domingo, 5 de agosto de 2012

Tomando temas prestados.



El Pasado 16 de julio pocos días hace, falleció Stephen R. Covey, uno de los gurús de negocios más influyentes entre las décadas de los noventas, hasta la actualidad. Aunque este espacio no está dedicado a tomar asuntos de la administración de empresas, el recordar a Mr. Covey tiene una razón muy particular, para lo cual hago un poco de memoria al respecto.

El pilar de su famoso negocio de consultoría se basó en el concepto convertido en éxito editorial denominado “Los 7 hábitos de la Gente Altamente Efectiva” y en ese numerito está la base del tema de hoy. La referencia la anoto, puesto que uno de los efectos que tuvo este enfoque de los 7… que tomó y retomó usándolo para escribir múltiples libros que trataron temas que abarcaron desde la administración del tiempo laboral y personal, hasta el relacionado con la educación de los hijos, pasando por la construcción de un matrimonio exitoso. El común denominador, es que siempre se trataba de 7 principios que él iba elaborando a lo largo de cada uno de sus libros. Como resultado, he visto aparecer cada vez con más frecuencia, grupos de recomendaciones, principios, consejos, etc. que se enumeran en grupos de siete, en vez del tradicional “decálogo” que iniciando con los bíblicos mandamientos, se había convertido en el referente. Este nuevo enfoque de concentrar en siete, ha encantado pues tiene un toque de modernidad y es, sin dudarlo, muy original.

Una vez que estamos en el enfoque de los siete, paso a justificar el título de la entrada y es que navegando por la página de la Federación Mexicana de Diabetes, ejercicio que hago frecuentemente con el ánimo de encontrar novedades -ejercicio que nunca falla-, me encontré una colección de preceptos titulada “7 puntos que nos conducen al camino saludable”. Título que además de contener el cabalístico número siete, suena de lo más Zen.

Pero al revisar los siete puntos publicados, me parecen de una sencillez estupenda y el compartirlos así, tal cual y sin ningun comentario adicional será suficiente en esta ocasión. Mi sugerencia al respecto es el de hacer una lectura pausada, cuidadosa e ir digiriendo cada uno de los consejos o puntos según los nombra el documento y hacer el análisis de cuáles ya incorporamos a nuestra vida diaria y ponernos una palomita de aprobado y los que aun no, ponerles una fecha para alcanzar la meta.
  
1. Comer saludablemente: Llevar un plan de alimentación personalizado y adecuado a las necesidades y gustos de la familia es básico para nutrirnos bien, para mantener o conseguir un peso adecuado y sobre todo para controlar nuestros niveles de glucosa. 
2. Mantenerse activo: Establecer un plan de actividad física constante y de acuerdo a nuestra condición personal ayuda a normalizar los niveles de glucosa y contribuye al control metabólico. Caminar 30 minutos diarios 6 veces a la semana es suficiente para a ver resultados. 
3. Medir constantemente los niveles de glucosa: Llevar un registro diario de estas cifras proporciona una herramienta de gran ayuda para el médico y el educador en diabetes. Permite la modificación del tratamiento con base en la observación de las fluctuaciones de glucosa. 
4. Seguir el tratamiento médico: Los antidiabéticos orales y la insulina apoyan en el control de los niveles de glucosa. 
Es necesario conocer su función y los efectos que producen en el organismo, así como sus horarios. Todo esto deberá relacionarse con los alimentos y la actividad física. 
5. Aprender a enfrentar retos cotidianos: LA EDUCACIÓN es la piedra angular en el control de la diabetes. Un paciente que se conoce y que conoce su condición reduce la posibilidad de presentar complicaciones y, por ende, garantiza una mejor calidad de vida. 
6. Tomar una actitud positiva y adaptarse sanamente al nuevo estilo de vida: Implementar técnicas que ayuden a relajarse y a incorporar la diabetes a la vida para aprender a vivir mejor con ella. 
7. Reducir riesgos: Aprender sobre las complicaciones agudas y crónicas de la diabetes y cómo prevenirlas. Además es importante iniciar una revisión periódica por especialistas (oftalmólogo, odontólogo, etc.) para su detección y control oportuno.

Hasta la próxima entrada.

martes, 31 de julio de 2012

Diabetes tipo 2 y el correcto autocontrol. ¿Es posible acaso? (Parte 3)



Continuando con el tema y con la intención de concluir esta breve serie –que no el tema que tiene mucho de donde cortar-, sigo adelante con esta entrada en la que quisiera ver otros aspectos relacionados con el correcto autocontrol.

Si resumimos las anteriores entradas que versan de manera principal sobre el documento denominado “Autocontrol de la glucemia en la diabetes de tipo 2 sin tratamiento con insulina”, observamos que se trata de una serie de recomendaciones a los profesionales de la salud sobre la forma de obtener datos confiables en base a parámetros estándar en cuanto a frecuencia y horarios en la toma de muestra en un esquema denominado ACG. Esto tiene la doble ventaja que le da al cuerpo médico una medida estandarizada como base para medir la efectividad del tratamiento prescrito, como al paciente una rutina de auto monitoreo que le otorga un marco de referencia y disciplina que le puede aportar a llevar un mejor estilo de vida con mayor apego a las medidas prescritas. 

 Pero además de uno picarse los dedos con mucha dedicación y constancia para obtener ritualmente el valor que el cuerpo médico solicita y, aceptémoslo, nos va dando la precisión del dato para vivir tranquilos o en angustia, según sea el caso, hay mucho más en el menú que el tomarse medición de la glucosa o ir al médico o a los análisis periódicos en laboratorio. En este menú cabe ese listado de acciones, cuidados, conciencia y bien hacer que nos ayuda a “ir tirando” a falta de un metabolismo saludable. 

