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miércoles, 7 de noviembre de 2012

Tengo Diabetes


                                   
Hace mucho tiempo en que no me detenía a recordar esa primera confrontación con el diagnóstico de la enfermedad y la avalancha de sentimientos que caen, así como queriendo pasar inadvertidos, sigilosamente, pero con la devastadora fuerza de un huracán y que de vez en vez regresan con una fuerza titánica para recordarme esa casi irrelevante realidad que me grita, ¡tienes diabetes!

Este blog ha sido para mi un asidero del cual pendo para no caer. Cada vez que me siento frente a la máquina, con la mente en blanco, esforzándome por tener un tema para escribir, que valga la pena compartir y que no haga huir a mis lectores, encuentro que las ideas, los asuntos, los análisis, van llegando como por arte de magia y suavemente, como una refrescante brisa. Así, el texto va llenando de negras letras la pantalla. No es garantía de éxito en mi propósito, pero al menos he logrado vencer a mis internas restricciones y de nuevo, hay algo que contar.

Hoy mi gran reto era llegar -que digo cansado, lo que le sigue- y ponerme a escribir y cuando me puse frente al teclado, férreo enemigo que provoca el tropiezo y evidencia la supina redacción y la persistente carencia ortográfica, me vi seco, con la mente totalmente en blanco y sin idea de qué poner en ese electrónico lienzo blanco que voy manchando a la de clac, clac...

Pero al final ocurrió como sucede siempre que logro hacer fluir las ideas, los recuerdos asociados a la diabetes, al diagnóstico, a las limitaciones, la marginación alimentaria, el desgaste acelerado, la pérdida de funciones y el incrementado riesgo de un infarto o un derrame cerebral, termino un poco más exhausto que cuando empecé, pero sin esa pesada carga que, en cada instante vivido, se va agregando a la conciencia del "tengo diabetes". El efecto es como si arrojara a un electrónico pozo toda esa carga emocional, las frustraciones y los dolores cotidianos. Me pongo ligero, floto emocionalmente y encuentro una renovada energía para seguir adelante. Me libera, me relaja y me complementa el día. Por ello, si hay por estos electrónicos páramos algún lector que indulgentemente se asome, podrá ver un atisbo de esa, mi muy reservada alma, que de vez en vez deja salir algún testimonio, reflejo de mi muy íntimo sentir y pensar.

Lo siento, hoy es uno de esos días de reflexión que no quiere ser pesimista, pero el topar con la realidad, como quien da contra un muro de concreto, se duele con ese dolor del coscorrón, que aunque lo sobemos, se queda un largo rato y nos permite un atisbo de imágenes de estrellas. Que no llore o no me queje no erradica el dolor que está ahí, permanentemente agazapado junto con su pertinaz secuaz, la certeza de que esta condición no tiene cura.

Cuando me siento en este estado de ánimo que se va mitigando al escribir, cada renglón es cual mítico bálsamo que restaña heridas y me va dando el espacio para ir encontrando las ideas que, en principio me sirven a mi y en consecuencia llegarán a tocar muy hondo quizás en otro espíritu atribulado por padecer diabetes.

Viene a mi mente posándose al frente, como quien se cuela en la fila, el recuerdo del peso del diagnóstico y esos primeros instantes a solas con la enfermedad; instantes que pueden durar horas, días, meses e incluso años. Pensar ¿tuve acaso yo la culpa? y luego guardar un culposo silencio, culposo pues sabemos o al menos creemos saber la respuesta y nos duele escucharla pronunciada por nosotros mismos, aunque sea en la intimidad de nuestra propia conciencia.

Pero la pregunta es, precisamente, ¿somos culpables? y me respondo, no no lo somos. Culpables no, descuidados, desordenados, quizás hasta indolentes o necios, pero no culpables. Cualquiera que sea el tipo de diabetes que padezcamos, el haberla obtenido no es una cuestión de culpa. Es cuestión de muchísimos factores, entre los que están: falla en el código genético, limitaciones de tipo metabólico, estilo de vida, tipo de alimentación, trampas sociales y educación alimentaria. Hay más, pero que con estos baste.

Que me dio diabetes tipo 1, o me cuido y me inyecto insulina o no sobrevivo. Que la que me dio es la tipo 2. Igual, a cuidarse y medicarse y hacer ejercicio o que fue gestacional. Aquí es más crítica por que el riesgo se multiplica al menos por dos.

¿Qué hacer? ¿cómo manejarlo? espero ir desgranando de aquí al día catorce, estas y otras respuestas para preguntas aún no elaboradas. Ya estoy bien a punto de tomar el último alimento de esta jornada de vida y en la expectativa de despertar mañana y como todos los días desde que tengo diabetes y me cuestiono si podré soportar otro día con esta pesada carga, hacerme del ánimo y decir como todas las mañanas: Solo por hoy...




jueves, 24 de noviembre de 2011

Una pausa obligada.



Como podrán haber notado, después de prometer una serie de entradas con respecto a los objetivos a nivel mundial de la IDF (FederaciónInternacional de Diabetes), repentinamente pasaron y pasaron los días y este espacio se quedó en una pausa hasta ahora no explicada.

Frustración es la primera palabra que me viene a la mente pues teniendo ya listo el material de consulta para documentar el texto, habiéndolo estudiado para asimilarlo y con la idea clara para redactar los temas, un incidente inesperado me llevó a una obligada pausa que, por otro lado, me permitió meditar sobre otros temas que por extraña coincidencia pueden ser fácilmente relacionados con el tema de la diabetes.

Comparto con ustedes: Recién iniciado este mes dedicado a la diabetes y ya en plena preparación para sumarme a varias de las actividades a realizarse el día catorce, sufrí una aparatosa caída de escaleras que además de golpes por todo el cuerpo incluidas partes que ni sabía que existían -hasta que empezaron a doler-, sumado a los chipotes, moretones, hinchazón de áreas con traumatismo y finalmente, la parte más lenta para reparar resulta ser el brazo derecho (sí, adivinaron, soy diestro), que sufrió una fractura con astillamiento en la cabeza del radio y que quizá requiera cirugía.

En resumen, mi explicación que no disculpa, es que aparte de estar atarantado unos días (bueno, más que de costumbre), no he podido usar el brazo derecho y esto de escribir con el índice de la mano izquierda convierte al ejercicio en una empresa casi imposible pues aparte de lo lento de la escritura que provoca que algunas ideas se fuguen, los errores tipográficos de multiplican haciendo la experiencia todo un reto a la tenacidad y la paciencia.

