de investigar en células de embriones fertilizados, lo que podría dar un enorme impulso al desarrollo de la medicina y la ciencia, ya que ante el incremento de problemas de salud “se encuentran con una mano atada a la espalda”. Lo interesante es que el senado ya había aprobado la ley que permite la investigación científica y el actual presidente -sí el carismático George W. Bush, decretó un veto que ha frenado la investigación en este rubro.
Para terminar la nota de hoy, dejo dos datos de sumo interés: Primero, que el NIH cuenta con un presupuesto de investigación de unos 28,000’000,000 dólares, sí la lectura es correcta, veintiocho mil millones de dólares y lo segundo, es que el único veto de la presidencia del Sr. Bush ha sido precisamente a esta línea de investigación.
Sin comentarios.
Aunque no tengo el dato con precisión, ya hace por lo menos seis años que escuché por vez primera lo que se ha venido divulgado del famoso método de transplante de células -isletas con sus correspondientes células beta, para ser más específico-, para tratar casos severos de diabetes tipo 1 (DM1), donde el tratamiento con insulina no está dando resultado. Este método que restituye la función de las células beta en el organismo, no es algo así como cambiar una pieza de repuesto y ya, el paciente está curado. Lamentablemente, aunque el método quirúrgico es razonablemente sencillo, son la dificultad para conseguir las células beta y los cuidados post transplante los que impiden hacer este método algo así como la cura universal para, al menos, la DM1.
Veamos cómo funciona esta técnica del transplante, compartiendo la información más actualizada que pude conseguir de la famosa Clínica Mayo (Mayo Clinic). Primero que nada, hay que considerar que aunque no es nuevo, este procedimiento aun se le denomina “experimental” pues falta mucho para considerarlo un método seguro y libre de problemas. Lo primero que hay que hacer es inscribirse en un protocolo de investigación médica ya que esta técnica es aun considerada experimental; a continuación hay que conseguir páncreas provenientes de donantes para obtener las células beta activas para ser transplantadas al cuerpo del receptor. Como nota adicional, hay que anotarse en una lista de espera donde tienen prioridad de recibir transplante los pacientes que requieran el órgano completo y si no hay compatibilidad, solamente entonces se asigna a quien requiera solamente el transplante de las isletas.
Ahora ya listos para el transplante, primero se prepara en el laboratorio mediante la extracción y purificación de las células beta provenientes del páncreas donador. Con frecuencia se requieren dos o más páncreas para un solo transplante de células beta. Luego, un especialista realiza el transplante mediante la técnica de hacer una incisión en la vena porta para inyectar al hígado –sí, al hígado y no al páncreas, ya que éste es menos accesible-, donde las células beta se alojan en los pequeños vasos sanguíneos y una vez ahí, comienzan a producir insulina. Sin embargo existen algunos riesgos asociados a este procedimiento, tales como sangrado o generación de trombos.
Una vez realizado el transplante, si éste tiene éxito, las células beta necesitan un tiempo para activarse y comenzar a funcionar correcta y plenamente, por lo que hay que realizar un monitoreo cuidadoso de los niveles de glucosa en sangre y aplicar insulina cuyas dosis irán disminuyendo gradualmente conforme las nuevas células van tomando su nivel normal de operación. Como complemento a este procedimiento, ahora habrá que tomar depresores del sistema inmune ya que recordemos que la DM1 es el resultado de un ataque y destrucción de las células beta del páncreas por un proceso autoimune que, desafortunadamente, no se corrige con el transplante de células beta y el organismo seguirá intentando destruir a las recién llegadas a menos que se mantenga de por vida una terapia de depresión al sistema inmunológico. Ello puede llevar a desarrollar ciertos efectos indeseables como ganancia de peso, acné, aparición o incremento de vello facial, malestares estomacales o diarrea; sin embargo se puede alcanzar un equilibrio de los medicamentos, aunque se trata de un equilibrio muy delicado que además de los medicamentos para el sistema inmune, requiere una dieta muy bien cuidada y un monitoreo preciso y continuo una vez que se da de alta al paciente.
A la pregunta de la tasa de éxito en estos procedimientos, ya el panorama no es tan optimista, puesto que se encontró que de treinta y seis pacientes originalmente transplantados con éxito, después de un año solo el cuarenta por ciento permaneció sin requerir terapia de insulina y al cabo de dos años, solamente un catorce por ciento se mantuvo sin requerir insulina.
Ahora bien, ¿si el transplante falla? Bueno, lo que queda es regresar a la insulina inyectada ya que probablemente haya sido de nuevo el sistema inmunológico quien haya vuelto a hacer de las suyas y en el proceso hubiese tenido éxito al destruir las nuevas células beta. Sin embargo las investigaciones siguen con mucho entusiasmo y no hay que perder la esperanza.
De cualquier manera la intención de esta entrada es la de compartir dos noticias que se publicaron la semana pasada en diferentes medios y que quiero compartirles:
Una es con respecto a que un equipo de investigadores encontró una técnica para realizar transplantes de células beta de forma exitosa sin necesidad de recurrir a la terapia de inmunodepresión, la cual esta funcionando en ratones y se espera completar las pruebas para implementarla en seres humanos. El desarrollo se está llevando a cabo en el Well Cornell Medical College, en la ciudad de New York, USA.
La otra noticia y que va en el mismo tema, pero con una ambición científica de mucho mayor alcance y que pudiera incluso abarcar una cura definitiva no solo para la DM1, sino también para la DM2, por lo mismo, mucho más controvertida, se trata de la investigación sobre las células madre. Sale ayer la noticia que el Dr. Elias A. Zerhoundi Jefe del NIH (Institutos Nacionales de Salud, de USA), compareció ante un panel de senadores para que se cancele la prohibición de investigar en células de embriones fertilizados, lo que podría dar un enorme impulso al desarrollo de la medicina y la ciencia, ya que ante el incremento de problemas de salud “se encuentran con una mano atada a la espalda”. Lo interesante es que el senado ya había aprobado la ley que permite la investigación científica y el actual presidente -sí el carismático George W. Bush, decretó un veto que ha frenado la investigación en este rubro.
Para terminar la nota de hoy, dejo dos datos de sumo interés: Primero, que el NIH cuenta con un presupuesto de investigación de unos 28,000’000,000 dólares, sí la lectura es correcta, veintiocho mil millones de dólares y lo segundo, es que el único veto de la presidencia del Sr. Bush ha sido precisamente a esta línea de investigación.
Sin comentarios.
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