Si lo dividimos en áreas para poder ir desmenuzándolo, aunque sepamos que al final se trata de acciones que van, como en la sopa de pollo, que aunque hagamos la lista de ingredientes, nunca tendremos una buena sopa de pollo si los ingredientes no van mezclados en la proporción y sazón adecuados. 

Así pues, comenzamos, precisamente, con la alimentación. Este tema ya me ha obligado a escribir un montón de veces con diferentes enfoques y siempre, siempre, habrá algo nuevo que agregar. Por ejemplo, el concepto de dieta y para mejorarle, el de dieta de diabético. Interesante, ¿no? Pero sencillamente complicado o para aclararlo más, complicadamente sencillo. Primero que nada y pregonando nuevamente el concepto, dieta tiene hoy en día el concepto más equivocado posible puesto que se ha convertido –erróneamente- en sinónimo de privación, hambre y alimentarse de cosas que no tienen sabor o, peor aún, saben a rayos. Por extensión, dieta de diabético es lo mismo, pero peor puesto que se cree que a un diabético se le debe prohibir que coma cualquier cosa que tenga más sustancia que una hoja de lechuga y sin sal ya que sufrimos de la presión. 

 Nada más equivocado que esos pensamientos. Una dieta es simple y sencillamente lo que en un día come una persona, cualquier persona, sin estar limitado el concepto ni a la calidad ni la cantidad. Es decir, si soy atleta de alto rendimiento y como una dieta abundante en proteínas y carbohidratos, esa es mi dieta; si soy diabético y como una dieta balanceada con restricciones en cantidad y contenido energético de lo que entra en mi plato, esa es mi dieta. Es decir, la dieta se define a partir de lo que como en el día a día y no al revés. Por eso, a veces es un poco difícil aceptar el concepto y hay quien para quitarse de encima el peso de la palabreja, le llaman plan de alimentación. Como quiera que se llame, lo importante es que mi dieta sea sana, suficiente, atractiva y sabrosa. Si cuento con la asesoría de personas expertas en nutrición, me orientarán sobre qué es recomendable y qué no para mi dieta. 

Por otro lado, se ha demostrado en evidencias arqueo antropológicas que los humanos requerimos de hacer mucho ejercicio para evitar que el llamado “gen ahorrador” nos lleve a ganar peso acumulando grasa y por sedentarismo adquirir o empeorar la condición de diabéticos. Por ello, moverse en grado de ejercicio aporta también una enorme contribución a nuestro bienestar. El sueño es otro factor que aunque poco considerado, comienza a demostrar su importancia en los desórdenes de tipo metabólico, la diabetes como el más importante y el dormir bien o mal está siendo cada vez más observado ya que en una serie de estudios de campo se ha encontrado que la falta de sueño, el insomnio o el realizar trabajos nocturnos eleva el contenido de glucosa en sangre, además de que favorece la aparición de obesidad o su incremento si ya estaba presente cuando la condición de falta de sueño se presenta. Entonces, dormir bien se convierte en parte de la receta para un auto cuidado exitoso. 

Medicamentos es el siguiente ingrediente a considerar. Ya fuimos al médico, nos dieron nuestro plan de autocontrol de la glucemia (ACG), nuestro plan de alimentación (dieta, para los que no temen pronunciar su nombre), nos recomendaron una rutina de ejercicio y nos recetaron algún medicamento o combinación a tomar en períodos específicos del día. Lo que sigue, es apegarse con mucha precisión a todo el tratamiento y seguir al pie de la letra la receta recibida. 

Para el día de hoy, solo me queda un ingrediente para añadir a la receta. Aprendizaje y mucho, el más que se pueda. Entre más sepamos de nuestra enfermedad, menos trabajo nos costará cuidarnos y será más fácil apegarnos a nuestro tratamiento integral. Recordemos que el conocimiento es poder y en el caso de la diabetes, me da el poder sobre el control de la enfermedad de acuerdo con una consulta informada, donde me queda claro que es lo correcto por hacer, me permite eliminar mitos infundados y quizás lo más importante, mantenerme alejado de los charlatanes, los remedios cuestionables y los peores de todos, los productos milagro. Así pues sin dar un curso de cocina, ya tenemos nuestra “sopa de pollo” para el auto cuidado de la diabetes. Ahora lo que queda es incorporarla diario a nuestro estilo de vida.

En fin, he llegado al final de esta serie, que no del tema y como siempre, quedo abierto a comentarios, opiniones y cualquier información que ayude a arrojar buena luz sobre el tema.

jueves, 19 de julio de 2012

Diabetes tipo 2 y el correcto autocontrol. ¿Es posible acaso? (Parte 2)



Siguiendo con la idea del Autocontrol de la Glucemia (ACG), me encuentro que el criterio que se busca establecer es precisamente que los pacientes con diabetes tipo 2 (DM2) no insulinodependientes (NID) podamos contar con un parámetro confiable de reporte al equipo médico que nos esté tratando, para que se pueda establecer un valor objetivo de cómo se comporta nuestro organismo de manera cotidiana y si hay alguna fluctuación importante a lo largo del día, la semana o el mes. De igual manera podemos ir generando un reporte numérico que pueda arrojar luz sobre si existen ciclos de variación de los niveles de glucosa o cómo vamos reaccionando al tratamiento prescrito para controlar la glucosa.

A veces los DM2 nos volvemos reacios o flojos o poco disciplinados para realizar el ritual del vampírico piquete tan necesario para medirnos la glucosa en sangre. El argumento más escuchado es el de ¿y para qué lo hago tan seguido si no uso insulina? O aquel de ¿y qué caso tiene picarme si cuando tengo el azúcar alta no puedo hacer nada para bajarla rápido? Esta última recientemente escuchada en un grupo de apoyo para diabéticos. O también la muy socorrida ¿si ya me sacan la Hemoglobina Glucosilada, para que me pico doble? En fin, ingenio y argumentos sobran, lo que realmente falta es tomar al toro por los cuernos y medirse de manera constante, disciplinada y efectiva los niveles de glucosa en sangre. La segunda parte de este sacrificado esfuerzo consiste en llevar un registro sin fallar y la última fase es cargar con nuestro registro y mostrárselo a nuestro equipo de especialistas médicos para que puedan darle el mejor uso posible a nuestro favor.