Es gracioso como la vida a veces se convierte en la confluencia de coincidencias premonitorias. El pasado 5 de octubre escribía acerca de la falla en el cargador de mi computadora, hablando de los tropiezos en la vida y la viñeta que agregué fue la de un individuo cayendo por una escalinata. Pocos días después en mí, fue una dolorosa realidad.  Lo bueno es que no soy supersticioso y mi caída se la atribuyo solamente a una pérdida del equilibrio aunada a la atracción gravitacional del centro de la tierra.

Pero regresando al tema central de esta página, el espacio de ocio obligado me llevó a reflexionar sobre dos temas (bueno, en realidad fueron muchos más, pero dos fueron especialmente relevantes), el dolor como sistema de alarma ante un daño grave y lo que implica una discapacidad de cualquier tipo. Entro pues en materia:

Primeramente el dolor. Cuando hice conciencia que estaba tirado en el suelo, mi primer pensamiento fue levantarme de inmediato y seguir mi camino como si nada. Tenía una cita sumamente importante y no quería fallar. Pero en cuanto intenté moverme, me di cuenta que mi cuerpo se rebelaba a mi mente; el dolor me mantuvo quieto, sembrado y gracias a unos buenos samaritanos que acudieron en mi ayuda, fue que pude ponerme en pie. De inmediato supe que el golpe era mucho más grave y doloroso que lo que imaginé como el “peor escenario” cuando en plena caída vi que no podría evitar caer sobre los escalones y seguir rebotando hasta el descanso del fondo de la escalera. Mis peores temores fueron rebasados por la cruda realidad, pensé en fractura de nariz, costillas, ambas muñecas y el brazo derecho. Afortunadamente, el único roto fue el brazo derecho; los demás, solamente golpeados severamente.

Al reflexionar sobre el dolor y su utilidad, me di cuenta cuan bueno fue el que me haya impedido seguir con mi agenda del día y me haya llevado a la sala de urgencias donde fui atendido e inmovilizado, además de recetado con analgésico y antiinflamatorios. De no haber sido así, de no haber dolor, hubiera seguido como si nada, aumentando la gravedad de mis lesiones. En el momento de reflexión al respecto, me llegó a la mente la idea de lo bueno que sería que la diabetes doliera y mucho, lo que nos haría tomar conciencia más fácilmente de la importancia del control y no esperar a que lo que duela sea una neuropatía, que igual va a doler esté o no elevada la glucosa en un momento dado. Sin embargo, como no duele la hiperglucemia, el daño aparece sorpresivamente y sin previo aviso, dándole así su característica de “enfermedad silenciosa”. Cómo hace falta un poco de ruido.

Por el otro lado, al no poder usar mi brazo hábil, me he convertido en un ser desvalido en cierto grado, dependiente de la ayuda de terceros y limitado en cuanto a la cantidad y calidad de las cosas que puedo hacer. Eso es lo que se llama discapacidad, aunque en mi caso, la expectativa es que aun en el peor escenario con cirugía de por medio, en un plazo de unos tres meses cuando mucho, ya esté en un proceso de franca rehabilitación y en camino de recuperar la funcionalidad total. Enfermedad curable en este caso y la mejor noticia, en un plazo alcanzable.

Fui expuesto a una probadita de lo que implica una discapacidad y la dependencia que genera. No he podido ir a trabajar aunque espero que entre mañana y el lunes pueda ya pararme en la oficina e ir tratando de ponerme al corriente con lo dejado estos días. Pero lo relevante es el pensamiento de que la diabetes es una enfermedad que si no se controla produce complicaciones que son discapacitantes e irreversibles. Ese panorama de no reversible y limitante me erizó los cabellos. ¿Una nefropatía, dependiendo de diálisis? O acaso ¿una retinopatía proliferativa y ceguera consecuente?, ¿qué hay de una embolia o un infarto al miocardio? Terrible pensar en un pie de diabético gangrenado con la consecuente amputación de extremidad. La reflexión es, no me duele tener elevada la glucosa y por ello debo ser extremadamente cuidadoso, monitorearme, mantenerme en control y evitar las complicaciones puesto que si bien un accidente llega sin avisar y es repentino, obligándonos a cambiar nuestros planes, una complicación discapacitante se puede prevenir si hacemos lo que sabemos es lo correcto para evitarla o diferirla por largo tiempo.

Por lo pronto voy recuperando movilidad y espero pronto ir retomando el ritmo de vida al que estoy acostumbrado, valiéndome a mí mismo y siendo totalmente autónomo. Finalmente quiero agradecer a los buenos samaritanos anónimos que me auxiliaron en el momento de la caída, a mi esposa quien con enorme ternura y paciencia me ha apoyado y complementado con su esforzada acción y a todos aquellos, también samaritanos y también muy buenos, que han estado pendientes de mi recuperación y de una u otra forma me han dado refugio, compañía, apoyo moral y ánimo para salir adelante.

domingo, 9 de octubre de 2011

Diabetes en el Año Internacional de la Química.


Estamos ya en el mes de octubre, casi llegando a la tercera parte en este año en que poco se ha dicho -a lo mejor por lo poco atractivo que resulta el tema para muchos-, de la celebración internacional que ahora toca. Se trata nada menos que del “Año Internacional de la Química” y es quizá por que tengo una gran base química en mi formación profesional o por que me resulta sumamente seductor el tema, que no quiero dejar pasar la ocasión para hacer un pequeño homenaje a la Ciencia Química y hacer un repaso de los aparentemente imperceptibles beneficios que la aplicación de la química aporta en nuestra vida diaria.

Para aquellos que nos toco la de malas de padecer diabetes, lo más seguro es que tengamos mucho, pero mucho más que agradecer que la inteligencia humana sea capaz de entender a la naturaleza, al menos en su parte química, como para hacer nuestra vida un poco más amablemente vivida. Mucho más alla de especulaciones sobre que si la ciencia es intrínsecamente buena o que si es por culpa de la ciencia que el planeta está en crisis y otros muchos etcéteras más dignos de novelas de ficción, va el recuento y, que conste que para no hacer de este blog un insufrible tratado de notas historico científicas, me ajusaré a lo que actualmente aporta la química en la cotidianeidad diabética.

