Hoy con las noticias de la mañana tanto de los noticieros de la televisión y la radio, así como en los diarios impresos que cotidianamente consulto, noté la difusión de la noticia sobre que El Congreso de la Unión retoma el análisis de la llamada “Ley de Comida Chatarra”, que pretende -entre otros objetivos-, prohibir la venta de la llamada comida chatarra en las escuelas y restringir forma y horarios de publicidad de la misma. De los asuntos que más llamaron mi atención alrededor de la noticia, fue la declaración de la Antropóloga Social y Especialista en Nutrición Miriam Bertrán, de la UAM Xochimilco, quién durante una entrevista realizada dentro del noticiario Once Noticias de canal 11 de televisión en su edición matutina, dijo con mucha sensatez –y cito de memoria con la correspondiente disculpa previa de errores u omisiones generados por incapacidad de retentiva neuronal-, que “habría que definir primero qué es y qué no es comida chatarra, ya que en los casos de las escuelas públicas, aparte de los productos empacados con marca de fábrica, se expenden alimentos de preparación casera que son ricos en harinas, grasas y azúcares directos y con nulo contenido de fibra”. Más o menos por ahí va el comentario. 
Por otro lado y para complementar la noticia, cito una del diario La Jornada, aparecido hoy mismo y que se intitula “Reviven diputados análisis sobre restricciones a comida chatarra” En la fuente que consulto –La Jornada en línea-, no acreditan al autor del artículo, omisión que inevitablemente mantendré. El artículo referido, además de relatar los dimes y diretes entre los diputados de facciones opuestas y las habituales descalificaciones y “sospechas” de decisiones que “ocultan aviesas traiciones a la patria y al pueblo”, se rescatan algunos aspectos de la discusión que me parecen sumamente interesantes. En primer lugar mencionan que “La primera modificación adicionaría la fracción nueve al artículo 115 de la Ley General de Salud para que la secretaría del ramo pueda promover investigaciones sobre los efectos del consumo de productos de bajo contenido nutricional y alto valor energético, del abuso en el consumo de los mismos y de las acciones para controlarlo. Mientras, la otra reforma sería para adicionar un párrafo al artículo 49 de la Ley Federal de Protección al Consumidor, y definir que no se podrán realizar promociones y ofertas sobre productos de bajo contenido nutricional y alto valor energético".Por supuesto que aquí se menciona a los grupos de interés económico y se les identifica con un grupo de cabildeo en bloque denominado “Con México” y menciona el mismo artículo –cito textual-, "a Bimbo, Barcel, Coca Cola, Grupo Gamesa, Jumex, Jugos del Valle, Nestlé de México, Sabritas, entre otros", como el enemigo a vencer o como el cómplice patrocinador del partido en el poder quién busca sobornar a los diputados para que no prospere la ley.
Confieso que aunque me encanta la política como concepto, no es la idea de este espacio convertirse en una palestra de opinión al respecto, ni mi interés primordial dedicarme a su ejercicio en este blog. Sin embargo, ya que el tema aludido lleva como destinatario final a los niños y atañe a un problema que sí es prioritario en este sitio, como lo es la diabetes, que en el caso de la DM2 se ha convertido en un elemento de grave preocupación por su reciente incidencia cada vez mayor y más grave entre la población infantil y que, además está íntimamente vinculada con la obesidad y el consumo excesivo de calorías y una carencia de actividad física, que tomo la palabra y arrojo mi temeraria opinión, que me temo contenga más elementos de crítica política de lo que quisiera.
Primero que nada, cuando enfrentamos cualquier tipo de problema, lo que corresponde a todo sano juicio es definirlo, entender su alcance, reconocer sus dimensiones y considerar si existen soluciones aplicables que permitan resolverlo. Si no somos capaces de realizar un análisis serio, objetivo e imparcial, no importa qué se diga o se haga, cualquier acción será en respuesta de un interés o una postura política y no en respuesta a una real solución apoyada en la razón y lógica correctas, cimientos de la formación científica.
Veamos los hechos:
A) Hay una tasa creciente de obesidad infantil en México. Es una realidad que podemos constatar en la vida diaria donde observamos cada vez mayor número de niños con sobrepeso.
B) Los patrones de alimentación se han modificado en la población mexicana. Cada vez es menor el número de personas –mujeres en su mayoría-, que cocinan en casa una dieta balanceada y nutritiva, por lo que va en ritmo creciente la popularidad de la comida instantánea o la comida en fondas o restaurantes.
C) En el caso de los niños en el sistema escolar, va en aumento el número de familias que optan por permitir que sus hijos omitan el desayuno en casa y les dan dinero para que compren “algo” en la escuela ya sea para desayuno o el “lunch” o ambos.
D) Los niños en las escuelas tienen opciones múltiples de acceder a la comida chatarra, desde los puestos que se instalan en el exterior de las escuelas, pasando por la cooperativa escolar y la “vendimia” que funciona en los recesos o recreos y los alimentos con contenido nutritivo son escasos o inexistentes.