El punto más importante que no hay que perder de vista es que como DM2 NID tenemos que conocer nuestros niveles cotidianos de glucemias. Conocerlos de manera externa, es decir, con apoyo de un glucómetro pues sabemos que ya no podemos manejar glucemias normales en automático y sabemos de cierto y sin espacio para adivinanzas, que hay una curva pronunciada que se eleva entre la hora y media y dos horas después de los alimentos y decae paulatinamente –y en algunos casos súbitamente-, antes de los alimentos. Sabemos también que los ayunos prolongados no nos son benéficos y que lo ideal, dependiendo de cada caso, es que no dejemos pasar más de tres a cuatro horas sin tomar algún alimento o una colación que nos ayude a evitar que la “curva” de la glucosa fluctúe de manera brusca.

Bueno, como ya vimos, si además de los cuidados con los tiempos entre alimentos, la elección de un plan de alimentación sano, equilibrado, completo, variado y que nos deje satisfechos, adicionamos el ACG, podremos estar seguros de que nuestro control será razonablemente adecuado y, casualmente, ese éxito se verá reflejado en los resultados de las glucemias medidas.

Pero ya que hablamos de medir las glucemias y regresando un poco al documento “Autocontrol de la glucemia en la diabetes de tipo 2 sin tratamiento con insulina” que analizaba en la entrada anterior, encuentro que ahí se le sugiere a la comunidad médica una serie de “tomas de muestra” con diferentes esquemas y que tienen como objetivo ir dando parámetros de información de cómo reaccionamos a los tratamientos y como nos comportamos los azucarados pacientes.  

Antes de entrar en materia de los diferentes esquemas sugeridos, junto con una breve explicación de la información que los resultados aportarían a nuestro médicos, quiero hacer la distinción entre este monitoreo con glucómetro y los análisis periódicos a los que nos tenemos que someter. Primero que nada, siempre los análisis realizados en un laboratorio clínico serán de mayor exactitud que los hechos en casa con un aparato portátil, además de que para el caso de la Diabetes, se mide también la Hemoglobina Glucosilada (la famosa HbA1c) la que nos cuenta la historia del contenido de glucosa -en promedio- en un lapso de tres meses. Por otro lado, aunque menos precisa que la medida de laboratorio, la que hacemos con lanceta y glucómetro es una “instantánea” y la colección de instantáneas funciona para armar una película cuando ponemos los resultados en secuencia, entre más larga la secuencia, mejor. ¿La ventaja a pesar de su menor precisión? Mayor número de datos en el tiempo y la precisión del glucómetro es constante, por lo que las lecturas son confiables en el largo plazo.

Para dar mayor claridad al esquema de pruebas que se recomiendan, lo primero es exponer los valores de referencia que debemos alcanzar para considerarnos en control. Valores fuera de la siguiente tabla pudieran indicar un descontrol de la DM2 y requieren la interpretación de un especialista médico.



                                                           IDF (FID) AACE (AAEC) ADA (AAD)
HbA1c (%)                                                <6.5                <=6.5                 <7.0
Glucosa en ayunas (prepandrial) 
[mmol/L; mg/dL]                                       <6.0;<110       <6.0;<110         3.9-7.2; 70-130
Glucosa 2 horas después de las comidas
[mmol/L; mg/dL]                                        <7.8; <140 <7.8; <140 <10; <180*



*La ADA (AAD) recomienda que la medición de glucosa prepandrial se efectúe 1-2 horas después de iniciar la comida.
Abreviaturas: IDF (FID) Federación Internacional de Diabetes
AACE (AAEC) Asociación Americana de Endocrinólogos Clínicos
ADA (AAD) Asociación Americana de Diabetes.

Ya teniendo los parámetros de referencia, las preguntas son ¿cada cuándo me pico los dedos?, ¿a qué hora los hago? ¿Siempre es igual? Bueno, las respuestas, a continuación:

 Primero que nada, hay que ver que nuestro equipo médico conozca este documento, lo hayan estudiado y lo consideren adecuado para un correcto control. Luego, lo más seguro es que se nos pida seguir uno o varios de los esquemas siguientes:

Los llamados protocolos “focalizados o intensivos” que pretenden detectar patrones de glucosa en diferentes momentos del día y pueden ir desde 5 hasta siete tomas de muestra por día y realizarse por un período acotado de hasta tres días seguidos o bien, realizar un muestreo escalonado en los momentos pre y post padréales. Estos estudios -se le sugiere al médico-, se le solicitan al paciente cuando inicia su tratamiento de control o cuando el paciente comienza a desviar sus resultados de control contra un objetivo de máximos y mínimos proyectados.

Los otros protocolos, denominados de baja intensidad, se recomiendan para dar un seguimiento constante a los niveles cuando ya se ha establecido una educación del ACG y se tiende hacia los valores normales. Ayuda a identificar la hipoglucemia postpandreal y orienta los ajustes terapéuticos. Los esquemas de monitoreo incluyen las opciones de monitoreo tres veces al día, realizado dos veces por semana, uno a la mitad y el otro el fin de semana. Se hace en ayunas y antes y después de una comida importante –usualmente la cena-, durante algunas semanas. Este monitoreo se sugiere combinarlo con un esquema de muestreo antes y después de la comida principal y después de algunas semanas, cambiar la alimentación y el ejercicio para optimizar el resultado. Finalmente, repetir el proceso de control en otra comida principal.