Para empezar, lo mas inmediato es clasificar qué es aquello que estudia la química y la resuesta es muy sencilla: todo aquello que tiene que ver con la transformación de la materia. Pero para no quedarnos igual, diremos que la propia química se divide para su estudio en inorgánica y Orgánica. Esta división nos permite separar a la naturaleza en objetos inanimados y seres vivos, ya que si la química inorgánica estudia las reacciones que se llevan a cabo entre todos los elementos conocidos (118 hasta la ultima cuenta), la química orgánica estudia las reacciones que ocurren entre unos muy pocos elementos como son el Carbono (C), Hidrógeno (H2), Oxígeno (O2), Nitrógeno (N) y algunas reacciones que incluyen Fósforo (P), potasio (K), Sodio (Na), Manganeso (Mn) y Hierro (Fe). Sin embargo con esos poquititos elementos, se construye toda la química de la vida. Pareciera poco, pero en realidad, es casi infinita la enorme variedad de compuestos que se pueden desarrollar con estos elementos que por su capacidad de formar diferentes tipos de enlaces, adquieren una enorme versatilidad. Así, en esta categoría podemos agrupar a los seres vivos, desde una bacteria -los virus siguen en controversia sobre si son o no seres vivos- hasta una persona, incluidos vegetales en una rama específica denominada Bioquímica en la que todos compartimos la misma materia prima. Hoy nos parece obvia esta declaración, pero es la química la que nos aporta tal conocimiento y sin ella, ni idea tendríamos del hecho.

Pero, antes de convertir en una clase de ciencias naturales la entrada de hoy a este blog, veamos en donde podemos encontrar en la vida actual a la química. Un poco de casos prácticos para mantenernos fuera de la pesada teoría.

Sin pretender seguir un orden estricto y, de seguro dejaré algunos aportes injustamente fuera, comienzo a ennumerar:

¿Qué tal los montones de pruebas de laboratorio a los que somos sometidos periódicamente? Si nos ponemos a pensar, todos están basados en determinar sustancias (buenas o malas), que se encuentran en nuestro cuerpo y los médicos solicitan a los químicos que trabajan en los laboratorios que analicen nuestros fluidos y secreciones corporales y les digan si encontraron o no y cuanto de cada cosa, un monton de sustancias. Que si la hemoglobina glucosilada, glucosa en sangre, que si ácido úrico, ácido fólico, líquido de diálisis, perfil de hormonas, antígeno prostático, microalbuminuria, hierro sérico, electrolitos (potasio, sodio, cloro y bióxido de carbono en sangre), creatinina, lípidos (colesterol, triglicéridos), tolerancia a la glucosa, etc. Podría seguir y seguir con la enorme batería de datos que la química de hoy día puede aportar para dar pistas precisas de nuestro estado de salud. Eso en cuanto a consulta médica.

En el diario devenir de la diabetes, los reactivos de las tiras para medir glucosa en sangre, la propia insulina que mantiene no solo con vida, sino con buena calidad de vida a infinidad de personas. Los medicamentos de uso diario, como los hipoglucemiantes, que los hay de varios tipos (inhibidores de la alfa-glucosidasa, análogos de la amilina, biguanidas, inhibidores del DPP-4, mimetizantes de la GLP-1, meglitinidas, sulfonilureas y tiazonilinedionas). Ya hablaré de ellos con más detalle en otra ocasión.

Un aspecto que ni parece ciencia y que esta diariamente en la vida de todos, es el más cotidiano de los laboratorios químicos y que conocemos con el familiar nombre de “la cocina”. Pues sí las cocinas son el espacio en que trabajan mujeres y hombres que sin un título en ciencias hacen ese milagro de transformar materia prima organica e inorgánica en alimentos que sirven de nutrimento y esa transformación en la parrilla, el horno, el comal o la olla, no son otra cosa que reacciones químicas que desdoblan, hidrolizan, saponifican, oxidan, reducen y otras más reacciones químicas, que finalmente, dan sabor, color, olor y sustancia de lo que llamamos nutrición. Además si metemos a la ciencia química a la cocina, podremos saber un monton de datos que hoy en día son indispensables en la correcta alimentacíon de una persona con diabetes. Podremos saber cuánto aporta en calorías un determinado alimento, podemos conocer con un buen grado de confiabilidad el contenido y calidad de las grasas de un determinado tipo de alimento y la cantidad y calidad de aporte protéico. Si la cocina es industrial y el alimento procesado, son los químicos especialistas en alimentos, los que determinan los datos del valor nutricional que hoy en día se publican en los empaques de éstos.

Y para finalizar, quisiera símplemente hacer notar que muchos de los que hoy vivimos con diabetes probablemente no hubiesemos podido lograr el milagro sin la intervencón de la química en la vida de cada uno de nosotros, pues el simple conocimiento de que nuestra energía procede de un glúcido monosacárido (glucosa), que ésta requiere de una hormona (insulina) para ser aprovechada, han sido cruciales para el desarrollo de aquellas sustancias que nos permiten seguir vivos y funcionales por la superficie de esta azul canica que flota en el sistema solar.

Por ello y antes que acabe el año, dejo aquí este breve y diabético homenaje a todo aquello bueno que la química significa en nuestras dulces vidas

viernes, 9 de septiembre de 2011

Dubai, Una mirada global a la diabetes.





Al grito de ¡Vámonos a Dubai!, podemos iniciar esta llamada a estar atentos sobre los tópicos más importantes que están llegando a la cima de las discusiones sobre la diabetes. El foro será en Dubai y el evento el “Congreso Mundial de Diabetes” que se llevará a cabo del cuatro al ocho de diciembre, bajo el auspicio de la IDF (Federación internacional de Diabetes,  por sus siglas en inglés)

El congreso será el más ambicioso de los organizados hasta la fecha y se pretende que además de que sea el sitio de reunión del mayor grupo de personas especialistas en temas de salud, particularmente vinculados con la diabetes, causas, efectos de corto y largo plazo, también se reúnan líderes mundiales cuya influencia y poder político y económico decidan un posible cambio en sus propias naciones que ayude a revertir el enorme crecimiento que la epidemia de diabetes ha cobrado a nivel mundial, convirtiéndolo en una amenaza a los sistemas de salud de cada vez más naciones que ya desde hoy ven con preocupación que el costo de los tratamientos de la diabetes y sus complicaciones alcanza proporciones del tamaño del propio Producto Interno Bruto (PIB) de muchas de ellas.          