E) No hay educación para una correcta y sana nutrición al alcance de los niños, ni se puede dejar a su libre arbitrio la elección de lo que comen, ya que difícilmente ésta sería de una forma sana ni correcta.
F) Se han perdido los espacios de recreación lúdica donde los niños puedan moverse libremente sin riesgos ni amenaza a su integridad. Me refiero a la inseguridad creciente que expone a los pequeños a convertirse en víctimas de traficantes y pedófilos, peligros de reciente aparición pero efectivos en alejar a las familias de los espacios públicos de esparcimiento sano.
G) Se privilegian las largas permanencias frente a las pantallas de televisión, monitores de computadoras o consolas de videojuegos, con la consecuente inmovilidad.
En resumen, se han perdido los buenos esquemas de alimentación, se come de más y se deja de hacer ejercicio. Causas más que sabidas para originar los problemas conocidos de obesidad, hipertensión, dislipidemia y diabetes, pero que aparecen con treinta años de anticipación en un estrato de la población que debería crecer sana y vivir sana por muchos años antes de contraer una enfermedad como la DM2 que les producirá en una etapa muy temprana, las complicaciones y discapacidad que presentamos los adultos, muy adultos con DM2 y seguramente, una muy desagradable muerte prematura.
Aquí es donde comienzan las preguntas que, por lo que leo y veo no se han hecho nuestros esforzados legisladores, que al igual que las amas de casa que recurren a la comida instantánea –chatarra en su totalidad-, para resolver un problema de tiempo para “cocinar rápida aunque no adecuadamente”, así los señores diputados y senadores –sí, con minúscula, no se merecen más-, prefieren “soluciones chatarra”, así sin cocinarlas, que resuelvan “pa taparle el ojo al macho”, mexicanísima expresión para expresar lo mal hecho pero que se pretende se vea bien, legislando o evitando legislar, en contra de un tipo específico de comida chatarra, más que tratando de impulsar soluciones que resuelvan de fondo el problema.
El problema aquí es que el asunto que se pretende resolver no tiene una solución tan simple como para plasmarla en una ley, ya que algunas preguntas son:
¿Sólo son responsables del problema las transnacionales productoras de “alimentos transformados”?
¿Dicha ley realmente será obedecida incuestionablemente por el hecho de ser promulgada?
¿Una ley que restrinja mi libre acceso a un determinado tipo de comida es compatible con los principios de la constitución?
¿Es realmente necesario o suficiente prohibir la comida chatarra para resolver el problema de la obesidad infantil y su potencial daño a la salud?
¿Es la comida chatarra intrínsecamente mala o dañina por sus ingredientes, su higiene, su frescura o método de preparación?
¿Si se logra reducir el consumo de comida chatarra proveniente de empresas transnacionales, qué impacto tendrá el triunfo de dicha iniciativa sobre la tasa de desempleo?
¿Hay alguna alternativa de empleo viable y razonable si se logran cerrar las transnacionales que producen, distribuyen y venden comida chatarra?
¿La comida que se fabrica a nivel casero y se expende en la calle (churros, donas, chicharrones, papas fritas, frituras, raspados y nieves de sabores, tamales y sus respectivas tortas de tamal, muéganos, morelianas, etc.), no son también comida chatarra?
¿Estará dicha comida chatarra no transnacional incluida en el control de la ley?
¿La prohibición de publicitar comida chatarra incluirá los letreros que portan los ambulantes en el periférico durante las horas pico?
¿La ley prevé un cambio en los hábitos en que los padres educan a los hijos?
¿Cuando la comida chatarra es la única o la principal fuente de calorías de la familia, con qué van a sustituir esas personas su demanda alimenticia?
Con estas y otras muchas preguntas que me saltan a la mente, me cuestiono cuándo los legisladores y los políticos en general se decidirán a tomar en serio su trabajo y dejar de buscar “proyectos medalla”, que les hagan aparecer bien en la foto, sonrientes y soberbios de autocomplacencia como si realmente trabajaran, en vez de que solo saquen mamotretos legales que estorben a la sana vida diaria en lugar de tomar conciencia de la real dimensión del problema y ponerse a colaborar con “el enemigo” -que no adversario político-, para vencer al antagonista común que en este caso es la obesidad infantil y las muy predecibles consecuencias sobre la salud de los chiquillos y chiquillas que no merecen ser víctimas de la DM2. Como lo único que saben hacer en el congreso son leyes, la petición, el ruego, la súplica sería que al menos lo hagan con la seriedad que el tema merece, que no las hagan con la ya visible intención de dañar al adversario percibido con artículos dedicados a tal o cual empresa o persona, sino con una visión realmente patriótica que busque una solución a fondo desde el origen del problema que no es otro que ignorancia. La educación es el mejor antídoto a ésta y por ahí deberían comenzar a deshebrar la madeja, mas que con leyes restrictivas de dudosa efectividad.
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