Esto del control es parecido a cuando vamos manejando en carretera,  aunque no podemos sentir la velocidad sino solo la sensación de que nos movemos, el velocímetro nos indica si vamos en la correcta aceleración o qué tanto nos desviamos del límite permitido; así nos funciona la rutina del ACG. No importa si me marca que estoy en rangos normales todo el tiempo, necesito tener ese dato validado y es la mejor forma de comprobar objetivamente que estoy haciendo lo correcto. Recordemos que ni las hiperglucemias ni las hipoglucemias –particularmente las primeras-, nos dan aviso a menos que ocurran en grado severo. No juguemos a la ruleta rusa con nuestra salud.

domingo, 15 de julio de 2012

Diabetes tipo 2 y el correcto autocontrol. ¿Es posible acaso? (Parte 1)


Después de dejar pasar un buen rato desde la pasada entrada, retomo la escritura en este sitio con un tema que he tocado de manera parcial en varias de las entradas anteriores y  que hace tiempo tengo la inquietud de tratarlo como tema central. Se trata del relacionado con el autocontrol en la diabetes. En esta ocasión me apoyo en un muy interesante documento que me encontré curioseando en el sitio web de la Federación Mexicana de Diabetes, quienes cuentan con excelente material de consulta y por supuesto comparto algunos puntos que considero especialmente relevantes. 

El documento en cuestión se titula “Autocontrol de la glucemia en la diabetes de tipo 2 sin tratamiento con insulina” basado en un documento de la Federación Internacional de Diabetes (IDF) Así pues que aunque en algunos puntos hay que adoptar un tono un tanto técnico, entremos en materia.

Lo primero que tenemos que traer a la conciencia activa es el por qué de un autocontrol en la diabetes. La respuesta aunque sencilla desde el punto de vista médico y fisiológico, en el aspecto emocional cae como un balde de agua helada y nos abre la puerta del desánimo. Autocontrol puesto que ya nuestro organismo no regula sus funciones metabólicas de forma automática, nuestro páncreas ya no produce suficiente insulina y lo más seguro es que la que hay disponible es de calidad deficiente. Las células por tanto, ya no pueden recibir la tan necesaria aportación de glucosa requerida para realizar el ciclo metabólico y, para colmo, el mecanismo de transformación de lípidos (grasas) se ve sumamente alterado también ya que se disparan las cifras de triglicéridos, del malvado colesterol malo (LDL-Colesterol) y se inhibe la producción del angelical colesterol bueno (HDL-Colesterol). Así, nuestra sangre y tejidos se ven invadidos de glucosa que no se puede metabolizar y malvadas grasas que se depositan en células que nos ponen gordos (adipocitos) y en las paredes de los vasos sanguíneos. En resumen, nuestro cuerpo ya no trabaja en automático y en adelante es nuestra tarea hacer ese control por nuestra cuenta (autocontrol) o aceptar la alternativa, el descontrol que implica complicaciones graves.

Pero, ya que es tan importante el autocontrol, lo menos que podemos hacer es estar conscientes de por qué es tan importante ya que implica que una vez que tengo diabetes y en adelante, no puedo dejar de hacerlo ni un solo día. Eso realmente pesa en el ánimo, pero hay que respirar hondo, asimilarlo y aplicarnos a realizarlo. La pregunta es, ¿cuál es la mejor manera de llevar un autocontrol? Y la pregunta surge pues, aun dentro de la comunidad médica existen diferencias de criterios de lo que debe hacer un paciente con diabetes tipo 2 para llevar un autocontrol. No solo eso, los mismos pacientes no tenemos mucha idea de cómo sacarle provecho a la información que nos va dando de manera cotidiana dicho autocontrol. 

La idea central del documento que en esta ocasión comento es ir formando una base de criterio sobre el autocontrol que si bien es necesario que se desarrolle una estrategia individual a cada paciente, debe existir un criterio generalizado sobre la cantidad y calidad del autocontrol y del uso de la información obtenida por el paciente en cada monitoreo, como base para el tratamiento continuo y los mejores resultados de largo plazo.

De acuerdo a lo leído, en el seminario (2008) del que deriva el documento estudiado, hubo tres objetivos que fueron:

Revisar los hallazgos de estudios donde se describe la influencia clínica y metabólica, así como las implicaciones económicas del autocontrol de la glucosa.

Identificar estudios que definan mejor la función del autocontrol de la glucosa para personas con diabetes tipo 2 sin tratamiento con insulina y diseñar estudios adicionales para tener mejor información.

Proponer recomendaciones para el uso del Autocontrol de la glucosa para personas con Diabetes tipo 2 sin tratamiento con insulina.

Así pues, el documento hace una serie de recomendaciones, que en resumen serían: “Los hallazgos de los estudios del ACG (Autocontrol de la Glucosa) utilizado en la DMT2 (Diabetes Mellitus Tipo 2), sin tratamiento con insulina han sido incoherentes debido a las diferencias en los diseños de estudio, la población y las intervenciones empleadas”, es decir es difícil establecer una base coherente y confiable sobre la utilidad generalizada del ACG. 

Continúa el texto “Sin embargo, los datos disponibles [de los ensayos] indican que el ACG puede ser una herramienta de autotratamiento eficaz, solo si el personal sanitario o las personas con diabetes examinan los resultados y actúan en consecuencia, a fin de modificar activamente la conducta o ajustar el tratamiento.

Si bien es necesario realizar más estudios para conseguir una mejor evaluación de los beneficios, del uso óptimo y de la rentabilidad del ACG, se han propuesto las siguientes recomendaciones para guiar a las personas con diabetes sin tratamiento con insulina y al personal sanitario en el uso del ACG.