Cada mes aproximadamente, desde hace un año, me llega un boletín electrónico que amablemente me comparte la IDF (Federación internacional de Diabetes,  por sus siglas en inglés), sobre el tema del congreso y va comentando avances, expectativas y temas de discusión. El de este mes ha sido especialmente interesante, pues ya se tiene prácticamente listo todo lo relativo a la reunión de expertos y, según leo, habrá cinco ejes o corrientes sobre las que versara el congreso. Esta son:

1.   Clínica y Ciencia Básica. Dicha en otras palabras, conjugar la experiencia directa con pacientes en consulta u Hospitales y la investigación científica que busca causas y formas de prevenir, otorgar un mejor tratamiento  y la búsqueda de la cura de la diabetes.
2.   Educación y Cuidado Integrado. Que tiene que ver con lograr que el paciente conozca lo más posible sobre la correcta información acerca de su condición, tratamientos, pronósticos y el cuidado integral a través de un equipo multidisciplinario de profesionales y el impacto del entorno social, económico y afectivo del paciente.
3.   Los retos Globales en Salud. Que como decía arriba, la diabetes y sus complicaciones son suficientes para poner en alerta a los sistemas de salud de los países más desarrollados y mucho más dramático es el panorama para países con economías francamente pobres o en crisis económicas o militares profundas.
4.   Sistemas de Salud y Epidemiología. Aquí se trata de definir con enfoque sobre los sistemas de salud locales el impacto sobre su economía y capacidad de respuesta, así como la alternativa de tratar a la diabetes como una enfermedad no transmisible por contagio, pero que está creciendo a ritmos de epidemia a nivel mundial y se requiere darle un tratamiento como tal, de epidemia, para lograr frenar la tendencia y evitar un colapso mundial.
5.   Finalmente y no menos importante, el aspecto de la vida con diabetes, ya que querámoslo o no, nuestra vida es diferente después del diagnóstico y la situación puede agravarse mucho más si la propia economía nos obliga a renunciar a un cuidado preventivo, aunado a las consecuencias por incapacidad que esto acarrea y el impacto en todos los ámbitos interrelacionados, como la familia, el trabajo y los círculos sociales que nos son referencia.

Por ello, hoy hago la invitación para que estemos atentos, nos acerquemos a nuestras respectivas asociaciones y federaciones de diabéticos que ahí harán escuchar su voz para que lo que tengamos que decir, sea ventilado públicamente. Si quieren directamente obtener información de la IDF (Federación internacional de Diabetes,  por sus siglas en inglés), sigan la liga. Hasta donde sé las lenguas en las que estarán publicando incluyen inglés y español.

A mi me hubiese encantado ir a pasearme a Dubai, pero como dijera la abuela "... en esto de los centavos, el horno no está para bollos..." Ya habrá otros congresos.



lunes, 1 de agosto de 2011

A mover el esqueleto (parte 6, final)

En términos generales, todos consumimos energía corporal por el simple hecho de vivir. La cantidad de energía consumida, dependerá de la cantidad e intensidad de las actividades que cada organismo realice. Esta energía que consumimos para vivir y realizar todas nuestras actividades, se mide en unidades energéticas denominadas calorías y en los nuevos sistemas internacionales de unidades, la unidad es el Joule.  Por lo tanto, es probable que encontremos mediciones de contenido energético en alimentos o, gastos energéticos por actividades físicas en cualquiera de dichas unidades o en ambas.
Como ejemplo, para quienes quieran tener un aproximado del gasto energético para diversas actividades físicas, los consumos promedio por hora de actividad para una persona de 68 Kg., serían los siguientes:
Actividades sedentarias (consumo energético menor a 120 cal/h [502.42 J/h])
Permanecer sentado, quieto                          84 cal/h       (351.69 J/h)
Permanecer acostado o durmiendo                 90 cal/h       (376.81 J/h)
Sentado escribiendo, jugando cartas, etc        114 cal/h      (477.29 J/h)
Actividades moderadas (150-350 cal/h [628-1,465.38 J/h])
Ciclismo leve (8 Km/h)                                  174 cal/h      (728.50 J/h)
Canotaje (4 Km/h)                                        174 cal/h      (728.50 J/h)
Baile (salón)                                                210 cal/h      (879.23 J/h)
Ciclismo moderado 10 Km/h)                        240 cal/h      (1,004.83 J/h)
Caminata (3.5 Km/h)                                    240 cal/h      (1,004.83 J/h)
Equitación (trote leve)                                  246 cal/h      (1,029.95 J/h)
Arreglo de la casa (limpieza ligera)                 246 cal/h      (1,029.95 J/h)
Voleibol recreativo                                       264 cal/h      (1,105.32 J/h)
Natación (23 m/min)                                    275 cal/h      (1,151.37 J/h)
Natación (18 m/min)                                    288 cal/h      (1,205.80 J/h)
Tenis recreativo en parejas                            312 cal/h      (1,306.28 J/h)
Caminata (5 Km/h)                                       320 cal/h      (1,339.78 J/h)
Jardinería                                                    323 cal/h      (1,352.34 J/h)
Golf (en pareja, cargando los palos)               324 cal/h      (1,324.52 J/h)

Actividades vigorosas (más de 350 cal/h [1,465.38 J/h])
Patinaje en hielo (14 Km/h)                           384 cal/h      (1,607.73 J/h)
Ciclismo (19 Km/h)                                       410 cal/h      (1,716.59 J/h)
Trapeado de pisos                                        440 cal/h      (1,482.19 J/h)
Caminata (7 Km/h)                                       440 cal/h      (1,482.19 J/h)
Tenis recreativo                                           450 cal/h      (1,884.06 J/h)
Basquetbol (recreativo)                                 450 cal/h      (1,884.06 J/h)
Fútbol americano (tocado o tochito)               498 cal/h      (2,085.03 J/h)
Natación (50 m/min)                                    500 cal/h      (2,093.40 J/h)
Natación (45 m/min, de crawl)                       522 cal/h      (2,185.51 J/h)
Danza aeróbica                                            546 cal/h      (2,285.99 J/h)
Raquetball                                                   588 cal/h      (2461.84 J/h)
Ciclismo (21 Km/h)                                       612 cal/h      (2,562.32 J/h)
Carrera estacionaria                                               650 cal/h      (2,721.42 J/h)
Patinaje en ruedas (8 km/h)                          690 cal/h      (2,888.89 J/h)
Brincar la cuerda                                          750 cal/h      (3,140.10 J/h)
Trote (jogging), (11 Km/h)                            920 cal/h      (3,851.86 J/h)
Carrera (16 Km/h)                                        1,280 cal/h   (5,359.10 J/h)
Como se estableció al inicio de la tabla, son valores estimados por hora de actividad y se calculan a partir del consumo calórico por hora, para una persona de 68 Kg. Las calorías consumidas en una actividad determinada varían de acuerdo a la propia masa corporal. Es decir, personas que pesen menos de 68 Kg, consumirán menos calorías y, por el contrario, quienes pesen por arriba de los 68 Kg, consumirán mayor número de calorías.
Es muy importante recordar y mantener presente que lo más valioso del ejercicio es la continuidad y no la intensidad. Ejercitar al organismo de forma más intensa o más rápidamente, aumentara solo ligeramente el consumo de calorías. La mejor manera de consumir o quemar más calorías es incrementar el tiempo durante el que se realiza la actividad física o deportiva. De igual manera, la continuidad es importante, así que es aconsejable ejercitarse por lo menos de tres a cuatro veces por semana. Diario es el ideal.

