
Así como los reportes de la PGJR sobre los sospechosos de delitos le dan el adjetivo de indiciados a éstos, por aquello de que hay “indicios” -que no necesariamente pruebas contundentes-, ahora se pone bajo la luz del interrogatorio a la Roziglitazona como agente hipoglucemiante que incrementa el riesgo de infartos del corazón y muerte por causas cardiovasculares. El tema es preocupante ya que es uno de los medicamentos de última generación que se estaba utilizando con enorme entusiasmo por sus magníficos reportes en cuanto al control de glucosa en sangre, comparado con otras opciones disponibles para el tratamiento de la DM2.
Si bien en mi entrada anterior reproduje el comunicado de las tres entidades consideradas máxima autoridad con respecto a los temas Diabetes, eventos cardiacos y cardiovasculares en Estados unidos, la ADA (American Diabetes Association), el ACC (American College of Cardiology) y la AHA (American Heart Association), ahora me toca hacer un análisis del estudio de referencia y que es lo que es la Rosiglitazona.
Por cierto y para hacerles justicia, el estudio aludido reporta como autores a Nissen SE y Wolski K. y se publicó, como ya lo reporté el pasado 21 en la revista NEJM (New England Journal of Medicine). Me fui a buscar el artículo y, en resumen lo que dice es: “A la rosiglitazona se le asocia con un incremento significativo en el riesgo de infarto al miocardio y con un incremento en el riesgo de muerte por causas cardiovasculares que tienen un significado marginal. Nuestro estudio fue limitado por la falta de acceso a la fuente de los datos originales que hubiese permitido un análisis relacionando tiempo – evento. A pesar de estas limitaciones, los pacientes y los proveedores (de medicamentos), debieran tomar consideraciones sobre el tratamiento de la diabetes tipo 2 con rosiglitazona por el potencial de efectos cardiovasculares seriamente adversos”. Agrega el artículo “La rosiglitazona es ampliamente utilizada para el tratamiento de pacientes con diabetes mellitus tipo 2, pero su efecto en la morbilidad y mortandad no ha sido determinado”. En el mejor de los casos quedo confundido, pero es especialmente relevante que tanto la ADA (American Diabetes Association), el ACC (American College of Cardiology) y la AHA (American Heart Association), hayan publicado la ya famosa declaratoria sobre el medicamento.
Pero la pregunta sería, ¿qué es la rosiglitazona?, bueno, tratando de ser breve, haré algunos comentarios sobre nuestro sospechoso indiciado. Químicamente hablando, se trata del maleato de rosiglitazona, que incrementa la sensibilidad a la insulina; es decir que mejora el control glucémico al tiempo que reduce los niveles de insulina en circulación. A nivel bioquímico, en estudios con animales, los resultados indican que la rosiglitazona mejora la sensibilidad a la insulina en el tejido muscular y el adiposo e inhibe la glucogénesis hepática –en alguna entrada previa ya he tratado este mecanismo.
Como familia química, la rosiglitazona pertenece a las tiazolidinadionas, una clase de agentes antidiabéticos que funcionan, precisamente mejorando la sensibilidad a la insulina. La rosiglitazona es un agonista (en bioquímica agonista es una sustancia capaz de unirse a un receptor y provocar una respuesta en la célula), altamente selectivo y potente para los receptores activados de los proliferadores de la peroxisoma-gama (PPARg por sus siglas en inglés). En los humanos, los receptores PPAR se encuentran en tejidos clave para la acción de la insulina tales como el tejido adiposo, músculo esquelético y del hígado. La activación de los receptores nucleares PPARg regula la trascripción de los genes que responden a la insulina involucrados en el control de la producción, el transporte y la utilización de la glucosa. Adicionalmente, los genes que responden a los PPARg también participan en el metabolismo de los ácidos grasos. En pocas palabras, la rosiglitazona interviene para regular el mecanismo bioquímico que al fallar, produce el fenómeno de resistencia a la insulina que es el origen común de la diabetes tipo 2 y si bien el medicamento no es una cura, si es una muy buena forma –bioquímicamente hablando-, de controlarla, ya que de alguna manera mimetiza la función normal del mecanismo de regulación de la insulina-glucosa-lípidos.
Adicionalmente diré que algo que los médicos ya conocen pues es parte del documento informativo que el laboratorio proporciona relativo al medicamento y sus características, función, efectos secundarios y contra indicaciones; no son candidatos para usarlo los pacientes con problemas previos de carácter cardiovascular o con problemas de tipo hepático. Ya se sabía que había riesgo en este tipo de pacientes, pero aparentemente el nuevo riesgo es para pacientes diabéticos sin antecedentes de problemas cardiovasculares. Mala cosa.
Pido perdón por lo técnico que me quedó el segmento, pero que quede como antecedente pues en futuras entradas pienso tratar sobre las líneas de investigación sobre la DM2 más actuales que involucran precisamente, a diferentes tipos de receptores celulares y las sustancias que se están experimentando para desarrollar nuevos medicamentos para tratar, entre otras muchas enfermedades, la DM2. Entre los receptores más estudiados están los PPARg y los PPARa, además del sistema endocannabinoide –en efecto, si alguien lo pensó, los receptores que se relacionan con la cannabis o marihuana-, que hoy por hoy representan las líneas de investigación más prometedoras en medicina, bioquímica y farmacología, particularmente para la DM2.
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