Hay en el reporte del seminario un grupo de seis recomendaciones sobre el tema del ACG, todas ellas realizadas en un tono que va del grupo de expertos médicos, hacia los médicos tratantes que lean el documento y norman la idea de cómo ir canalizando al paciente hacia una conciencia de la importancia del ACG así como el uso de esta herramienta como el inicio y estímulo para que los pacientes nos vayamos educando de forma continua con respecto a nuestra diabetes. La lista de las seis recomendaciones es la siguiente:

1. El ACG solo debe emplearse cuando las personas con diabetes (o sus cuidadores) o el personal sanitario posean el conocimiento, las habilidades y la predisposición para incorporar el control del ACG y el ajuste del tratamiento en su plan de cuidados de la diabetes con el fin de alcanzar los objetivos del tratamiento acordados.

2. El ACG debe considerarse en el momento del diagnóstico para mejorar el conocimiento de la diabetes como parte de la educación de los pacientes y, así, facilitar de manera oportuna el inicio del tratamiento y la optimización del ajuste.

3. El ACG debe considerarse como parte de la educación continua sobre el autotratamiento de la diabetes para ayudar a las personas con diabetes a conocer mejor su enfermedad y proporcionar los medios para que participen de forma activa y eficaz en su control y tratamiento, a través de la modificación de las intervenciones conductuales y farmacológicas, según sea necesario, y con la aprobación del personal sanitario.

4. Los protocolos del ACG (intensidad y frecuencia) deben individualizarse para tratar los requisitos educativos/conductuales/clínicos específicos de cada paciente (a fin de identificar/prevenir/tratar la hiperglucemia y la hipoglucemia agudas) y los requisitos del personal sanitario para obtener datos sobre los patrones glucémicos y para controlar el efecto de la toma de decisiones terapéuticas.

5. Los objetivos de realizar un ACG y utilizar datos del ACG debe acordarse entre la persona con diabetes y el personal sanitario. Estos objetivos acordados y la revisión real de los datos del ACG deben documentarse.

6. El uso del ACG requiere un procedimiento sencillo para que el paciente controle periódicamente el rendimiento y la exactitud de su medidor de glucosa.

Cada una de las recomendaciones anteriores es por demás interesante y requieren, digo yo, de un comentario un poco más detallado, lo que ocurrirá en al menos una futura entrada en serie con la presente. Por lo pronto seguiré investigando al respecto y espero, como siempre, comentarios, experiencias y sugerencias.


sábado, 16 de junio de 2012

Diabetes y el Día del Padre (Parte 2)


Hace un año escribía en este espacio una entrada de título similar, con el objetivo de sumarme a la festividad que en buena parte del planeta se celebra. A diferencia de aquel entonces, hoy la idea que quiero tomar es en torno al concepto de la paternidad. 

El ser padre, en una sociedad como la moderna nos pone a quienes asumimos el papel como individuos que en primera persona somos responsables. Adultos responsables. Y cuando digo adultos responsables, no lo hago con el afán de excluir a menores de edad que por la razón que sea, se encuentren de este lado de la paternidad. No, más bien es un concepto de la capacidad y responsabilidad que implica la paternidad y que, independientemente de la edad, nos instala en el mundo adulto. 

Hoy mis dos hijas, seguro estoy, harán lo conducente para hacer patente su afecto por mí en el curso de las próximas horas y si de casualidad alguien les preguntase cuál es mi opinión transmitida a ellas sobre la actitud adulta, contestarán afirmativamente a la siguiente anécdota: Dentro del proceso de convivencia familiar en la etapa de crecimiento hacia la vida adulta, más de una ocasión y particularmente durante la adolescencia y temprana juventud, surgió planteado de diferentes maneras el tema de tratarlas como niñas y no darles más libertades y “confiar” en su juicio. A lo largo de los años de maduración, el concepto que les expresé de manera constante fue el siguiente:

Para mí, la diferencia entre una actitud infantil y una actitud adulta radica en una casi muy leve diferencia; al niño hay que supervisarlo, instruirlo y, si comete un error, se equivoca o se mete en un lio, hay que reprenderlo, corregir la falta y ayudarlo a salir del problema, que en su inmadura mente siempre será más grande que su capacidad para afrontar y resolver. Por otro lado, al adulto se le permite tomar decisiones ya que se espera que tenga conciencia de las consecuencias de éstas y así como tiene la libertad de decidir, tiene la obligación de asumir las consecuencias –buenas o malas-, de las acciones derivadas de la decisión tomada. Muy simple el concepto aunque lo reconozco, sumamente difícil de llevar a cabo. 

Por ello hoy al pensar sobre el tema de la entrada, me surgió este recuerdo ya que la paternidad solemos ligarla con una decisión que obliga a una respuesta responsable, adulta, de a las consecuencias de una decisión tomada con respecto a una relación de pareja. Los hijos llegan y nos cambian la vida y es aquí donde penetra de manera inevitable y complicada la precisión del concepto adulto cuando decidimos “SER” padres, ya que al estar biológicamente desligados de los hijos, debemos construir lazos afectivos que desde el nacimiento nos vayan proporcionando esa poderosa liga que a lo largo de la vida mantiene unidos los cariños paterno-filiales. Recuerdo, por ejemplo la magnífica figura de mi padre y cercanías y alejamientos normales a lo largo de una vida longeva, tuve la gran fortuna de vivir el papel de hijo cercano al mío –que ni de lejos el del consentido- pero que en sus años finales nos permitió una proximidad con una maravillosa comunicación afectiva y una muy didáctica transmisión de experiencia colmada de sabiduría de esa que solo se alcanza con la edad. Cuánto lo extraño.