Finalmente, redondeando el concepto de actividad física, particularmente orientado para quienes vivimos con diabetes, quisiera hacer un rápido resumen tanto de los beneficios, así como los riesgos a que estaremos expuestos. Estoy seguro que al hacer una evaluación –como en su momento yo lo hice-, el veredicto será a favor del movimiento en grado de ejercicio, a menos que por la actual condición o deterioro, sean mayores los riesgos que el beneficio. Pero ese consejo pidámoslo a nuestro médico.
Comenzaré con los riesgos: Hipoglucemia durante o después del ejercicio (efecto retardado por problemas de ajuste de insulina), hiperglucemia tras el ejercicio prolongado o de gran intensidad (Es riesgoso si esta elevación va en conjunto con la formación de cuerpos cetónicos, derivado de un mal control o insulina insuficiente), agravamiento de complicaciones cardiovasculares preexistentes, aumento del riesgo de degeneración artrósica (daño a las articulaciones), Pueden empeorar las complicaciones crónicas de la diabetes, como la retinopatía (hemorragia vítrea y desprendimiento de retina), nefropatía (hay elevación de protenuria y reducción del flujo renal), neuropatía (al favorecer lesiones articulares asintomáticas por pérdida de sensibilidad), además de posible reducción de la respuesta cardiovascular y riesgo de deshidratación. De dar susto, ¿no es así?
Sin embargo, ahora presento el reverso de la moneda, con la intención de finalizar esta serie dedicada al concepto de un esqueleto en movimiento, con las buenas noticias.
Los beneficios: Aumento del desarrollo muscular y el desarrollo vascular con aumento de la capacidad de trabajo; aumento de la capacidad muscular para almacenar glucógeno y grasa; mejora del aprovechamiento de la grasa y ahorro de glucógeno, favoreciendo la capacidad de aumentar la duración del ejercicio; reduce el LDL-Colesterol (el malo) y los triglicéridos a la vez que aumenta el HDL-Colesterol (el bueno); ayuda a disminuir (normalizar), la gucemia (contenido de glucosa en sangre), mejorando el control en el mediano y largo plazo; propicia el aumento en el número y capacidad de los receptores de insulina; aumenta el rendimiento del corazón y los pulmones; aumenta la oxigenación y la depuración de los tejidos; reduce el pulso y por ende el trabajo del corazón, ayudando a nivelar la tensión arterial; aumenta el consumo calórico y por ende, favorece la pérdida del peso en exceso; previene el desarrollo de osteoporosis, várices y estreñimiento; aumenta la calidad de vida y el bienestar.
Como ya lo dije, mi veredicto es a favor de hacer ejercicio y, como el sentido común lo aconseja, si lo hacemos gradual y sin forzar a nuestro cuerpo, la mayoría de los riesgos quedarán en eso, simplemente riesgos.
Entonces, y sin pretextos que nos permitan defender nuestra cómoda inmovilidad,
¡A mover el esqueleto!

domingo, 31 de julio de 2011

A mover el esqueleto (parte 5)




Una vez entusiasmados y decididos a hacer ejercicio, deporte, acondicionamiento físico o como lo queramos llamar, la siguiente etapa es decidir qué tipo de ejercicio haremos ya que conocer el que más nos beneficia nos permitirá hacer una elección mejor informada y evitarnos alguna frustración si el esfuerzo empleado no se refleja como lo imaginamos. Los especialistas del deporte dividen a la actividad física en dos grandes grupos, los ejercicios aeróbicos y los anaeróbicos o no aeróbicos.

El ejercicio aeróbico es aquel que obliga a los músculos del cuerpo a ejercitarse casi todos al mismo tiempo y de manera continuada, sin cambios bruscos de ritmo, incrementando la demanda de oxígeno hacia los tejidos, proporcionando con ello una mejora en el mecanismo de absorción de nutrientes hacia las células y una mejora de la función vascular (cómo trabajan las venas y las arterias, encargadas de llevar oxígeno, glucosa y otros nutrientes y desalojar los productos de desecho de las células). El esfuerzo se distribuye de manera gradual sin sobrecargar ningún órgano en específico y el corazón alcanza su nivel máximo sin sobre esforzarse.

Por otro lado, el ejercicio anaeróbico ejercita solo partes aisladas del cuerpo e intercala periodos de descanso con períodos de movimientos explosivos y no incrementa la demanda de oxígeno de manera perceptible. Aquí estamos obligando al organismo a responder a sobrecargas de demanda de fuerza, energía y adrenalina, en periodos muy cortos pero intensos, por lo que hay que tener cuidado con órganos como el corazón.

Cualquier ejercicio que se decida realizar es bueno y debe estimularse. En este espacio no cabe que hablaremos mal de ningún  tipo de ejercicio, sino más bien, se presentarán los que parezcan los más recomendables, de acuerdo con los expertos. Para los diabéticos, independientemente de la situación de edad, condición física previa, lesiones, etc, los ejercicios aeróbicos son los más recomendables. A la pregunta de ¿cuál es el mejor de todos?, la mejor respuesta es: “el mejor de todos es el que más nos acomode y podamos realizar sin tener que recurrir a gastos exorbitantes o a complicaciones que nos hagan desistir”.

Lo cierto es que el ejercicio, ni tiene que doler, ni se tiene que hacer en un elegante y sofisticado club deportivo de lujo para que sea considerado “válido”. El ejercicio puede hacerse en casi cualquier lado y muy probablemente hasta en nuestro hogar y en nuestro lugar de trabajo. Casi cualquier actividad física que salga de la rutina diaria puede contar como tal. ¿Qué tal si en lugar de estacionarme en la puerta de mi oficina, me quedo en un estacionamiento a dos o más calles?, ¿Qué tal si subo por las escaleras al piso donde está mi oficina?, bueno, quizás no todos si está en un piso cuarenta, pero ¿qué tal comenzar con uno e ir aumentando gradualmente?, ¿qué tal si, viajando en transporte público, decido bajarme una parada antes (a menos que esté diluviando, claro), ¿o, jugar con los pequeños propios o de amigos o familiares?, ¿arreglar el cuarto de los trebejos o lavar y encerar -a mano por supuesto-, el auto o, si tengo jardín, cortar el pasto?. Hay muchas actividades a nuestro alcance y el límite es la imaginación, pues siempre es posible encontrar el esfuerzo que siempre procurábamos evitar, pero ya no más.

