
Hoy me topo con la publicación del número de abril de 2007 –un poquitín adelantado a la fecha-, de la revista “American Journal of Public Healt”, en la que destaca un reporte sobre bebidas gaseosas (soft drinks), sodas o refrescos, como los llamamos en México, endulzados con azúcar –léase alta fructuosa- y que revela que en un análisis y revisión a ochenta y ocho estudios al respecto, realizado en el Centro Para las Políticas Sobre Comida y la Obesidad, en la Universidad de Yale, USA, encontraron que “no se puede negar que las bebidas –refrescos-, endulzadas con azúcar están teniendo un impacto negativo en la salud”, declaración aparentemente inocua, pero veamos el alcance de ese “impacto negativo en la salud”.
De acuerdo con el estudio, se concluye que “la recomendación de desalentar el consumo a nivel de la población consumidora estaría fuertemente apoyada en evidencia científica”. Mencionan los autores que uno de los estudios que se hizo a más de 91,000 mujeres por un período de ocho años, proporciona una de las correlaciones más impactantes entre los refrescos y los resultados negativos en la salud.
En dicho estudio, las mujeres que bebieron uno o más refrescos por día –cantidad por cierto por debajo del promedio nacional de consumo per cápita en los EEUU-, tuvieron dos veces más propensión a desarrollar diabetes que aquellas que bebieron un refresco o menos al mes. Un dato por demás interesante fue que al reemplazar el refresco normal por uno de dieta no se observó incremento en el riesgo, “sugiriendo que el riesgo es específico a los refrescos endulzados con azúcar”.
Como se menciona más adelante en el estudio “este resultado por si solo, despierta una preocupación seria sobre la ingesta se refrescos particularmente a la luz del incremento sin precedentes de la DM2 en niños”. Otro hallazgo del grupo de estudio fue que "a mayor consumo de refrescos hay una disminución proporcional del consumo de leche, calcio, frutas y verduras y se privilegia el consumo de otros alimentos ricos en carbohidratos". Adicionalmente, encontraron entre los estudios revisados, que los resultados sobre la relación: “refrescos consumidos – impacto a la salud”, difieren enormemente entre aquellos patrocinados por la industria refresquera y los de otras instituciones de investigación, siendo mucho más favorables hacia los primeros los que ellos mismos pagaron. Es en este punto en el que los intereses de la industria de refrescos pueden estar trabajando intensamente para imponer sus puntos de vista entre la población, distorsionando la realidad y poniendo en enorme riesgo de salud a quienes se dejan llevar por el peso de la publicidad.
Finalmente el estudio sugiere que "si bien en la población joven la decisión de consumo debe ser orientada por los padres como responsables primarios, en niños pequeños debería prohibirse su libre acceso a los refrescos y a las escuelas –lugar donde se comercializa estos productos de manera irrestricta-, declararlas zona sin refresco como medida adicional de protección".
Lo comentado anteriormente es sobre una serie de estudios realizados entre nuestros vecinos del norte; la llamada a la atención para México es que somos el segundo país en el mundo con mayor consumo de refrescos per cápita y eso, aparte de la tendencia racial – genética hacia la diabetes, nos pone en una situación de riesgo enorme pues, confirmando el estudio para la población americana, el refresco es un sustituto de alimentos con aporte nutricional adecuado, allá por moda, acá por limitantes económicos que orillan a nuestra población al sofisticado “canard a l’orange” (gansito con fanta para el desayuno), como única opción para “distraer” a la lombriz. Combinación rica en carbohidratos y ausente de nutrientes y fibra.
Nos queda mucho camino por recorrer como país y el reto es enorme por la desigualdad en ingresos y oportunidades tanto en términos económicos como en acceso a los servicios de salud. Por ello quienes tenemos la opción de acceder a una comida nutritiva, balanceada y adecuada, tenemos la obligación de obtener el máximo beneficio en términos de la propia salud y en la reducción de gastos catastróficos que la falta de cuidado implica. No caben los pretextos.
De acuerdo con el estudio, se concluye que “la recomendación de desalentar el consumo a nivel de la población consumidora estaría fuertemente apoyada en evidencia científica”. Mencionan los autores que uno de los estudios que se hizo a más de 91,000 mujeres por un período de ocho años, proporciona una de las correlaciones más impactantes entre los refrescos y los resultados negativos en la salud.
En dicho estudio, las mujeres que bebieron uno o más refrescos por día –cantidad por cierto por debajo del promedio nacional de consumo per cápita en los EEUU-, tuvieron dos veces más propensión a desarrollar diabetes que aquellas que bebieron un refresco o menos al mes. Un dato por demás interesante fue que al reemplazar el refresco normal por uno de dieta no se observó incremento en el riesgo, “sugiriendo que el riesgo es específico a los refrescos endulzados con azúcar”.
Como se menciona más adelante en el estudio “este resultado por si solo, despierta una preocupación seria sobre la ingesta se refrescos particularmente a la luz del incremento sin precedentes de la DM2 en niños”. Otro hallazgo del grupo de estudio fue que "a mayor consumo de refrescos hay una disminución proporcional del consumo de leche, calcio, frutas y verduras y se privilegia el consumo de otros alimentos ricos en carbohidratos". Adicionalmente, encontraron entre los estudios revisados, que los resultados sobre la relación: “refrescos consumidos – impacto a la salud”, difieren enormemente entre aquellos patrocinados por la industria refresquera y los de otras instituciones de investigación, siendo mucho más favorables hacia los primeros los que ellos mismos pagaron. Es en este punto en el que los intereses de la industria de refrescos pueden estar trabajando intensamente para imponer sus puntos de vista entre la población, distorsionando la realidad y poniendo en enorme riesgo de salud a quienes se dejan llevar por el peso de la publicidad.
Finalmente el estudio sugiere que "si bien en la población joven la decisión de consumo debe ser orientada por los padres como responsables primarios, en niños pequeños debería prohibirse su libre acceso a los refrescos y a las escuelas –lugar donde se comercializa estos productos de manera irrestricta-, declararlas zona sin refresco como medida adicional de protección".
Lo comentado anteriormente es sobre una serie de estudios realizados entre nuestros vecinos del norte; la llamada a la atención para México es que somos el segundo país en el mundo con mayor consumo de refrescos per cápita y eso, aparte de la tendencia racial – genética hacia la diabetes, nos pone en una situación de riesgo enorme pues, confirmando el estudio para la población americana, el refresco es un sustituto de alimentos con aporte nutricional adecuado, allá por moda, acá por limitantes económicos que orillan a nuestra población al sofisticado “canard a l’orange” (gansito con fanta para el desayuno), como única opción para “distraer” a la lombriz. Combinación rica en carbohidratos y ausente de nutrientes y fibra.
Nos queda mucho camino por recorrer como país y el reto es enorme por la desigualdad en ingresos y oportunidades tanto en términos económicos como en acceso a los servicios de salud. Por ello quienes tenemos la opción de acceder a una comida nutritiva, balanceada y adecuada, tenemos la obligación de obtener el máximo beneficio en términos de la propia salud y en la reducción de gastos catastróficos que la falta de cuidado implica. No caben los pretextos.
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