No quiero en este espacio participar en juicios sumarios a los masculinos que se quedaron en el papel neutral de donadores de esperma, sino concentrarme exclusivamente a quien en conciencia, libertad y toda su capacidad emocional eligieron formar parte de la vida familiar actuando el papel de padres. Ese papel que trasciende al del proveedor de bienes y servicios y que proporciona una guía, ejemplo, tiempo de calidad y pone su “granito de arena” en la formación de hijos que reciben lo mejor de uno para tomarlo como parte de su formación hacia la vida adulta. A esos padres les dedico hoy este espacio y a menos que mis hijas emitan juicio en contrario, me incluiré en la felicitación. Estoy seguro que apoyaran el aplauso y me sonrío por ello. 

Si bien no soy aficionado a la celebración del día de esto o del aquello, en particular cuando la conmemoración se convierte en un evento mercantil en vez del correcto afectivo, creo que celebrar a los buenos padres es necesario de vez en cuando y por ello no pude evitar la tentación de hacerlo hoy. 

Por esta vez y aunque no hay manera de desprenderse de la diabetes y guardarla en un cajón para salir a celebrar sin restricciones, saldré a celebrar con mi hija mayor quien vive en esta misma ciudad y vendrá a sonsacarme para que salgamos de fiesta y con la temprana felicitación telefónica de mi hija menor quien vive a casi 500 Km de distancia y que no estará físicamente conmigo pero en emoción y pensamiento compensará la ausencia física. 

Finalmente y para cerrar la colaboración del día, diré que estar de fiesta con diabetes no es diferente a estar viviendo cualquier otro día. Que el metabolismo no distingue entre días “normales” y días de fiesta y que nosotros tampoco debemos hacerlo. Sé que es mucho pedir tener disciplina en medio de la diversión, pero por experiencia sé que aunque es difícil, muy difícil, se puede lograr y que cada día vivido sin complicaciones derivadas de la diabetes hace que el esfuerzo titánico que cuesta el frenar el impulso del exceso, valga la pena. Durante la fiesta hay que esforzarse, lo sé pero, ¿no uno hace lo que sea por el bienestar de los hijos? Pues a hacerlo señores padres responsables que por ello somos adultos. 

Feliz día del Padre


miércoles, 13 de junio de 2012

Diabetes Tipo 2 en niños y adolescentes.



Al estar repasando mis notas para decidir el tema que habría de tratar en este día, le pedí consejo a la hermosa mujer que comparte su vida con la mía y le proporciona esa mágica vivencia que produce su sola presencia y, entre otras muchas cualidades, la tan necesaria dosis de sensatez y amorosa crítica –que no censura-, que como límpida bocanada de aire fresco tanta falta me hace para sobrevivir. Ella me sugirió que ya que esta cerca, muy cerca el periodo vacacional en las escuelas, hablara de los problemas de la obesidad infantil, dado que los niños se encuentran en un ambiente más cercano a la familia y con posibilidad de realizar nuevas actividades o intentar cambios en el estilo de vida.

Lo medité durante un buen rato y llegue a la conclusión de que el mejor enfoque sería uno radical que hablara no solamente del riesgo en que se encuentra la infancia y juventud temprana ante la prevalencia de la obesidad, sino ir directamente al punto de no retorno, cuando el no deseado diagnóstico de Diabetes tipo 2 (DM2), entra a la vida diaria habiéndose colado casi imperceptiblemente por la puerta trasera de las calorías en exceso y la vida sedentaria.

Quiero aclarar para una relativa tranquilidad de los adultos –padres o tutores de niños o adolescentes obesos- que no todos los casos de obesidad desencadenan en diabetes tipo 2, al igual que pasa en adultos, pero que en ciertos estratos de población es más frecuente encontrar causas de tipo genético que los hacen altamente susceptibles a desarrollarla. Dije relativa tranquilidad pues aunque no desarrollen diabetes los niños y adolescentes obesos, esa obesidad por sí sola es un riesgo a la salud. 

Pero regresando al tema de las edades prematuras de desarrollo de diabetes -en esta ocasión omitiré los casos de diabetes tipo 1 y las denominadas atípicas que afectan a niños y gente joven- la característica que más frecuentemente define esta condición en niños y adolescentes es la obesidad. Sin embargo al momento de pasar por el tamiz del criterio científico el origen de tan marcado incremento en casos de obesidad infantil por un lado y el igualmente alarmante incremento de casos de diabetes tipo 2 en dicha población, lo primero que hay que hacer es determinar la o las causas de tal fenómeno y a partir de ahí, tomar medidas correctivas y preventivas. Correctivas para poner en control y dar un tratamiento adecuado a este estrato poblacional, procurando darles una mejor expectativa de vida que las catastróficas consecuencias de una diabetes no atendida adecuadamente y, la parte preventiva para tratar de evitar o al menos disminuir de forma sustancial el número de nuevos casos diagnosticados cada año.

La diabetes sabemos, es el resultado de un desorden metabólico que tiene que ver con una forma inadecuada o insuficiente de metabolizar la glucosa y los lípidos (grasas como el colesterol y los triglicéridos), en el organismo y, consecuentemente, con una serie de complicaciones crónicas que van apareciendo en el tiempo derivadas de tales desequilibrios. Como dije en el párrafo anterior, arriba del 98% de los casos de DM2 infantil y juvenil tienen como factor común un cuadro de obesidad que puede ir desde leve hasta la denominada obesidad mórbida. Es difícil establecer un criterio Universal del tipo de obesidad dado que en las edades en que se presenta esta nueva clase de DM2 y si bien es fácil hacer una apreciación subjetiva del sobrepeso u obesidad en su caso, dar un parámetro numérico es más complicado, dependiendo de la edad y grado de desarrollo de los infantes.