Una rutina de actividad física o ejercicio (si la palabra no nos espanta), nos debe conducir a un estado denominado acondicionamiento físico. En dicho estado de acondicionamiento físico, obtendremos beneficios en cinco rubros, principalmente.

Resistencia cardiovascular y respiratoria; es decir, qué tan bien trabajan el corazón y los pulmones durante y después del ejercicio. Puesto en otras palabras, qué tan pronto recuperamos la respiración después de perseguir al aterrorizado perro por toda la casa y alrededores  para darle un merecido baño.

Resistencia muscular; es decir, qué tanto podemos mantener una postura o repetir un movimiento. Como ejemplo, cargar ocho bolsas del mandado y un niño cansado por tres pisos de escaleras y entrar al departamento sin tirar nada.

Fuerza muscular; la capacidad de levantar un peso grande, de una vez. El típico numerito de cruzar la puerta del cuarto con la novia en brazos en la noche de bodas, o cualquiera otra noche.

Flexibilidad; capacidad para usar toda la longitud del cuerpo y los movimientos de las articulaciones. Como parase de puntas y estirar los brazos al máximo para alcanzar los ahorros escondidos en la parte alta de la alacena. Y, finalmente,

Composición corporal; es decir, la proporción que tenemos de hueso y músculo comparados con la grasa. O sea, ¿qué tanto nos gusta la imagen que el espejo nos regresa cada vez que acumulamos valor para vernos de cuerpo entero?

Insistiendo, va de nuevo la pregunta tantas veces hecha aquí: ¿qué ejercicio hacer y por cuánto tiempo? La respuesta es: aquel que de acuerdo a mi estado físico y facilidades de acceso a algún tipo de instalación, pueda hacer y que, además, me guste. De esta forma encontraremos menos justificación para desistir.

Antes de iniciar un programa de ejercicios, hay ciertas cosas que debemos preparar para que la experiencia sea placentera y gratificante y no un martirio o derive en una situación que nos lleve a una institución hospitalaria en plan de emergencia.

Los pasos más recomendables a seguir son:

1.    Consultar al médico tratante y revisar nuestra aptitud para el ejercicio, en función de estado de salud general, edad, función cardiaca, el estado de los pies, niveles de glucosa y, en el caso de las mujeres, si hay embarazo.

2.    Seleccionar aquellas actividades que disfrutaremos al realizarlas. Preferentemente ejercicios aeróbicos sobre los de otro tipo.

3.    Establecer las propias metas. Recordemos que nuestras metas de ejercicio son eso, nuestras. Preguntémonos qué queremos lograr con nuestro programa de ejercicios, qué tan real y alcanzable es nuestra meta y cómo es que pensamos alcanzarla (el cómo y cuándo) y, qué recompensa nos daremos al obtenerla (¡por favor, que no sea algo de comer!).

4.    Comenzar lentamente. Querer hacer mucho muy pronto nos puede llevar a lesionarnos y terminar por frustrarnos. El establecimiento de metas nos permitirá ir alcanzando niveles más intensos de ejercicio conforme nuestro organismo se vaya adaptando al movimiento.  Es un hecho que quemamos más calorías si realizamos por períodos más largos un ejercicio, que si aumentamos la intensidad por períodos cortos.

5.    Hacer una programación semanal y procurar variar las actividades después de algunas semanas. Si combinamos un programa de ejercicio con posibilidad de hacer variaciones, obtendremos mejores resultados y evitaremos aburrirnos o estancarnos con la actividad. 

6.    No exagerar. Hemos de tener presente que “no por mucho madrugar, amanece más temprano”. No es la meta esforzarnos mucho en poco tiempo para llegar a ser atletas de alto rendimiento. Aunque se tenga la edad y la condición física para ello, siempre habrá un límite superior e inferior dentro del cual podremos ejercitarnos con los mejores resultados.

7.    Hacer ejercicio con compañía. Siempre que sea posible, invitemos a nuestros parientes o amigos a ejercitarse con nosotros. Esto convierte el ejercicio en una actividad compartida y más divertida y, en caso de una súbita baja de glucosa (hipoglucemia), durante la actividad física, estaremos acompañados por alguien enterado de nuestra condición de diabéticos y nos podrá proporcionar la mejor ayuda. De cualquier manera, portar una pulsera o una placa que nos identifique como diabéticos, es siempre una buena idea, especialmente si nos ejercitamos a solas.

8.    Prepararnos para el ejercicio con una dieta sana y mantenernos bien hidratados. Procurar que los períodos de actividad física se lleven a cabo después de hora y media a dos horas de haber comido. Nunca en ayunas y, preferiblemente, por la tarde. Como precaución adicional, para todo tipo de diabéticos, pero especialmente importante para diabéticos tipo I, ajustar anticipadamente las dosis de insulina a la actividad deportiva y llevar siempre tres dulces de caramelo o pastillas de glucagón.

Como he dicho, los ejercicios más recomendables son los aeróbicos. Algunas opciones de ejercicio aeróbico son, caminata, correr (jogging o trote), patinaje (sobre ruedas o hielo), tenis, remo, salto de cuerda, ciclismo (al aire libre es muy recomendable, sin embargo la bicicleta fija califica), básquetbol, natación y fútbol soccer.

Como actividades o ejercicios no aeróbicos estarían, golf, béisbol, softbol, halterofilia (fisiculturismo, levantamiento de pesas o ejercicio con aparatos), Voleibol, fútbol americano, boliche (bolos), equitación, entre otros. Estos últimos, si bien no son los más adecuados, si se convierten en la opción, son bastante aceptables y solamente se recomendaría combinar con alguna actividad aeróbica dos o tres veces a la semana.

Espero en la próxima entrada presentar una pequeña guía de calorías consumidas en diferentes actividades y que puedan servir de guía sobre las mejores opciones de ejercicio.

viernes, 29 de julio de 2011

A mover el esqueleto (parte 4)

Como los protagonistas del tema aquí tratado somos los diabéticos, hay que considerar, además de los consejos en torno al ejercicio, una atención primordial por los beneficios adicionales que incluyen, entre otros, el gasto de calorías, lo cual afecta, de manera diferente, a las personas tanto con diabetes tipo 1, como con diabetes tipo 2. Como nota adicional para quienes padecen diabetes gestacional, los consejos para los diabéticos tipo 2 aplican en lo general. Para aquellos con tipo 2 o gestacional en terapia de insulina, les aplican mejor los dirigidos al tipo 1.
Dependiendo del tipo de diabetes que tengamos, habrá que tomar consideraciones especiales sobre cómo reacciona nuestro organismo ante el ejercicio y, evaluar los beneficios y los riesgos.
Aquellas personas con diabetes tipo 1, encontrarán que les será más difícil mantener niveles normales de glucosa (normoglucemia), durante el ejercicio físico, ya que los niveles de insulina no varían como respuesta a la actividad física, pudiendo dar como resultado cualquiera de dos posibilidades: un exceso de insulina en el sistema (hiperinsulinización), provocando una hipoglucemia o, por el contrario, una disminución súbita de los niveles de insulina (hipoinsulinización), desencadenando hiperglucemia y cetoacedosis.
Pero, ¿por qué pasa esto? y ¿qué hacer cuando sucede?
Como sabemos, a los diabéticos las cosas no nos funcionan normalmente y tenemos que ayudar al organismo a que realice algunas funciones que, en las personas sanas, se realizan automáticamente. Durante el ejercicio,  los niveles de insulina en personas con diabetes tipo 1, no disminuyen de una forma fisiológica (regulada por el organismo), provocando que la dosis de insulina que es apropiada en reposo, se vuelva excesiva durante el ejercicio, provocando como consecuencia, la hipoglucemia. Al realizar ejercicio, se mejora la acción de la insulina, adicional al hecho de que la absorción de la insulina aumenta durante el ejercicio, especialmente si se inyecta en la zona muscular en donde se trabajará con mayor intensidad. Este beneficio se extiende por varias horas después de realizada la actividad física. El punto en contra es que puede provocar hipoglucemias tardías, por lo que hay que estar preparados.
 
Es muy importante estar conscientes de la forma en que las personas diabéticas tipo 1 reaccionan al ejercicio, para planear la administración de insulina y la alimentación, tanto en cantidad como en los tiempos adecuados. Es aconsejable que la actividad física la inicien de una y media a dos horas después de alguna de las comidas (postpandreal), o después de alcanzado el pico de insulina y cuidar de realizar una disminución en la dosis de insulina. Si el esfuerzo es no planeado o no se realizó la reducción de la dosis de insulina, será necesario ingerir una dosis adicional de carbohidratos para evitar la hipoglucemia, especialmente en los niños.
El ejercicio es un excelente medio para lograr un peso adecuado y mantenerlo y con ello, alcanzar un nivel de glucemia deseado, que facilite la acción de la insulina o llegar a la meta de disminuir la cantidad de medicación que se requiere para el funcionamiento óptimo del organismo. Un programa balanceado de ejercicio reduce la tensión y el estrés, mejora la concentración y ayuda, en muchos casos, a disminuir ese apetito compulsivo que de vez en cuando nos ataca a los diabéticos. Es decir, cuando se combina un adecuado plan de alimentación balanceada, dividiendo las cantidades que comemos durante el día, en por lo menos cinco sesiones, con el programa de ejercicio que se haya seleccionado, el efecto es excelente para el cuerpo.
Hay casos admirables de atletas de alto rendimiento y otros muchos deportistas, no necesariamente de alto rendimiento, que son diabéticos tipo 1, correctamente controlados y hacen cantidades enormes de ejercicio, obteniendo los beneficios de la actividad física sobre el control de la diabetes.
Para las personas con diabetes tipo2, el ejercicio puede considerarse como parte del tratamiento del control de la diabetes. Como la diabetes tipo2 tiene varias causas de tipo metabólico, genético y hormonal, aún no completamente comprendidas, es difícil precisar las modificaciones que se realizan en el organismo durante el ejercicio. Sin embargo, como característica básica, éstas desembocan en el efecto de una falta de insulina (hipoinsulinemia), o resistencia a la insulina.
Dado que un gran número de personas con diabetes tipo 2 resultamos ser o haber sido obesas, el ejercicio tiene varios efectos positivos en nuestro organismo, ya que, combinándolo con una alimentación adecuada, contribuye al equilibrio de un peso saludable y permite acercarnos a valores del Índice de Masa Corporal adecuados. Los ejercicios aeróbicos ayudan a desarrollar una mejor capacidad pulmonar y se ha encontrado que se aumenta la sensibilidad a la insulina y se mejoran los valores de glucosa en sangre y disminuye los niveles de colesterol malo (LDL-Colesterol). No solo eso, sino que también los niveles de triglicéridos disminuyen al tiempo que los valores del colesterol bueno (HDL-Colesterol), aumentan ligeramente. Como nota de atención, debemos tener presente que la diabetes tipo 2 se desarrolla principalmente en personas mayores de 30 años y conforme avanzan la edad y los efectos de la misma diabetes tipo 2, habrá que considerar de manera importante los riesgos cardiovasculares, para evitar accidentes fatales.
Sin embargo, no todos somos iguales y, en el caso de personas tradicionalmente sedentarias, obesas, de edad avanzada o con neuropatías u otras condiciones limitantes, es más difícil el aceptar el ejercicio como un hábito diario. Aquí es donde entra el punto de la controversia y donde los pacientes diabéticos encontramos el clásico pretexto para justificar por qué no hacemos ejercicio, cuando no hacemos ejercicio.
Cuando si lo hacemos, estamos de acuerdo en que nos sentimos mejor. Aquí, como en todo lo que implica un esfuerzo, la lucha es por sobreponerse a esa “primera” sesión y mantenerse haciéndolo de manera disciplinada. ¿Cuántas veces no nos ha pasado por la cabeza el pensamiento de “hoy no circulo” y preferimos quedarnos inmóviles, quietecitos y rezando para que no nos haga daño la falta de movimiento? Pretextos no nos faltan y cuando pensamos en la palabra ejercicio, la callamos como si fuera esa mala palabra que no se dice delante de los niños ni de “la gente decente”. Alguien dice ejercicio y pensamos en sudor, dolor e incómodas y ajustadas prendas deportivas y, nos falla la voluntad tan solo de pensar en ir a un centro deportivo a mezclarnos con otras personas sudorosas enfrascadas en arduas rutinas de esfuerzo, estiramiento y agotamiento para ponerse “en forma”. Así, puede que todos los días pensemos en ir a hacer ejercicio (a donde quiera que haya que ir a encontrar ese ejercicio no hecho), pero no, NO VAMOS. Tenemos tanto que hacer, ¿no es cierto?, Trabajamos duro todo el día y queremos reposar un rato antes de cenar y, luego viene mi programa favorito en la tele y …, ¡chispas!, ya no fui a mi clase de aeróbicos, spinning, pesas, pilates o lo que sea la moda. Bueno, quizás mañana.
Sin embargo, si bien no se trata de dar razones para abrazar con loco entusiasmo la carrera deportiva y declarar emocionadamente ¡a ejercitarse sin parar!, debemos reconocer la necesidad de adquirir una conciencia de cuán importante es la actividad física.
Como decía, dependiendo de la edad, la evolución de las consecuencias de la diabetes y las lesiones orgánicas que pudieran estar presentes, no todo mundo tendrá la misma capacidad y ánimo para hacer ejercicio. Ahora bien, independientemente de la extensión del daño físico que la diabetes nos haya propinado, es importante mover el cuerpo por las razones arriba expresadas. La pregunta que surge es: ¿Si tengo tal o cual condición, cuál es la mejor manera de hacer ejercicio? Aquí es donde entra  en función el equipo formado por el médico tratante, especialistas de apoyo,  la familia y los amigos.
Lo primero que hay que reconocer es que, como diabéticos, nuestra capacidad, con relación a una persona normal, no es la misma. Somos mucho más vulnerables a daños físicos y lesiones que, si pueden llegar a ser de seriedad en personas sanas, en personas con diabetes serían de gravedad relativa tal que incluso lleguen a poner en riesgo nuestra integridad. Por ello hay que establecer un programa progresivo de ejercicio que nos reporte beneficio máximo con un riesgo mínimo.