Mientras investigaba sobre el tema, encontré unas diapositivas muy interesantes de la presentación de un curso sobre el tema de obesidad infantil y su relación con la prevalencia de la DM2, realizadas por la Dra. Ma. Isabel Hodgson B., la cual se puede consultar completa en la liga: http://www.nutritotal.com.br/icnso/aulas/?acao=bu&categoria=58 

Lo interesante de este estudio realizado en Chile, es que al hablar de las causas de la obesidad infantil identifica con claridad los siguientes factores:

Desbalance entre la ingesta y el gasto calórico, es decir, se come más, mucho más de lo que el organismo requiere para la actividad diaria.

El cambio de hábitos alimentarios, aparte de comer en exceso, se privilegia el consumo de golosinas y productos de alta densidad energética (comida chatarra), se consumen como líquido prioritario jugos y bebidas azucaradas, se disminuye o de plano se elimina el consumo de frutas y verduras.

El sedentarismo, expresado en horas de ver la TV, frente a un computador (ordenador) o consolas de videojuegos además de la falta de tiempo dedicado a la práctica deportiva.

Factores genéticos, que ayudan a que las causas anteriores tengan mucho mayor impacto en determinados grupos genéticos. 

Sin embargo, en las notas de la presentación afirma que en su parecer, el consumo de fast-food y los hábitos de ingestión diaria de alimentos son los responsables por la obesidad de los niños.

Habiendo llegado a este punto donde la combinación obesidad y DM2 ya están presentes en alguien menor a los 20 años de edad, la pregunta central de esta entrada es, ¿qué futuro tienen? Hacer un pronóstico con la información científica disponible a estas alturas del siglo XXI no es tan complicado y es mucho más probable que el futuro predicho sea mucho más parecido a la realidad que una de las profecías de Nostradamus, epítome de la charlatanería aplicada. Para empezar, como el viejo chiste, hay dos posibilidades; que el niño con DM2 capte la seriedad de su enfermedad y poniéndose las pilas haga el esfuerzo para ponerse en control o bien, que no haya esa posibilidad y termine muriendo en condiciones de deterioro grave a una edad mucho más temprana que sus padres. 

En este espacio he ponderado muchísimo el concepto de que la responsabilidad de la propia salud es de quienes tenemos diabetes mellitus, sin importar si es del tipo 1, 2 o cualquiera otro y tampoco sin importar la edad de la persona. Sin embargo hay varios factores que me surgen cuando medito en el tema y es que hablando de diabetes en niños y adolescentes, en el pasado casi el 100% de los casos eran DM1 que obliga a la administración de insulina y a un muy estrecho monitoreo del nivel de glucosa en la sangre y como la propia vida depende de ello y en caso de no haber control este se hace evidente por la pérdida acelerada de peso, obliga a la familia y a los propios "padecientes" a tomar cartas en el asunto y resolver a marchas forzadas los obligados cambios en el estilo de vida que impone la enfermedad, so pena de morir prematuramente en un coma (cetoacedosis) por hiperglucemia.

Sin embargo, cuando la obesidad infantil está presente, normalmente existen otros factores adicionales a los arriba anotados como causas de dicho sobrepeso y tienen que ver con conductas de familia, formas de educar (el comer bien también es parte del proceso educativo) y de percibir la comida. Hace algún tiempo escribí una serie de entradas también versando sobre este tema y comentaba que es difícil aunque no imposible, encontrar niños obesos en ambientes familiares donde hay buenas prácticas de alimentación sana, estímulo al deporte y otras actividades lúdicas además de una supervisión sobre lo que los niños y adolescentes encuentran disponible para la comida cotidiana.

Por ello el panorama se complica, pues si hay obesidad, generalmente esta es familiar y si como sucede en el caso de DM2 en adultos, la familia raras veces está dispuesta a verse en el espejo del diabético y cambiar los hábitos de comida y ejercicio por un esquema más sano, la profecía más probable es que adicional al estigma de la obesidad adicionada con DM2 exista una clara reticencia a desarrollar un cambio radical del estilo de vida que en primer lugar los hizo llegar a un cuadro de obesidad y de ahí a la marca de la DM2. Lo digo porque al haber transcurrido una infancia donde no se aprendió el control del apetito, la disciplina y el ejercicio del buen juicio de elección del alimento correcto; donde además no se ha madurado lo suficiente como para percibir el peligro potencial de las complicaciones de la diabetes, que no conocen de edad sino de que tan buen o mal control se tenga; donde la hiperglucemia no da síntomas, condición que incluso a los adultos nos genera problemas por no sentir la “necesidad” de estar en control puesto que no duele, el futuro puede ser muy doloroso y desesperanzador.

Sé que a muchos padres de familia nos sucede el fenómeno de la ceguera selectiva, que sabemos o intuimos que nuestros retoños tienen un problema, en este caso el sobrepeso o de plano una marcada obesidad, pero no “encontramos” la forma de resolver el problema, de detener la tendencia y nos angustiamos enormemente, pero somos incapaces de encontrarle por nosotros mismos un remedio al problema y, peor aún, de implementarlo por temor a los pleitos y sombrerazos que tendríamos que enfrentar y es mucho más cómodo, voltear un lado y dejar ser, dejar pasar. 

La pregunta en este caso es, ¿a qué precio?.





jueves, 31 de mayo de 2012

Diabetes y tabaquismo





La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde 
me ha arrojado la mar en su ola de salmuera. 
La tierra a la que vine no tiene primavera: 
tiene su noche larga que cual madre me esconde.
Gabriela Mistral (1889-1957)


Hoy 31 de mayo -aparte de otras celebraciones-, se conmemora el día mundial sin humo de tabaco. Sé que para quienes fuman y persisten en su aletargado disfrute de las bellas volutas que se desprenden en cada fumada, aunque estén más que conscientes del daño que se causan así en primera persona y a sus “pasivas” vecindades, hay dos pensamientos que les quedan claros y sin lugar a duda. El primero es que saben que les hace daño, siendo los problemas más conocidos el causado a las vías respiratorias, el cardiovascular y evidentemente el temido Cangrejo; segundo, es que a pesar de todo no tienen la mínima intención de dejar de fumar y seguro hoy, como acto sacrificial propiciatorio, quemaran su buena dosis de gases de efecto invernadero, liberados desde su muy conveniente geometría cilíndrica bicolor. Ni modo, así funciona el libre albedrio y los “fumadores pasivos” seguiremos refugiándonos en las áreas protegidas, cual especies amenazadas.