jueves, 28 de julio de 2011

A mover el esqueleto (parte 3)



Siguiendo en el tema de la entrada anterior y completando la relación de mitos y medias verdades sobre el acondicionamiento físico, nos encontramos las cinco finales.


Mito 6. Si te ejercitas, puedes comer cualquier cosa. Bueno, si cómo cualquier cosa entendemos alimentos de pobre valor nutritivo (sí, me refiero a comida chatarra o rica en grasas o carbohidratos), y crees que con ejercicio se puede compensar la malnutrición, el resultado será decepcionante. Por el contrario, comer mal balanceado y no ejercitarse es una mucho peor opción para la salud. Por ello, la mejor manera de obtener un buen aprovechamiento del ejercicio es comiendo alimentos de alta calidad nutricional, de forma balanceada.

Mito 7. Si no te ejercitas intensamente y de modo continuo, solo será una pérdida de tiempo. Nada más alejado de la verdad dado que investigaciones recientes han demostrado que la actividad física, incluso la moderada como dar un paseo caminando a paso normal por unos 35 a 40 minutos unas cuatro veces a la semana conllevan tremendos beneficios, incluidos mejor acción de la insulina en el organismo y una disminución del riesgo de complicaciones cardiovasculares.

Mito 8. El ejercicio puede arreglar todos tus problemas de salud. Bueno, eso quisiéramos todos pero, como no lo es, digamos que aunque el ejercicio puede hacer una enorme diferencia entre la expectativa de calidad y cantidad de vida, no lo resuelve todo. Y si bien el ejercicio por sí mismo no es un método de curación, ni puede garantizar la salud, la actividad física practicada de forma regular ha demostrado mejorar muchas condiciones de enfermos en casos que van desde artritis, infartos, asma y hasta diabetes. Como decía al principio de la primera parte de esta lista de mitos, la consulta con el médico especialista es crucial cuando hay implícitas condiciones como la diabetes, para que haya un adecuado control de los protocolos médicos relativos a la enfermedad.

Mito 9. El entrenamiento con pesas te hace masivo. Básicamente, por lo general, este es un argumento femenino para rechazar el entrenamiento con peso, basado en la idea de una estética centrada en la suavidad de líneas (internamente todos los hombres quisiéramos parecer aspirantes a Mr. Universo, aunque sabemos, al menos yo, que ese sueño está a años luz de la realidad). Sin embargo, el rechazo femenino suele ser porque no saben que en realidad esta es la mejor y más rápida forma de eliminar el exceso de la grasa corporal e incrementar la definición de los músculos.

Mito 10. A mayor cantidad de ejercicio, mejor. Por supuesto que existe el concepto del sobre-ejercicio. Muchos atletas que caen en este mito terminan pagando el precio con lesiones, enfermedades y depresión. Cuando hagamos ejercicio es sumamente importante lograr el equilibrio entre el ejercicio y el descanso. Este descanso, requerido para la recuperación del organismo, nos evita el desgaste prematuro de articulaciones, fibras y órganos internos quienes también resientan la sobrecarga.

Si reflexionamos sobre estos mitos y medias verdades, podremos librarnos de algunos prejuicios alrededor de la actividad deportiva y aprovechar de una mucho mejor manera y sin temor a lesionarnos o deformarnos, la actividad que decidamos emprender.

El ejercicio es un factor muy importante a considerar al elaborar un programa para el control de la diabetes, dado que no tiene un solo beneficio aislado, pues ayuda a mantener saludables al corazón, vasos sanguíneos y pulmones, mejora el tono muscular y nos ayuda a bajar los niveles de colesterol “malo” (el famoso LDL) y también los temibles triglicéridos. Obviamente el ejercicio no es –ni debe ser considerado-, como una actividad sólo para diabéticos, sino que debiera ser una actividad de la vida diaria de todos, independientemente de su estado de salud.

Para las personas que pudieran tener o no riesgo de padecer diabetes, además de los efectos recreativos asociados al deporte, les ayudará a mantenerse sanas por más tiempo evitando, principalmente, las enfermedades y complicaciones causadas por el sedentarismo. Para las personas que ya estamos enfermas –de diabetes, para el caso-, ayudará a que nuestro organismo responda de una mejor manera al tratamiento respectivo a nuestra condición. Por ello, no importa nuestro estado de salud, mover el cuerpo en grado de ejercicio es lo mejor y más recomendable, a menos de que exista un serio impedimento físico o instrucción médica que lo impidan.

En la siguiente parte hablaré sobre los cuidados y restricciones para diabéticos que nos movemos con singular entusiasmo.