Al pensar en conceptos como causa-efecto y pronóstico acertado, se que cada vez que entro en contacto con alguna persona que fuma no puedo evitar sentir una cierta desazón similar a la del fragmento del poema de Gabriela Mistral con el que inicio esta entrada. Sin embargo no puedo dejar de insistir por este medio, que es el que me permite expresar algunas ideas estructuradas, el necio llamado al abandono de la adicción a la nicotina inhalada, que por cierto es considerada por muchos expertos en salud la sustancia más persistente de la farmacopea de las adicciones.

Pero sin dejar de lado el llamado al cambio de hábito con respecto a vegetales incinerables, en esta ocasión quisiera comentar la relación que existe entre el tabaquismo y la diabetes. Comentario que por otro lado es fácil de realizar ya que se sabe que la diabetes es una enfermedad que afecta a prácticamente todo el organismo causándole un deterioro gradual e inexorable y que solo requiere de un “empujoncito” para ser extremadamente devastadora. Pues resulta que los efectos –nocivos por supuesto- del tabaco sobre el organismo, pueden ser un empujoncito de consecuencias demoledoras.

Quizás el enfoque más obvio sea el presentar con el efecto más conmovedor y amarillista las diferencias entre el diabético que no fuma, versus el diabético que fuma para hacer más dramática la entrada. Pero no, no hace falta una imaginación tan escueta para que el resultado de la información que incluiré sea un drama inevitable. Más bien tomaré el caso de personas no diabéticas pero con propensión a serlo y de quienes ya estamos en este lado de la enfermedad.

Cuando una persona sana y joven, condiciones que inevitablemente se pierden con el paso del tiempo, decide comenzar a fumar, las influencias, estímulos u oportunidades que tiene para ello son muchas, la mayoría comunes para todos los fumadores, pero siempre habrá algún factor que pese más que otro. El tabaquismo (así se llama la acción de fumar tabaco en grado de adicción) va generando en el individuo ayer sano y joven pequeños cambios en el organismo que son imperceptibles al principio y que con el pasar de las cajetillas se van incrementando gradualmente.

Ante la enorme flojera de hacer una lista interminable de males derivados del acto de fumar cotidianamente ya que no se trata de una investigación enciclopédica, diré que como consecuencias previsibles para cualquier fumador que orgullosamente presuma su hábito y a voz en cuello se queje de la vergonzante discriminación a que son sometidos los fumadores al ser confinados a pequeñísimas, atiborradas e incómodas “secciones de fumar” o verse de plano expulsados a la banqueta más cercana para ejercer su derecho a prender su incendio portátil, generador de un microclima digno de Premio Nobel de Química por la cantidad de tóxicos convocados en el breve espacio.  

Pero entrando al tema de hoy, otro dato obvio que quiero asentar es que al haber diabetes en el panorama, la persona que fuma se expone a un riesgo muchas veces incrementado, ya que es ya ciencia comprobada el conocimiento que tanto la glucosa en exceso, al igual que el desbalance de proteínas grasas y ácidos grasos en la sangre –condición que define, entre otras, la diabetes mellitus-, producen –sin necesidad del cigarro-,un muy elevado riesgo de problemas cardiovasculares que abren otra lista como un rosario de males que tampoco hoy mencionaré. Es decir, una vez que se ha instalado la diabetes en nuestro organismo el panorama es bastante poco optimista como para empeorarlo con la persistente fumada.

Lo que sigue son las malas noticias para los fumadores “sanos” que piensan que nada les puede pasar con el tabaquismo, más allá de, entre otros, los males enlistados arriba. Pues no, la noticia es peor y es que después de correr varios estudios serios para determinar si el fumar podría contribuir al desarrollo de la diabetes, el grupo de estudio que incluyó 275,190 hombres y 434,637 mujeres, encontró evidencia estadísticamente significativa que el fumar aumenta el riesgo de desarrollar diabetes mellitus tipo 2, en una proporción un 45% en hombres y un 74% en mujeres. Para los escépticos sobre las cifras reportadas, he de conceder que no son sentencia absoluta sino el resultado de una investigación realizada con los criterios que el método científico exige para que los datos obtenidos tengan una muy cercana aproximación a la realidad. Por ello y en disculpa anticipada, se puede afirmar sin lugar a dudas que ese pronóstico es muchísimo más acertado que el horóscopo del día e incluso que el del clima local.

La razón de la certeza de los datos radica en los criterios que sirvieron de base al estudio, además de que esta tendencia se ha venido comprobando con estudios posteriores. Estos criterios fueron:

1.   Demostración de una relación de respuesta a la dosis entre fumar y diabetes (es decir, entre más se fuma, mayor riesgo de diabetes)
2.   Evidencia de que dejar de fumar reduce el riesgo de desarrollar diabetes.
3.   Un mecanismo biológicamente plausible que relacione el fumar con la diabetes.
4.   Evidencia de que otras explicaciones posibles han sido excluidas.

Ni modo, no es magia, es ciencia y otra piedra más en el camino para la gente que disfruta ejerciendo frases como “después de un buen taco, un buen tabaco” y un sinnúmero mas en el acervo de frases alusivas a justificar tal adicción.

Por lo pronto, me gustaría imaginar que al menos una persona no fumó el día de hoy (sí es un esfuerzo enorme y merece aplauso) y alguna más, sueño ambicioso, se inspire en estas líneas para considerar el abandonar la humante adicción al tabaco.